Dared to Take Him While He Watched
Petra, una caliente esposa de 32 años, se atrevió a follarse salvajemente a Andre de 38 mientras su marido Wesley de 35 miraba y se pajeaba.
Soy Petra, una esposa de treinta y dos años con curvas que aún saben llamar la atención, tetas firmes y un culo redondo que mi marido Wesley, de treinta y cinco, no se cansa de agarrar. Llevamos años explorando el estilo hotwife con su pleno conocimiento y su aprobación caliente: él me ve coquetear, me anima a enseñar más de la cuenta, y se pone duro cuando le cuento lo que fantaseo. Nunca habíamos llegado tan lejos como lo que ocurrió aquella noche. Todo empezó en una fiesta privada en casa de unos amigos, luces bajas, música lenta y ese olor a piel y perfume barato que siempre me pone cachonda.
Andre, el atractivo de treinta y ocho años, amigo de Wesley desde hace tiempo, me miró toda la noche como si ya me estuviera follando con la mente. Alto, hombros anchos, esa sonrisa de depredador y una polla que se adivinaba gruesa bajo los pantalones. Estábamos los tres en un rincón del salón cuando él se inclinó hacia mí, con Wesley a mi lado escuchando cada palabra, y me retó en voz baja pero clara:
—Petra, atreverte a follarme salvajemente mientras tu marido nos observa sentado en una silla. Quiero metértela entera y que él se la tire viéndolo.
Mi coño se contrajo al instante. Miré a Wesley. Sus ojos oscuros brillaban de excitación pura. Llevábamos meses fantaseando exactamente con eso: yo montada por otro hombre mientras él se pajeaba y nos daba instrucciones. No había alcohol de por medio, solo ganas crudas y consentimiento mutuo.
—Di que sí —murmuró Wesley contra mi oreja, la mano en la parte baja de mi espalda—. Quiero ver cómo te la comes y cómo te la mete. Hazlo, mi putita caliente.
Tragué saliva y miré a Andre a los ojos.
—Acepto. Fóllame delante de él. Quiero que me destroces el coño mientras mi marido se corre mirándonos.
La tensión sexual creció como un fuego. Seguimos bailando en la sala, pegados, provocativos. Mis caderas se movían contra la ingle de Andre; sentí su polla endurecerse al instante, gruesa y caliente rozándome el muslo a través de la tela. Él me sujetó por la cintura, me giró de espaldas contra su pecho y me susurró al oído, la voz ronca:
—Llevo semanas deseando follarte delante de Wesley. Quiero ver su cara mientras te abro las piernas y te lleno. Voy a dejarte el coño chorreando y él va a lamerlo después.
Me giré, le agarré la cara y le planté un beso húmedo, lengua profunda, saboreando su boca. Mis manos bajaron sin vergüenza, acariciando el bulto duro por encima del pantalón, palpando el groso, el largo, la forma. Se le hinchó aún más bajo mis dedos. Wesley nos miraba desde el sofá, la verga ya tiesa marcando un bulto obsceno en sus vaqueros, y nos animaba con palabras sucias:
—Eso es, nena. Tócale la polla. Dile lo puta que estás. Andre, agrárrale el culo fuerte. Quiero ver cómo se te pone el coño mojado solo de tocarte.
Me frotré contra la mano de Andre cuando me metió los dedos bajo la falda y notó lo empapada que estaba la braga. Él gruñó. Yo le respondí con más besos, mordisqueándole el labio inferior mientras le masajeaba la polla a través de la tela, sintiendo el calor y el latido. La lujuria nos superó. Sin una gota de alcohol, solo puro deseo consentido, Wesley se levantó, nos señaló el pasillo y dijo:
—Al dormitorio. Ahora. Quiero verlo todo de cerca.
Subimos los tres. El cuarto olía a sábanas limpias y a excitación. Apenas cerramos la puerta, las ropas cayeron. Andre me desnudó con manos grandes, me besó los pechos, me chupó los pezones hasta dejarlos duros y sensibles. Wesley se sentó en la silla al borde de la cama, se bajó la cremallera y sacó su polla gruesa, ya goteando, empezando a masturbarse despacio mientras nos miraba.
Andre me puso a cuatro patas sobre la cama. Me separó las nalgas, pasó la cabeza de su polla gruesa por mi ranura empapada y, sin más preámbulos, me embistió de un solo empujón profundo. Grité de placer. Me llenó por completo, estirándome, golpeándome el fondo. Empezó a follarme duro por detrás, manos agarrándome las caderas, el sonido húmedo de su carne chocando contra mi culo llenando la habitación.
—Joder, qué apretada estás —gruñó Andre—. Tu marido tiene suerte de tener una puta tan caliente.
Wesley se pajaba más rápido, los ojos fijos en dónde la polla de Andre entraba y salía de mi coño.
—Más fuerte, Andre. Dásela como le gusta. Petra, dime cómo se siente esa polla dentro.
—Se siente… ah, joder… gruesa, me llega hasta el fondo… me está follando tan rico… —jadeaba yo, empujando el culo hacia atrás para recibirlo entero—. Wesley, mira cómo me la mete… míralo…
Andre me agarró el pelo y me tiró la cabeza atrás mientras me martilleaba. Luego me giró, se tumbó de espaldas y me hizo montarlo a horcajadas. Me hundí sobre su polla hasta que mis labios interiores tocaron su base. Cabalgué con fuerza, subiendo y bajando, mis tetas rebotando con cada embestida. Él me agarraba las caderas y empujaba hacia arriba, clavándome hondo.
—Me encanta tu polla gruesa —le grité, la voz rota de placer—. Me llena tanto… más, fóllame más duro… quiero que mi marido vea cómo me la como entera…
Wesley se acercó. Le chupé los dedos que me ofreció, lamiéndolos con lengua sucia mientras cabalgaba a Andre, saboreando la sal de su piel. Andre me sujetó las tetas, me pellizcó los pezones y me folló desde abajo con embestidas brutales. El orgasmo me subía por las piernas.
Al final me tumbaron de nuevo. Andre me puso en misionero profundo, me sujetó las piernas bien abiertas y las empujó hacia mi pecho para que Wesley viera perfectamente cómo su polla gruesa entraba y salía de mi coño rojo y brillante. Me folló sin piedad, profundo, hasta que su cuerpo se tensó.
—Voy a correrme dentro —avisó, la voz rota—. Quiero llenarte delante de él.
—Hazlo —gemí—. Lléname… que Wesley lo vea todo…
Andre se corrió con un gruñido largo, bombeando chorros calientes de semen dentro de mí, sujetándome las piernas abiertas para que mi marido tuviera la vista perfecta de cómo su polla palpitaba y me llenaba el coño hasta rebosar. Sentí el calor espeso, la pulsación, el goteo cuando empezó a salirse un poco.
Después del orgasmo intenso, Andre se retiró lentamente. Su polla salió brillante y espesa, y un hilo de semen me resbaló por el agujero. Wesley se acercó de inmediato, se arrodilló entre mis piernas y besó mi coño recién follado y lleno de semen. Lamió con devoción, chupando el semen de Andre mezclado con mis jugos, metiendo la lengua dentro para recolectar más. Me corrí de nuevo en su boca, las piernas temblando, agarrándole el pelo mientras gemía su nombre.
Los tres nos abrazamos sudorosos después, riendo bajito, cuerpos pegajosos y corazones todavía acelerados. Wesley me besó la boca con sabor a ambos y me susurró que ver a su esposa convertida en hotwife le había encendido de una forma que no sabía expresar del todo. Andre acarició mi muslo y dijo que esto solo había sido el principio. La noche aún no había terminado; la tensión seguía ahí, densa, prometiendo más rondas, más posiciones, más de esa lujuria compartida que nos tenía a los tres al borde otra vez.
Seguíamos abrazados en la cama, el sudor pegándonos la piel y el olor a sexo denso en el aire del dormitorio. Yo, Petra, de treinta y dos años, sentía el semen de Andre de treinta y ocho resbalándome todavía entre los muslos, caliente y espeso, mientras Wesley de treinta y cinco me besaba el cuello con esa devoción hambrienta que solo él tiene después de verme follada. Andre acariciaba mi culo redondo con la palma abierta, sin prisa, como si estuviera reclamando lo que acababa de destrozar.
—No hemos terminado —dijo Andre con la voz ronca, la polla ya semi dura otra vez contra mi muslo—. Quiero verte chupármela limpia mientras Wesley te mete los dedos. Y después te voy a follar otra vez, más profundo.
Mi coño se contrajo solo de oírlo. Wesley sonrió contra mi oreja.
—Hazlo, putita. Quiero ver cómo le limpias la polla con esa boquita. Enséñale lo bien que chupas.
Me giré y me puse de rodillas entre las piernas de Andre. Su polla brillaba todavía con mis jugos y su propio semen. La agarré con las dos manos, pesada y gruesa, y pasé la lengua desde las bolas hasta la cabeza hinchada. El sabor salado y amargo me hizo gemir. Chupé la punta con fuerza, lamiendo cada gota que quedaba, y luego me la metí entera hasta la garganta. Andre gruñó y me agarró el pelo.
—Joder, qué puta más hambrienta… trágatela toda.
Wesley se arrodilló detrás de mí. Sus dedos se deslizaron por mi raja abierta, recogiendo el semen que aún goteaba, y me los metió de golpe. Dos, luego tres. Me follaba con los dedos mientras yo chupaba a Andre, el sonido húmedo de mi garganta y de mi coño llenando la habitación.
—Mira cómo te mojas otra vez —susurró Wesley—. Estás chorreando solo de tener su polla en la boca. Andre, dile lo que quieres hacerle.
—Voy a correrme otra vez dentro de ti —jadeó Andre, empujando hacia arriba para follarme la boca—. Pero primero quiero que te sientes en mi cara. Quiero lamerte ese coño lleno mientras tu marido te folla la boca.
Me subí sobre él al revés, a horcajadas sobre su cara, y bajé el culo hasta sentir su lengua caliente abriéndome. Andre chupó mi clítoris hinchado, metió la lengua dentro y bebió lo que quedaba de su propio semen mezclado conmigo. Yo me incliné hacia adelante y abrí la boca para Wesley. Mi marido me agarró la cabeza y me empujó su polla gruesa hasta el fondo de la garganta. Me follaba la boca con embestidas lentas y profundas mientras Andre me comía el coño como un desesperado.
—Así, nena… ah, joder, trágatela —gemía Wesley—. Mira a Andre lamiéndote. Se está poniendo duro otra vez solo de saborearte.
Sentía la lengua de Andre revolviendo dentro, chupando, mordisqueando mis labios hinchados. Me corrí en su boca con las piernas temblando, el grito ahogado por la polla de Wesley. Él se retiró justo a tiempo y me dio una torta suave en la mejilla.
—Date la vuelta. Quiero verte montarlo de nuevo, pero esta vez más salvaje. Y yo te voy a follar la boca al mismo tiempo.
Andre se sentó contra el cabecero. Me subi a horcajadas otra vez, agarré su polla ya dura como piedra y me la hundí de un solo golpe hasta que mis labios tocaban su base. Grité. Me llenaba tanto, me estiraba el coño todavía sensible. Empecé a cabalgarlo con fuerza, subiendo casi hasta sacármela y bajando con todo el peso, mis tetas rebotando pesadas. Andre me agarraba las caderas y empujaba hacia arriba, clavándome hondo, el sonido de nuestra carne chocando obsceno y húmedo.
Wesley se puso de rodillas delante de mí. Le abrí la boca y le chupé la polla mientras rebotaba sobre Andre. Cada vez que bajaba sobre esa verga gruesa, mi garganta se llenaba de la de mi marido. Los dos me follaban a la vez: uno el coño, el otro la boca. El placer me subía por la espalda como fuego.
—Habla —ordenó Wesley, sacándome la polla de la boca un segundo—. Dime cómo se siente.
—Se siente… ah, puta madre… me destroza el coño… es tan gruesa… me llega al útero… —jadeaba yo, babosa, los ojos llorosos de placer—. Wesley, míralo… míralo cómo me la mete entera… me está usando como su puta… y me encanta…
Andre me dio una palmada fuerte en el culo.
—Más duro. Quiero que grites. Quiero que tu marido vea cómo te corres otra vez en mi polla.
Aceleré el ritmo. Cabalgué como una desesperada, el clítoris rozando su pelvis cada vez que bajaba. Andre me pellizcó los pezones hasta casi doler y yo me corrí con un grito largo, el coño apretándose en espasmos alrededor de su verga. Él no paró. Me siguió follando desde abajo mientras yo temblaba.
Wesley se corrió de pronto en mi cara. Chorros calientes me salpicaron la lengua, las mejillas, los labios. Me los lami todo, tragando lo que pude, y se lo mostré a Andre con la boca abierta.
—Qué buena puta —dijo Andre, y me empujó hacia adelante hasta tumbarme de pecho sobre la cama—. Ahora te voy a dar por detrás otra vez. Abre bien ese culo.
Me puso a cuatro patas. Wesley se sentó en la silla otra vez, polla todavía semi dura, y se empezó a tocar despacio mirándonos. Andre me separó las nalgas, escupió sobre mi agujero y restregó la cabeza gruesa de su polla por mi raja chorreante. Empujó. Me abrió de golpe, hondo, hasta los huevos. Empezó a martillarme sin piedad, las manos clavadas en mis caderas, el sonido de sus muslos golpeando mi culo llenando todo.
—Joder, qué apretada sigues… tu marido te tiene bien cuidada —gruñó—. Voy a llenarte otra vez. Quiero ver cómo te sale el semen por las piernas mientras él se pajea.
—Dásela más fuerte —dijo Wesley, la voz rota de excitación—. Petra, empújale el culo. Quiero oír cómo te mojas.
Empujé hacia atrás para recibirlo entero. Cada embestida me sacudía las tetas y me hacía ver estrellas. Andre me agarró el pelo y me tiró la cabeza atrás, follándome como un animal. Sentí otro orgasmo subiendo, más brutal.
—Me corro… me corro otra vez… —grité.
El coño me explotó en contracciones salvajes. Andre me siguió clavando mientras yo me venía, y entonces se tensó.
—Ahí va… tómala toda…
Bombeó chorros espesos dentro de mí otra vez, sujetándome las nalgas abiertas para que Wesley viera perfectamente cómo su polla palpitaba y me llenaba hasta rebosar. Cuando se retiró, un hilo blanco y espeso me cayó por el muslo. Wesley se levantó de un salto, se arrodilló y me lamió otra vez, chupando el semen fresco, metiendo la lengua profunda. Me corrí una vez más solo de sentir a mi marido limpiándome con tanta hambre.
Nos quedamos un momento jadeando. Andre me dio la vuelta, me besó con lengua sucia y me susurró:
—Aún no has tenido suficiente. Quiero follarte el culo esta noche. Quiero que Wesley te sujete las piernas mientras te lo abro despacio. ¿Lo vas a dejar?
Mi ano se contrajo solo de imaginarlo. Miré a Wesley. Él tenía los ojos negros de lujuria, la polla ya dura otra vez en su puño.
—Di que sí, mi putita caliente —murmuró—. Quiero ver cómo te abre el culo. Quiero oírte gemir mientras te lo mete entero. Después yo te lo voy a lamer también.
Tragué saliva, el corazón latiéndome en la garganta y el coño todavía palpitando.
—Sí… fóllame el culo delante de él. Quiero que me destroces los dos agujeros esta noche. Quiero que mi marido lo vea todo y se corra en mi cara mientras me lo clavas.
Andre sonrió con esa sonrisa de depredador. Se pasó la polla todavía brillante por mis labios y yo la chupé limpia una vez más. Wesley se acercó, nos besó a los dos con lengua compartida, el sabor a semen y a mí mismo en las tres bocas. La tensión no había bajado ni un milímetro. El aire seguía denso, nuestros cuerpos pegajosos y duros otra vez, y yo sabía que lo que venía iba a ser todavía más salvaje. Andre ya me estaba girando de nuevo, las manos grandes abriéndome las nalgas, y Wesley se colocaba al lado con la verga en la mano, listo para darme instrucciones sucias mientras me abrían por completo.
Soy Petra, treinta y dos años, y el semen de Andre todavía me resbalaba por los muslos cuando él me giró de nuevo sobre la cama. Wesley, mi marido de treinta y cinco, se colocó a mi lado con la polla ya dura otra vez en el puño, los ojos fijos en mis nalgas abiertas. Andre, treinta y ocho, pasaba la cabeza gruesa de su verga por mi raja chorreante, recolectando jugos y semen, y luego la bajó hasta mi ano. El contacto me hizo contraer el culo al instante.
—Relájate, putita —gruñó Andre, la voz ronca—. Voy a abrirte despacio. Quiero que Wesley vea cómo te tragas cada centímetro.
Wesley se inclinó y me besó la nuca, su mano libre acariciándome la espalda.
—Hazlo, nena. Quiero ver cómo te abre el culo. Empuja hacia atrás cuando te la meta. Dile lo que sientes.
Escupí saliva sobre mis dedos y me la llevé al ano, frotándome el agujero apretado mientras Andre restregaba su polla ahí. El sabor salado de los tres todavía me llenaba la boca. Me dilaté un poco con el dedo, gimiendo bajo, y Andre empujó la cabeza. Me abrió. El ardor dulce me subió por la espalda. Me clavó centímetro a centímetro, despacio al principio, dejando que mi culo se adaptara a su grosor. Grité cuando la cabeza pasó del anillo, y él se detuvo, respirando pesado.
—Joder, qué estrecho… tu marido te tiene virgen de culo, ¿verdad? —jadeó Andre—. Voy a destrozártelo delante de él.
—Sí… ábreme… fóllame el culo —supliqué, la voz rota—. Wesley, míralo… está entrando… me estira tanto…
Wesley se arrodilló cerca de mi cara, me agarró el pelo y me ofreció su polla goteando. La chupé con hambre mientras Andre seguía hundiendo. Cada centímetro me llenaba de una presión caliente, profunda. Cuando me la metió casi entera, se quedó quieto un segundo, las bolas rozándome, y yo gemí alrededor de la verga de mi marido.
—Ahora muévete —ordenó Wesley—. Quiero oír el sonido de tu culo chupándole la polla.
Andre empezó a embestir. Corto al principio, luego más profundo. El sonido húmedo y obsceno de mi ano tragándolo llenó la habitación. Me follaba el culo con ritmo creciente, las manos grandes abriéndome las nalgas para que Wesley viera todo: cómo la polla gruesa entraba y salía, cómo mi agujero se cerraba alrededor de él al salir. Yo empujaba hacia atrás, pidiéndola toda, el clítoris hinchado rozando las sábanas.
—Se siente… ah, puta madre… me llena el culo completo… es más gruesa que nunca… me llega tan hondo… —jadeaba yo entre chupadas a Wesley—. Mírame, Wesley… míralo cómo me usa el culo… me está convirtiendo en su puta anal…
Andre aceleró. Me dio una palmada fuerte en una nalga, luego en la otra, y me agarró las caderas para martillarme. Cada embestida me sacudía las tetas y me hacía babear sobre la polla de mi marido. Wesley se pajaba con la mano libre, mirando hipnotizado el punto donde Andre me abría.
—Más fuerte, Andre. Dásela como se merece. Petra, grita. Quiero oír cómo te corres con la verga en el culo.
Andre me tiró del pelo, me levantó el torso y me folló de rodillas, profundo, brutal. Su pecho sudado pegado a mi espalda, una mano pellizcándome un pezón hasta casi doler. El orgasmo me subió desde el ano, una oleada que me hizo apretar alrededor de él en espasmos salvajes. Grité el nombre de los dos mientras me venía, el coño chorreando jugos sobre las sábanas sin que nadie me lo tocara.
—Así… tómala… voy a llenarte el culo ahora —gruñó Andre, y se tensó. Bombeó chorros calientes y espesos dentro de mi ano, sujetándome las nalgas abiertas para que Wesley viera las pulsaciones. Sentí el calor espeso, la presión, el goteo cuando empezó a salirse un poco al retirarse.
Wesley se lanzó de inmediato. Se arrodilló detrás, separó mis nalgas y lamió mi ano recién follado. Chupó el semen de Andre que me salía, metió la lengua profunda, revolviendo, limpiándome con devoción. Me corrí otra vez solo de eso, las piernas temblando, agarrando las sábanas.
—Qué rico sabes con su leche en el culo —murmuró Wesley contra mi agujero—. Andre, ponla de lado. Quiero follarle la boca mientras tú le metes los dedos en los dos agujeros.
Andre me giró de costado. Me abrió las piernas, me metió dos dedos en el coño todavía sensible y uno en el culo lleno de semen, follándome con los dedos al mismo tiempo. Yo abrí la boca para Wesley y él me embistió la garganta con embestidas lentas y profundas. El sabor de mi propio culo y del semen de Andre todavía en su lengua me volvía loca. Me ahogaba de placer, babosa, los ojos llorosos, empujando las caderas contra la mano de Andre.
—Habla con la boca llena —dijo Andre, riendo bajo—. Dile a tu marido lo puta que eres.
Me retiré un segundo de la polla de Wesley, un hilo de saliva uniendo mis labios a su glande.
—Soy vuestra puta… me follo el culo, el coño, la boca… quiero más… quiero que me uséis hasta que no pueda caminar —jadeé—. Wesley, córrete en mi cara otra vez. Andre, fóllame el coño ahora, métemela llena de semen del culo.
Andre se colocó entre mis piernas, me levantó una rodilla y me embistió el coño de un solo empujón. Entró fácil, resbaladizo de jugos y del semen que aún me goteaba del ano. Me folló duro, profundo, el sonido chapoteante llenándolo todo. Wesley se arrodilló sobre mi pecho y me restregó la polla por la cara, por los labios, por los pezones. Yo los chupaba y lamiá mientras Andre me martilleaba.
—Mira cómo te la come entera —dijo Wesley a Andre—. Nuestra esposa es una puta perfecta. Petra, aprieta el coño. Quiero ver cómo se corre otra vez.
Apreté. Andre gruñó y aceleró, las bolas golpeándome el culo. Me pellizcó el clítoris con los dedos y yo exploté. El orgasmo me sacudió entero, el coño contrayéndose en oleadas alrededor de su verga. Él no paró. Me siguió follando a través de las contracciones hasta que se corrió de nuevo, bombeando más semen caliente dentro de mi coño, mezclándolo todo.
Cuando se retiró, un río blanco me salió de los dos agujeros. Wesley se bajó, se arrodilló y lamió todo: mi coño, mi ano, mis muslos. Chupó y bebió como si fuera el manjar más rico del mundo. Me hizo correr otra vez, más suave, más profundo, las piernas temblando sin control.
Los tres nos amontonamos otra vez, sudorosos, pegajosos. Andre me besó con lengua sucia, compartiendo el sabor. Wesley me chupó un pezón mientras se pajaba despacio, ya duro otra vez.
—Aún no basta —susurró Andre contra mi boca—. Quiero que te pongas a cuatro patas otra vez. Voy a follarte el culo hasta que grites, y Wesley te va a follar la boca al mismo tiempo. Después quiero veros follar a los dos: él en tu coño, yo en tu culo, rellenándote por completo. ¿Lo quieres, putita caliente?
Mi cuerpo entero se contrajo de ganas. Miré a Wesley. Sus ojos brillaban negros, la polla latendo en su mano.
—Di que sí, mi esposa puta —murmuró él—. Quiero sentirte apretada alrededor de mí mientras él te destroza el culo. Quiero correrme dentro tuyo al mismo tiempo que él. Quiero que nos tragues a los dos.
Tragué saliva, el corazón martilleándome, el culo y el coño ya abiertos y palpitantes, listos.
—Sí… folladme los dos a la vez. Quiero sentirlos dentro, llenándome, usándome. Quiero que mi marido me folle el coño mientras Andre me abre el culo otra vez. Quiero correrme con las dos pollas dentro y que me llenen hasta que se me salga por las piernas. Hacedlo. Destrozadme delante del otro.
Andre sonrió esa sonrisa de depredador y me giró a cuatro patas. Wesley se colocó delante, ofreciéndome la verga gruesa. Andre se arrodilló detrás, la polla ya brillante y dura otra vez, y restregó la cabeza por mi ano dilatado. Empujó. Me abrió de nuevo, hondo, y yo gemí alrededor de la polla de mi marido mientras me la metía entera. Empezaron a moverse, coordinados: Andre embistiendo mi culo, Wesley follándome la boca. El placer me subía como fuego. Sabía que lo siguiente iba a ser todavía más salvaje, los dos dentro de mí al mismo tiempo, y mi cuerpo entero temblaba de anticipación, el aire denso otra vez, nuestros gemidos llenando el dormitorio, la noche lejos de terminar.
Soy Petra, treinta y dos años, y el semen de Andre todavía me resbalaba por los muslos y el culo cuando él me empujó la verga gruesa otra vez dentro del ano dilatado. Estaba a cuatro patas en la cama, el pecho pegado a las sábanas húmedas, y Wesley de treinta y cinco se arrodilló delante de mí ofreciéndome su polla dura y goteante. La chupé con hambre, abriendo la garganta para que me la metiera hasta el fondo mientras Andre empezaba a embestirme el culo con ritmo brutal. Cada embestida me hacía babear alrededor de la verga de mi marido; el sonido obsceno de mi ano chupando la polla de Andre llenaba el dormitorio junto a mis gemidos ahogados.
—Así, putita —gruñó Andre, las manos grandes abriéndome las nalgas para que Wesley viera cómo entraba y salía—. Tu culo me traga entero. Empuja hacia atrás.
Empujé. Sentí cómo me estiraba hasta el límite, la presión caliente y profunda que me hacía ver estrellas. Wesley me agarró el pelo y me folló la boca con embestidas lentas, mirando hipnotizado el punto donde la carne de su amigo me abría.
—Habla —ordenó Wesley, sacándome la polla un segundo—. Dime lo que sientes con esa verga en el culo.
—Me destroza… ah, joder… me llena completo, más gruesa que nunca… me llega tan hondo que creo que me va a partir —jadeé, la voz rota, saliva colgando de los labios—. Wesley, míralo… está usándome el culo como su puta personal y me encanta… quiero las dos… metédmelas las dos ahora…
Andre se retiró despacio, dejando mi ano abierto y palpitante, un hilo de semen anterior resbalando. Me giraron. Wesley se tumbó de espaldas y me hizo montarlo a horcajadas. Me hundí sobre su polla gruesa de un solo golpe, mi coño todavía sensible y chorreante engulléndola hasta la base. Grité de placer puro. Empecé a cabalgarlo despacio, sintiendo cada vena, mientras Andre se arrodillaba detrás, restregaba la cabeza hinchada de su verga por mi ano dilatado y empujaba.
El ardor dulce me subió por la espalda cuando la cabeza pasó el anillo otra vez. Centímetro a centímetro me abrió, y entonces estuve llena por completo: la polla de mi marido en el coño y la de Andre en el culo, las dos juntas, separadas solo por esa fina pared de carne que latía entre ellas. No podía pensar. Solo sentía la presión imposible, el calor, el peso de los dos hombres usándome a la vez.
—Joder, qué apretada… siento tu polla a través de ella, Wesley —jadeó Andre, empezando a moverse en contratiempo—. Mírala, se le pone la cara de puta completa.
Wesley me agarró las caderas desde abajo y empujó hacia arriba. Empezaron a coordinarse: cuando uno entraba, el otro salía a medias, luego los dos a la vez, martilleándome los dos agujeros. Mis tetas rebotaban pesadas, el clítoris rozaba la pelvis de Wesley cada vez que bajaba, y el placer me subía como fuego por la columna. Gritaba sin control, palabras sucias saliendo solas.
—Más… más duro… destrozadme… siento las dos pollas… me están abriendo toda… me van a reventar… —supliqué, empujando el culo hacia atrás para tragar a Andre entero mientras apretaba el coño alrededor de Wesley—. Soy vuestra puta… usadme… llenadme… quiero correrme con las dos dentro…
Andre me dio una palmada fuerte en una nalga y aceleró. Me follaba el culo con embestidas profundas y brutales, las bolas golpeándome, mientras Wesley me clavaba desde abajo con la misma furia. El sonido chapoteante y húmedo de mis dos agujeros siendo follados a la vez era obsceno, delicioso. Sentía cómo se rozaban por dentro, cómo mi cuerpo se convertía en un solo agujero caliente y necesitado para los dos.
Wesley me tiró hacia adelante, me besó con lengua sucia y me susurró contra la boca:
—Aprieta, nena. Quiero sentir cómo te corres rodeándonos a los dos. Andre, dásela más fuerte. Quiero verla gritar.
Andre me agarró el pelo, me levantó el torso y me martilleó el culo sin piedad. Cada embestida me hacía ver blanco. El orgasmo me subió desde el ano y el coño a la vez, una oleada brutal que me hizo contraerme en espasmos salvajes alrededor de las dos vergas. Grité el nombre de los dos, el cuerpo entero temblando, el coño y el culo ordeñándolos mientras me venía tan fuerte que se me nubló la vista. Los jugos me chorreaban por los muslos, mojando las sábanas y las bolas de Wesley.
No pararon. Me follaron a través de las contracciones, alargándome el orgasmo hasta que lloraba de placer. Entonces Andre se tensó detrás de mí.
—Voy a llenarte el culo otra vez… tómala toda, putita…
Bombeó chorros espesos y calientes dentro de mi ano, sujetándome las nalgas abiertas para que Wesley viera las pulsaciones. Casi al mismo tiempo Wesley gruñó debajo de mí, me agarró fuerte y se corrió en mi coño, chorros potentes que me llenaron hasta rebosar. Sentí el calor de los dos semen mezclándose dentro, la presión, el goteo inmediato cuando empezaron a salirse por los bordes de mis agujeros abiertos.
Me quedé desplomada sobre el pecho de Wesley, jadeando, el cuerpo entero flácido y tembloroso. Andre se retiró despacio; su polla salió brillante y un río blanco y espeso me cayó del culo por el muslo. Wesley me levantó un poco y se salió también, y el semen de ambos me resbaló del coño en hilos gruesos. Me giraron entre los dos. Andre se arrodilló y lamió primero, chupando el semen que me salía del ano y del coño, metiendo la lengua profunda en ambos agujeros para recolectar más. Luego Wesley se unió, los dos lamiéndome, compartiendo el sabor con besos sucios sobre mi raja abierta. Me corrí otra vez, más suave, solo de sus lenguas devotas, las piernas temblando sin control, agarrándoles el pelo a los dos.
Nos amontonamos después, sudorosos, pegajosos, el olor a sexo denso y animal llenando el cuarto. Andre me besó la boca con lengua lenta, compartiendo el sabor a los tres. Wesley me chupó un pezón hinchado mientras su mano acariciaba mi culo todavía abierto y goteante. Yo, Petra, sentía el semen caliente resbalándome todavía, el cuerpo marcado, usado, completo de una forma que nunca había conocido.
—Eso… eso ha sido… —susurré, la voz ronca de tanto gritar—. Nunca me había sentido tan llena… tan puta… y tan vuestra.
Wesley sonrió contra mi pecho, la polla todavía semi dura rozándome el muslo.
—Mi esposa hotwife perfecta. Ver cómo te abrían los dos… cómo te corrías con las dos pollas dentro… joder, Petra, me has matado de gusto. Andre, hermano, esto solo es el principio. La próxima vez quiero verte follarle la garganta mientras yo le abro el culo otra vez.
Andre rió bajo, la mano grande acariciándome la espalda sudada, los dedos rozando mi ano sensible.
—Cuando quieras. Esta putita caliente de treinta y dos años se lo merece todo. Mira cómo todavía le gotea. Wesley, limpia un poco más… quiero verla otra vez con la lengua dentro.
Wesley se deslizó entre mis piernas y volvió a lamer con devoción lenta, chupando los restos, metiendo dos dedos en el coño y uno en el culo solo para sentirme apretar. Yo gemí flojo, el cuerpo ya sobrecargado pero todavía respondiendo, y les dije bajito, confesándoles la verdad cruda:
—Quiero más noches así. Quiero que me uséis delante de quien sea. Quiero volver a casa con el semen de Andre todavía dentro y que Wesley me folle otra vez encima. Soy vuestra. Completamente.
Los tres nos abrazamos más fuerte, riendo bajito entre besos, cuerpos pegajosos y corazones todavía acelerados. Andre me susurró al oído que la próxima ronda sería todavía más salvaje, que quería verme montar a Wesley mientras él me follaba la boca y después los dos me llenaban otra vez. Wesley asentía, ya toqueándose despacio otra vez, los ojos brillando de esa lujuria que solo sale cuando me ve convertida en hotwife total. Yo cerré los ojos un segundo, saboreando el momento, el semen secándose en mis muslos, el ardor dulce en el culo y el coño, la certeza de que esta noche había cambiado algo para siempre entre nosotros tres.
Entonces se oyó un golpe seco y fuerte en la puerta del dormitorio. Una voz masculina, conocida, la del dueño de la casa, gritó desde el pasillo con tono urgente y algo divertido:
—¡Tíos! ¡Abrid ya! La policía está abajo por el ruido de la música y… joder, ¿estáis follando o qué? ¡Abrid antes de que entren!
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