Dared to Taste Her Best Friend
Dos amigas adultas, una abogada de 32 y una chef de 29, se lamen el coño con ganas después de un atrevido juego de verdad o reto.
En el lujoso apartamento de Hana, la exitosa abogada de 32 años, el ambiente aún conservaba el aroma de la cena que Noelle, su mejor amiga y talentosa chef de 29 años, había preparado con esmero. Los platos vacíos descansaban en la mesa baja del salón, y las dos mujeres se habían acomodado en el amplio sofá de cuero blanco, con una botella de vino tinto casi intacta entre ellas. No buscaban emborracharse; solo querían esa ligera calidez que aflojaba la lengua y encendía las confidencias. Hana cruzó las piernas, dejando que su vestido negro se deslizara un poco por sus muslos firmes. Su cuerpo, moldeado por años de disciplina y estrés en los tribunales, irradiaba una elegancia madura. Noelle, con su figura más curvilínea gracias a las horas de pie entre fogones y pruebas de recetas, llevaba un vestido rojo ceñido que marcaba sus tetas generosas y sus caderas anchas. El cabello rubio le caía desordenado sobre los hombros, y sus ojos verdes brillaban con picardía mientras reían por una anécdota del último juicio de Hana.
—Esto está siendo perfecto —murmuró Noelle, dando un sorbo lento—. Solo nosotras, sin prisas, sin nadie que nos interrumpa.
Hana sonrió, sintiendo un cosquilleo extraño en el vientre que no era solo el vino. Llevaban años siendo inseparables, compartiéndolo todo, pero esa noche la mirada de Noelle parecía demorarse más en su escote, en la curva de su cuello.
—Pues ya que estamos tan cómodas… ¿verdad o reto? —propuso la chef, mordiéndose el labio inferior.
Hana levantó una ceja, el corazón latiéndole un poco más rápido. Aceptó. Las primeras rondas fueron ligeras: verdades sobre exnovios patéticos, retos absurdos como bailar sensualmente una canción ridícula. Pero el aire cambió cuando Noelle eligió «verdad» por tercera vez y Hana, con voz baja y cargada de curiosidad, le lanzó la pregunta que llevaba rondándole la cabeza toda la noche:
—Dime algo que nunca te hayas atrevido a confesar sobre mí. Algo sucio. Algo que te haga mojar cuando lo piensas a solas.
Noelle se quedó callada unos segundos. Sus mejillas se encendieron, pero no apartó la mirada. Respiró hondo y, con voz temblorosa pero decidida, soltó:
—Siempre he fantaseado con probar el sabor de tu coño, Hana. Me imagino arrodillada entre tus piernas, abriéndote con los dedos, metiendo la lengua bien adentro y chupando hasta que te corras en mi boca. He soñado con tu olor, con tu sabor, con cómo te retorcerías agarrándome el pelo. Es mi puto vicio secreto desde hace años.
El silencio que siguió fue espeso, eléctrico. Hana sintió cómo su coño se contraía violentamente, mojándose de golpe. En su cabeza resonaban las palabras de su amiga como un eco sucio y delicioso. «Joder, ella también. Yo he pensado exactamente lo mismo, imaginando su cara enterrada entre mis muslos mientras le mojo toda la boca.» La abogada de 32 años se inclinó hacia delante, dejando la copa sobre la mesa con mano temblorosa.
—Pues yo llevo años queriendo comerte el coño a ti, Noelle —confesó sin filtro, la voz ronca de deseo—. Quiero saber cómo sabe esa rajita de chef que siempre huele a especias y a pecado. Quiero que nos follemos la cara hasta que nos corramos las dos como perras en celo. Ya no quiero seguir fingiendo.
La confesión prendió fuego a años de química contenida. Hana se abalanzó sobre ella, capturando su boca en un beso brutal, hambriento. Sus lenguas se enredaron con urgencia, lamiéndose, mordiéndose los labios. Las manos de Hana subieron directamente a las tetas de Noelle, apretándolas por encima del vestido rojo, pellizcando los pezones que ya estaban duros como piedras. Noelle gimió dentro de su boca y respondió apretando las tetas de Hana, sintiendo cómo se le endurecían los pezones contra la tela fina.
—Quiero follarte —jadeó Hana contra sus labios, mordiéndole el inferior—. Quiero que seas mi puta lésbica personal. Quiero que me lamas el coño hasta que te ahogues en mis jugos.
—Y yo quiero que me uses —respondió Noelle, la voz rota de excitación—. Mi coño está chorreando solo de oírte. Déjame probarte, Hana. Por favor.
Sin esperar más, Noelle se deslizó al suelo y cayó de rodillas voluntariamente frente al sofá. Sus ojos verdes brillaban con pura necesidad. Se veía hermosa así, suplicante, con los labios hinchados por los besos y las tetas subiendo y bajando agitadas.
—Déjame comer tu coño, Hana. Te lo ruego. He esperado demasiado. Quiero que me montes la cara y me uses como tu puta personal. Por favor… abre las piernas para mí.
Hana sintió un latigazo de placer puro al oírla rogar. Se subió el vestido negro hasta la cintura, revelando que no llevaba bragas. Su coño depilado, labios gruesos y brillantes de humedad, quedó completamente expuesto. Abrió las piernas sobre el sofá, apoyando los talones en el borde, y separó sus propios labios con dos dedos para mostrarle el interior rosado y empapado.
—Entonces cómetelo, zorra. Lámeme como has soñado. Quiero sentir esa lengua de chef experta tragándose todo mi jugo.
Noelle soltó un gemido de alivio y se lanzó. Su lengua plana recorrió toda la rajita de Hana en una lamida larga y lenta, desde el ano hasta el clítoris, saboreándola con hambre. Gimió al probarla.
—Joder… sabes mejor de lo que imaginaba. Dulce, caliente, adictiva —murmuró antes de cerrar los labios alrededor del clítoris y chuparlo con fuerza, moviendo la lengua en círculos rápidos y expertos.
Metió dos dedos gruesos en el coño de Hana sin pedir permiso, follándola con ellos mientras succionaba el botón hinchado. El sonido era obsceno: chapoteos húmedos, gemidos ahogados, la respiración entrecortada de Hana. Esta agarró la cabeza rubia de su amiga y comenzó a mover las caderas, follándole la cara sin vergüenza.
—Así, puta… chúpame el clítoris más fuerte. Méteme los dedos hasta el fondo. ¡Qué bien comes coño, joder! Llevas años queriendo esto y se nota, zorra deliciosa.
Hana sentía cada lamida como una descarga eléctrica. Su interior se contraía alrededor de los dedos de Noelle, sus jugos corrían por la barbilla de la chef. Pensaba, entre gemido y gemido, que nunca nada le había puesto tan cachonda como ver a su mejor amiga devorándole el coño con esa devoción sucia. El orgasmo la golpeó de repente, brutal. Sus muslos temblaron, su espalda se arqueó y gritó:
—¡Me corro! ¡Trágate mi jugo, puta deliciosa! ¡Todo! ¡Bebe de mí!
Su coño expulsó un chorro caliente que Noelle tragó con avidez, lamiendo y chupando sin parar hasta que Hana quedó temblando, sensible y jadeante.
Pero el deseo no había hecho más que empezar. Hana tiró de Noelle hacia arriba, besándola con brutalidad para probarse a sí misma en su boca. Luego la empujó sobre el sofá, le arrancó el vestido rojo y la dejó completamente desnuda. Sus tetas grandes se desparramaron, los pezones rosados y duros. Hana se colocó encima en un 69 salvaje, bajando su coño todavía chorreante directamente sobre la cara de Noelle mientras hundía la suya entre las piernas abiertas de la chef.
No se limitó a lamer el coño. Hana separó las nalgas redondas de Noelle y hundió la lengua directamente en su ano, comiéndole el culo con lamidas profundas y sucias mientras sus dedos abrían los labios empapados y chupaban el clítoris hinchado. Noelle gritó de placer y levantó las caderas, follándole la cara a Hana con movimientos desesperados y circulares, restregando su coño y su culo contra nariz, boca y lengua.
—¡Sí! ¡Lámeme el culo y el coño al mismo tiempo, abogada guarra! ¡Fóllame la cara con esa rajita que me vuelve loca!
Ambas se movían como animales en celo, caderas ondulando con violencia, lenguas penetrando, dedos follándose sin piedad. Hana metió dos dedos en el coño de Noelle mientras su lengua seguía violando su ano. Noelle respondió metiendo tres dedos en el coño de Hana y succionando su clítoris como si quisiera arrancárselo.
—¡Trágate mi jugo, puta deliciosa! —gruñó Hana, corriéndose por segunda vez, inundando la boca de Noelle con un chorro abundante.
—¡Me corro yo también, joder! ¡Cómete todo mi coño, Hana! ¡Soy tu puta, tu zorra lamedora!
Los orgasmos se encadenaron. Una vez, dos, tres. Sus caras estaban empapadas, barbillas chorreando, el sofá manchado de fluidos. Los gemidos sucios llenaban el salón: «Más fuerte con la lengua», «Montame la cara, perra», «Quiero que te corras otra vez en mi boca», «Tu culo sabe a pecado y me vuelve loca».
Después del último clímax simultáneo que las dejó exhaustas, temblando y con las piernas flojas, se separaron lentamente. Hana se giró y se dejó caer sobre Noelle. Se besaron profundamente, con calma ahora, saboreando el cóctel de sus coños, sus culos y su saliva mezclada. Sus lenguas se acariciaban perezosas, intercambiando los sabores íntimos como si sellaran un pacto sucio y delicioso.
Se miraron a los ojos, rostros brillantes de sudor y fluidos, respiraciones aún agitadas. Una complicidad nueva, más oscura y adictiva, brillaba entre ellas. Hana acarició la mejilla de Noelle con el pulgar y sonrió con picardía.
—Esto solo… —susurró, dejando la frase en el aire mientras su mano bajaba lentamente por el vientre de su amiga, deteniéndose justo encima de su coño todavía palpitante— esto solo ha abierto la puerta. Y ninguna de las dos quiere cerrarla ahora.
Noelle sonrió también, mordiéndose el labio, y separó ligeramente las piernas bajo la caricia de Hana. Sus ojos prometían mucho más. La noche todavía era joven, sus cuerpos seguían ardiendo, y ambas sabían que lo que acababa de pasar era solo el aperitivo de algo mucho más intenso y pervertido que apenas empezaba a desatarse entre ellas. El deseo seguía latiendo, exigente, sin intención alguna de apagarse.
Los dedos de Hana se deslizaron sin prisa sobre el monte hinchado de Noelle, deteniéndose justo en la entrada de su coño todavía palpitante. La abogada de treinta y dos años sintió el calor que emanaba de esa carne blanda y empapada, y no pudo evitar que una sonrisa depredadora se le dibujara en los labios. Noelle, la chef de veintinueve, separó un poco más las piernas, invitándola sin palabras, con los ojos verdes fijos en los de su amiga. El salón olía a sexo, a coños mojados y a sudor femenino, un aroma espeso que las envolvía como una droga.
—Sigue —susurró Noelle con la voz rota—. No pares ahora, Hana. Quiero que me uses hasta que no pueda pensar.
Hana hundió dos dedos de golpe, sintiendo cómo las paredes calientes y resbaladizas se cerraban alrededor de ellos. Noelle soltó un gemido largo y gutural, arqueando la espalda sobre el sofá. La abogada comenzó a follarla con movimientos lentos pero profundos, curvando los dedos para rozar ese punto rugoso que sabía que la volvería loca. Cada embestida producía un sonido obsceno, húmedo, chapoteante. Los jugos de Noelle corrían por la muñeca de Hana, goteando sobre el cuero blanco.
—Joder, qué coño más jugoso tienes —gruñó Hana, acelerando el ritmo—. Llevo años imaginando cómo se sentiría follarte así, con los dedos metidos hasta el fondo mientras me miras como una perra en celo. ¿Te gusta, zorra? ¿Te gusta que tu mejor amiga te abra el chocho después de cenar como si nada?
Noelle asintió frenéticamente, las tetas grandes bamboleándose con cada sacudida. Agarró la nuca de Hana y la atrajo para besarla con violencia, mordiéndole el labio inferior mientras sus caderas se movían en círculos, follándose los dedos sin vergüenza.
—Me encanta… Dios, me pone cachonda que seas tan guarra conmigo. Méteme otro dedo, Hana. Quiero sentirme estirada. Quiero que me destroces este coño que solo ha soñado con tu boca y tus manos.
Hana añadió un tercer dedo, abriéndola sin piedad. El coño de Noelle tragaba los tres con facilidad, chorreando tanto que el sonido se volvió casi ridículamente fuerte. La abogada bajó la cabeza y atrapó un pezón rosado entre los dientes, tirando de él mientras su pulgar frotaba el clítoris hinchado en círculos rápidos y duros. Noelle empezó a temblar, los muslos gruesos y suaves apretando el brazo de Hana. Su interior se contraía con fuerza, succionando los dedos como una boca hambrienta.
—Voy a correrme… ¡me voy a correr en tu mano, joder! —gritó la chef, y el orgasmo la atravesó como un rayo. Un chorro caliente salió disparado, salpicando el vientre de Hana y el sofá. Noelle se convulsionó, gritando el nombre de su amiga mientras sus jugos seguían brotando, empapando todo a su alrededor.
Hana sacó los dedos lentamente, los levantó y los metió directamente en la boca de Noelle. La rubia los chupó con devoción, lamiendo su propio sabor con los ojos entrecerrados de placer. Hana sintió que su propio coño se contraía de nuevo, vacío y ansioso. La noche no había hecho más que empezar, y el deseo que habían desatado era demasiado grande para conformarse con un par de corridas.
Sin darle tiempo a recuperarse, Hana se levantó, agarró a Noelle por las caderas anchas y la tiró al suelo sobre la alfombra suave. La colocó boca arriba, le levantó las piernas y las abrió hasta casi tocarle los hombros, exponiendo completamente su coño enrojecido y su ano fruncido. Se arrodilló entre ellas y hundió la cara con hambre. Su lengua recorrió desde el clítoris hasta el culo en lamidas largas y planas, saboreando la mezcla de jugos y sudor. Luego se centró en el ano, lamiéndolo en círculos apretados antes de meter la punta de la lengua dentro, follándolo con movimientos cortos y sucios.
—Tu culo sabe a pecado puro —murmuró Hana contra la carne temblorosa—. He fantaseado con comer este ojete tantas veces mientras te veía cocinar. Ahora es mío. Voy a lamerte hasta que me ruegues que te folle más fuerte.
Noelle agarró sus propias rodillas para mantenerse abierta, gimiendo como una loca. Sentía la lengua de Hana violando su ano mientras dos dedos volvían a penetrar su coño con fuerza. El doble ataque la estaba volviendo loca. Cada lamida profunda en el culo enviaba descargas calientes a su clítoris, y los dedos de Hana la follaban con un ritmo brutal, golpeando el fondo de su vagina.
—¡Sí, cómemelo todo! ¡Lámeme el culo y fóllame el coño al mismo tiempo, abogada guarra! ¡Soy tu puta, Hana! ¡Tu zorra personal para comerle los agujeros cuando quieras!
Hana gruñó contra su carne, excitada por las palabras sucias. Metió un tercer dedo en el coño de Noelle mientras su lengua penetraba más profundo en el ano, moviéndose como si quisiera follarla de verdad. El cuerpo de la chef se sacudía, sus tetas se movían pesadamente y su respiración se volvió entrecortada. Otro orgasmo la golpeó con violencia, haciendo que su ano se contrajera alrededor de la lengua de Hana y que su coño expulsara otro chorro que mojó la barbilla y el cuello de la abogada.
Hana se separó jadeando, la cara brillante de jugos y saliva. Noelle, aún temblando, se incorporó y empujó a su amiga hasta tumbarla de espaldas. Se subió encima en posición invertida, bajando su coño chorreante directamente sobre la boca de Hana mientras hundía la cara entre las piernas abiertas de la abogada. El 69 fue salvaje desde el primer segundo. Noelle restregaba su rajita y su ano contra la nariz y la boca de Hana, follándole la cara con movimientos circulares y desesperados. Hana respondía metiendo la lengua lo más profundo posible en el coño de su amiga, luego pasando al ano, alternando sin descanso.
Al mismo tiempo, Noelle devoraba el coño depilado de Hana con auténtica glotonería. Chupaba el clítoris con fuerza, metía tres dedos en el interior caliente y, con la mano libre, comenzó a frotar el ano de Hana con el pulgar, presionando hasta que consiguió meter la punta dentro.
—Montame la cara, puta —gruñó Noelle, la voz amortiguada entre los muslos firmes de Hana—. Quiero ahogarme en tu jugo mientras te como el culo. Frota esa rajita rica contra mi lengua.
Hana levantó las caderas y comenzó a follarle la cara con violencia, restregando su coño y su ano contra la boca y la nariz de Noelle. Los sonidos eran completamente obscenos: gemidos ahogados, lamidas húmedas, carne golpeando carne, el chapoteo constante de los jugos. Ambas se corrían una y otra vez, sin control. Hana se corrió primero, inundando la boca de Noelle con un chorro abundante que la chef tragó con avidez, sin dejar de mover la lengua. El orgasmo de Noelle llegó segundos después, apretando los muslos alrededor de la cabeza de Hana mientras su ano se contraía violentamente contra el pulgar de su amiga.
Rodaron por la alfombra, cambiando posiciones sin detenerse del todo. Ahora tribaban con furia, coño contra coño, clítoris frotándose con fuerza mientras sus tetas se aplastaban. Hana tenía a Noelle debajo, sujetándola por las caderas anchas, moviéndose como si quisiera fundir sus sexos. Los jugos mezclados corrían por los muslos de ambas, haciendo que el roce fuera resbaladizo y caliente.
—Quiero que nos corramos así, mirándonos a los ojos —jadeó Hana—. Quiero que sientas cómo tu coño se corre contra el mío, zorra. Eres mía ahora. Mi chef puta que me va a lamer cuando yo se lo pida.
Noelle clavó las uñas en la espalda de Hana, moviendo las caderas con igual violencia.
—Fóllame con tu coño, abogada. Quiero que me dejes marcada. Quiero oler a ti durante días.
El orgasmo mutuo fue devastador. Gritaron al unísono, cuerpos temblando, coños contrayéndose y expulsando jugos que se mezclaron entre ellas. Cuando por fin se separaron, quedaron tumbadas de lado, cara a cara, respirando con dificultad. Sus rostros brillaban de sudor, saliva y fluidos íntimos. Hana acarició la mejilla de Noelle con ternura inesperada, pero sus ojos seguían ardiendo.
La abogada ya estaba tramando. Mientras besaba suavemente los labios hinchados de su amiga, su mente corría a toda velocidad. Reservaría la cabaña aislada en las montañas para el siguiente mes. Una semana entera. Llevaría un arnés nuevo, un consolador grueso y venoso, plugs anales de diferentes tamaños, lubricante sabor a cereza y unas esposas de seda. Haría que Noelle llegara el viernes por la noche, la desnudaría nada más cruzar la puerta y la follaría contra la pared antes de que pudiera dejar la maleta. Luego la ataría a la cama grande de madera, le comería el coño y el culo durante horas y, cuando estuviera rogando, la penetraría con el strap-on hasta hacerla correrse a gritos. Planeaba grabar sus gemidos en su memoria para masturbarse con ellos en el despacho. Quería convertir a su mejor amiga en su adicción semanal, en su puta secreta de confianza. Nadie más lo sabría. Solo ellas dos, follando como animales cada vez que pudieran escaparse.
Noelle, como si leyera parte de esos pensamientos, sonrió con picardía y le mordió el labio inferior.
—Dime que ya estás planeando la próxima vez —susurró.
Hana sonrió, deslizando una mano entre las piernas de Noelle para acariciar suavemente su coño sensible.
—La próxima vez será una semana entera lejos de todo. Solo tú, yo, y todos los juguetes que pienso comprar para destrozarte los dos agujeros como mereces. ¿Estás lista para ser mi puta de fin de semana completo, chef?
Noelle separó las piernas un poco más, dejando que los dedos de Hana jugaran con su clítoris hinchado.
—Más que lista. Reserva ya esa cabaña. Quiero que me folles hasta que no pueda caminar recto.
Se besaron de nuevo, lento y profundo, sellando el pacto sucio. El deseo seguía latiendo entre sus piernas, pero por ahora se quedaron abrazadas, cuerpos pegajosos y satisfechos, sabiendo que lo que acababa de empezar era solo el aperitivo de una adicción que ninguna de las dos pensaba abandonar jamás.
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