La madre de su mejor amiga la besa primero

La divorciada de 42 años besa primero a la amiga de 24 de su hija y terminan follando salvajemente en la cocina.

12 min read September 08, 2026New

Noelle abrió la puerta de su casa de las afueras con la sonrisa profesional que usaba en la boutique, esa misma que había convertido en un negocio rentable después del divorcio. A sus cuarenta y dos años llevaba el pelo castaño recogido a la ligera, la blusa de seda sin sujetador y unos pantalones que marcaban las curvas que el gimnasio y la disciplina le habían devuelto. Frente a ella estaba Aisha, la mejor amiga de su hija, veinticuatro años, maleta en la mano y una sonrisa que ya no era de adolescente.

—Pasa, cariño. La casa es tuya este fin de semana.

Aisha entró. Llevaba un short de denim tan corto que la tela se le metía entre los labios del coño y un top corto que dejaba a la vista el bajo de las tetas firmes y el ombligo. Noelle sintió un tirón bajo el ombligo, un calor que no esperaba. La chica olía a vainilla y sudor limpio de viaje.

Mientras dejaba la maleta en la habitación de invitados, Aisha se rió con esa risa baja que le subía la camiseta un centímetro más.

—Noelle… ¿puedo confesarte algo de una puta vez? Siempre he fantaseado con mujeres maduras. Con tetas pesadas, con culos que ya saben lo que quieren, con esa seguridad de quien ha follado de verdad. Y tú… joder, tú me pareces irresistiblemente sexy. Desde que te vi en la fiesta de cumpleaños de tu hija con ese vestido negro. Me corrí esa noche tocándome y pensando en tu boca.

Noelle se quedó quieta en el umbral. El coño se le humedeció de golpe. Miró las piernas abiertas de Aisha sentada al borde de la cama, la tela del short tensada contra el montículo.

—Tienes veinticuatro años y me dices eso a la madre de tu mejor amiga —murmuró, pero la voz le salió ronca, no reprobatoria.

—Exacto. Y no me arrepiento.

Bajaron a la cocina a preparar la cena. Noelle cortaba tomates; Aisha lavaba la lechuga. Las miradas se alargaron. Cada vez que Aisha pasaba detrás, rozaba con la cadera el culo de Noelle, un roce lento, deliberado, la tela del short contra la seda de los pantalones. Noelle no se apartó. Sonrió de lado, pícara, y empujó un poco hacia atrás, ofreciendo carne.

—Estás jugando con fuego, niña.

—Llevo años queriendo quemarme.

Aisha se acercó al oído de Noelle mientras esta removía la salsa. El aliento caliente le rozó el lóbulo.

—Te deseo desde hace años, Noelle. Quiero que me fumes el coño hasta que no pueda caminar. Quiero chuparte las tetas y que me llames puta.

Algo se rompió. Noelle soltó la cuchara, se giró, agarró a Aisha por la nuca con dedos firmes y la besó primero. Boca abierta, lengua hambrienta, saliva compartida. Aisha gimió dentro del beso y se pegó entero el cuerpo, frotando el short contra el muslo de la mayor. Las manos de Noelle bajaron, agarraron ese culo joven y lo apretaron con fuerza, separando los glúteos a través de la tela.

—Quiero follarte —jadeó Noelle contra su boca—. Quiero comerte el coño y que me lo devuelvas. Las dos. Ahora.

—Sí. Joder, sí. Fóllame, madurita. Úsame.

Noelle la empujó hacia la isla de mármol de la cocina. Le bajó el short y la braga en un solo tiron. El coño de Aisha estaba afeitado, los labios hinchados y brillantes de jugos, el clítoris ya asomando. Noelle se arrodilló sobre el suelo frío sin dudar. Abrió aquellos muslos con las manos y enterró la cara.

Lamió de abajo arriba, lenta al principio, saboreando el gusto ácido y dulce. Después chupó el clítoris hinchado con devoción, lo atrapó entre labios y lo succionó mientras metía dos dedos gordos dentro del agujero caliente y apretado. Aisha se arqueó sobre la isla, agarró el pelo de Noelle con las dos manos y empujó la cara contra su coño.

—Así… joder, chúpame esa polla de mujer… más duro, mete los dedos hasta el fondo, puta…

Noelle gemía contra la carne mojada, follándola con los dedos en tijera, curvándolos hacia arriba para rozarle el punto esponjoso mientras la lengua no dejaba el clítoris. Los jugos le chorreaban por la barbilla y le caían al pecho. Aisha temblaba, los muslos le golpeaban las orejas de Noelle.

—Me corro… me voy a correr en tu boca de zorra madura…

Noelle no se apartó. Aumentó la velocidad de los dedos y aspiró el clítoris con fuerza. Aisha gritó, se corrió en sacudidas, el coño contrayéndose alrededor de los dedos, un chorro caliente que Noelle bebió sin vergüenza.

Apenas Aisha dejó de temblar, se bajó de la isla, empujó a Noelle al suelo de espaldas y se le plantó encima. Se sentó sobre su cara con las rodillas abiertas a ambos lados de la cabeza. El coño empapado aplastó la boca de Noelle.

—Ahora me cabalgas la lengua, puta. Cómeme hasta que me vuelva a correr.

Noelle abrió la boca y la lengua. Aisha se frotó con fuerza, adelante y atrás, el clítoris rozando nariz y labios, los labios vaginales abiertos pintándole la cara de jugos. Se movía con violencia joven, usando la cara de la madre de su amiga como un juguete. Noelle le agarraba los muslos, la animaba a aplastarla más, chupaba y lamía todo lo que le daban. El olor a coño le llenaba la nariz; el sabor le empapaba la garganta.

—Mira cómo te uso… tu lengua está hecha para mi coño… soy tu puta y tú eres la mía…

Aisha se corrió otra vez, frotándose en círculos frenéticos hasta que las piernas le fallaron. Bajó temblando y se tumbó de lado. Noelle se quitó la blusa y los pantalones de un tirón. Las tetas pesadas cayeron libres, los pezones oscuros y duros; el coño peludo y goteando le brillaba entre los muslos. Se enredaron en tijera sobre el suelo de la cocina, coño contra coño, labios hinchados rozándose, clítoris chocando.

Se frotaron rápido y sucio. Noelle le pellizcó un pezón a Aisha hasta hacerlo doler rico; Aisha le devolvió el favor, retorciéndole el otro pezón mientras las caderas golpeaban. El sonido era obsceno: carne mojada contra carne mojada, chapoteo, gemidos guturales.

—Puta… zorra madura… tu coño me está follando el mío…

—Zorra jovencita… tócate el clítoris contra el mío… así… corréte otra vez conmigo…

Se llamaban puta y zorra sin parar, las voces rotas. Los pechos rebotaban. El sudor les corría entre las tetas y les bajaba al vientre. Aisha clavó las uñas en el culo de Noelle y tiró hacia delante para aumentar la fricción. Noelle le mordió el hombro al correrse, un grito largo y ronco. Aisha la siguió segundos después, el cuerpo entero convulsionando, los coños latidos juntos, jugos mezclados chorreando hacia el suelo.

Quedaron jadeando, cubiertas de sudor y de los fluidos brillantes que les resbalaban por muslos y culos. Se besaron despacio, lamiéndose la boca, saboreando el gusto cruzado de sus sexos: el de Aisha todavía ácido en la lengua de Noelle, el de Noelle más espeso en la de Aisha. Las manos ya no apretaban; acariciaban, pero el hambre no se había apagado.

Noelle le apartó un mechón pegado a la frente a Aisha y habló contra sus labios, la voz todavía ronca de tanto gemir.

—Mi hija no vuelve hasta el domingo por la noche. Propongo que este fin de semana entero sea solo para devorarnos la una a la otra… sin que ella se entere de nada. Quiero despertarme con tu coño en la cara, follarte en cada habitación, que me dejes la nevera marcada con tus pezones. ¿Aceptas ser mi puta exclusiva hasta que se acabe el tiempo?

Aisha sonrió, todavía temblando, y le chupó el labio inferior con lentitud deliberada, ya pensando en la siguiente ronda.

Aisha no contestó con palabras. Se limitó a morderle el labio inferior a Noelle con más fuerza, hasta que el sabor metálico de un pequeño arañazo se mezcló con el resto de jugos, y después la empujó de espaldas otra vez contra el suelo frío de la cocina. El mármol de la isla todavía goteaba detrás de ellas. Las tetas pesadas de Noelle se aplastaron bajo el pecho firme de la chica de veinticuatro años; los pezones duros se rozaron y ambas gemeron al mismo tiempo.

—Acepto —susurró Aisha contra su boca—. Quiero que me uses hasta que no me queden jugos. Quiero que me dejes el coño rojo e hinchado. Y quiero chuparte el culo mientras te meto la lengua hasta el fondo.

Noelle sintió un calambre bajo el vientre. Se agarró a las caderas jóvenes y las hizo girar, rodando hasta quedar encima. El coño peludo y empapado de la madre se frotó contra el afeitado de Aisha; el clítoris de cuarenta y dos años golpeó el de veinticuatro con un chapoteo obsceno.

—Entonces cállate y ábrete —ordenó Noelle, la voz ronca—. Voy a follarte como se folla a una puta que lleva años tosiendo con la cara de su mejor amiga.

Se levantó a medias, se sentó a horcajadas sobre el pecho de Aisha y le acercó el coño a la boca. Los labios hinchados y el pelo oscuro, pegado de jugos, le taparon la nariz a la chica. Aisha no dudó: abrió la boca de par en par y se la clavó entera. La lengua se metió de lleno, lamiendo desde el agujero hasta el clítoris, chupando los labios, metiendo la punta dentro y sacándola con un ruido asqueroso de succión. Noelle se meció hacia delante, frotándose la cara contra esa lengua joven y hambrienta.

—Así… joder, trágatelo… come mi coño maduro, zorra… mira cómo te lo embadurno…

Aisha se atragantaba y se corría al mismo tiempo. Los sonidos eran sucios: gluglú, chupeteo, jadeos mojados. Las manos de Noelle le agarraron el pelo y la mantuvieron pegada mientras se corrían los jugos por la barbilla de la chica, le bajaban por el cuello y le manchaban las tetas firmes. Aisha se retorcía debajo, frotándose las piernas una contra otra, el clítoris hinchado y desatendido.

Noelle se bajó de golpe, se dio la vuelta y se plantó a cuatro patas sobre ella en 69. El culo redondo y pesado de la divorciada le cayó encima de la cara a Aisha; el coño le quedó justo encima de la boca y el agujero del culo le rozó la nariz. Al mismo tiempo, Noelle enterró la cara entre los muslos abiertos de Aisha y la lamió sin piedad.

—Chúpame el culo también —gruñó Noelle, la voz ahogada contra la carne—. Quiero sentirte la lengua dentro. Ahora.

Aisha obedeció. Separó los glúteos con las dos manos, abrió el agujero rosado con los pulgares y metió la lengua hasta donde pudo. El sabor era más intenso, más animal. La lamió en círculos, la embistió, la chupó. Noelle gemía y le devolvía el favor: dos dedos dentro del coño apretado de Aisha, lengua plana sobre el clítoris, chupando fuerte, follándola con la boca como si quisiera vaciarla.

Se corrieron casi juntas. Aisha primero, con un grito ahogado contra el culo de Noelle, el cuerpo entero temblando, un chorro que le salpicó la cara a la mayor. Noelle la siguió segundos después, contrayéndose alrededor de nada, el orgasmo largo y sucio que le hizo soltar un hilo de baba sobre el clítoris de Aisha.

No se detuvieron. Noelle se levantó, temblando, y arrastró a Aisha hasta la nevera. La puso de espaldas contra la puerta fría de acero. Las tetas de Aisha se aplastaron; los pezones se endurecieron más aún con el contraste de temperatura. Noelle se arrodilló otra vez, le abrió las piernas y le metió la lengua otra vez, más brutal. Al mismo tiempo le metió tres dedos de una tacada, curvándolos, golpeando ese punto esponjoso sin piedad.

—Mírame —exigió Noelle, la boca llena de jugos—. Mírame mientras te follo con la mano. Dime lo que eres.

—Soy tu puta —jadeó Aisha, los ojos vidriosos—. La puta de la madre de mi mejor amiga. Fóllame más duro… hazme correrme otra vez… quiero que me dejes marcada…

Noelle le chupó el clítoris hasta que Aisha gritó y se dobló sobre sí misma. Los jugos le chorrearon por la muñeca a Noelle. Cuando Aisha casi no podía tenerse en pie, la mayor la giró, la dobló sobre la encimera y le abrió el culo con las dos manos.

—Quédate quieta —ordenó.

Escupió sobre el agujero apretado y metió el pulgar. Aisha gimió largo y bajo. Noelle lo metió y lo sacó, lo metió más profundo, mientras con la otra mano le frotaba el clítoris hinchado y sensible. Luego cambió: dos dedos en el coño, el pulgar en el culo, follándola en tijera por detrás. El sonido era obsceno, chapoteo y carne.

—Te voy a destrozar el coño y el culo esta noche —prometió Noelle contra su oído—. Y mañana te voy a despertar con la lengua metida hasta el fondo. Y pasado mañana te voy a follar contra la cama de mi hija. ¿Te gusta la idea, zorra?

—Sí… joder, sí… fóllame… úsame…

Se corrió otra vez, las piernas fallándole del todo. Noelle la sostuvo, la giró y la besó con toda la suciedad que tenía en la boca: jugos de las dos, saliva, el gusto del culo. Aisha se la chupó la lengua como si quisiera limpiarla.

Subieron a la habitación de invitados dejando un rastro de ropa y de fluidos. En la cama grande Noelle se tumbó de espaldas, se abrió de piernas y se tocó el coño peludo frente a Aisha.

—Siéntate encima. Quiero que me cabalgues el muslo hasta que me dejes un charco. Y después te sientas en mi cara otra vez y me ahogas.

Aisha obedeció. Se montó a horcajadas sobre el muslo grueso y firme de Noelle y se frotó como una perra en celo: adelante, atrás, el clítoris rozando la piel suave y sudada, los labios abiertos pintando un camino brillante. Se tocaba las tetas, se pellizcaba los pezones, miraba a Noelle a los ojos.

—Tu muslo me está follando… joder, qué rico… me voy a correr otra vez solo con esto…

Cuando se corrió, el chorro le mojó el muslo y la cadera a Noelle. Entonces se arrastró hacia arriba y se plantó en la cara de la mayor. Se sentó con todo el peso. Noelle abrió la boca y se la comió sin aire, lamiendo, chupando, metiendo la lengua lo más hondo que pudo mientras Aisha se frotaba en círculos violentos. Las tetas de la chica rebotaban; los gemidos se le salían rotos.

—Cómeme… trágatelo todo… soy tu puta exclusiva… solo tuya hasta el domingo…

Noelle la agarró por el culo y la obligó a aplastarla más. Se corrió otra vez debajo, el orgasmo sacudiéndole las tetas pesadas, el grito ahogado entre los labios vaginales de Aisha. Cuando Aisha se bajó, las dos estaban hechas un desastre: caras brillantes, cuellos manchados, muslos resbaladizos, pezones doloridos de tanto pellizcarse.

Se tumbaron de lado, enredadas, las piernas todavía cruzadas, los coños rozándose con suavidad perezosa. Noelle le lamió una gota de sudor del pecho a Aisha. Aisha le chupó un pezón oscuro y pesado, tirando de él con los dientes hasta hacerlo doler rico.

Pasaron la noche así: follándose despacio y luego salvaje, una encima de la otra, de lado, de rodillas, Noelle montando la cara de Aisha hasta quedarse sin voz, Aisha metiéndole cuatro dedos y haciéndola squirt contra las sábanas. Al amanecer estaban exhaustas, olorosas a sexo, con moretones suaves en muslos y culos, el pelo pegado a la frente.

El sol entraba por la ventana. Aisha se despertó primero, se arrastró entre las piernas abiertas de Noelle y le dio un lengüetazo lento al coño hinchado y sensible. Noelle despertó con un gemido largo.

Pasaron el sábado entero en la casa. En la ducha, bajo el agua caliente, Noelle la empujó contra azulejos y le comió el culo de rodillas mientras Aisha se tocaba el clítoris. En el sofá del salón se frotaron en tijera hasta dejarse un charco en el cuero. En la cocina otra vez, Aisha se sentó en la encimera y Noelle le metió una zanahoria pelada y fría mientras le chupaba el clítoris; Aisha se corrió gritando y después le devolvió el favor con los dedos y la lengua.

El domingo por la tarde, cuando el reloj marcaba que la hija volvería en tres horas, estaban otra vez en la cama de invitados. Sudadas, temblando, los cuerpos marcados de chupetones y arañazos. Noelle tenía la cara enterrada entre los muslos de Aisha, lamiéndola despacio, saboreando el último corrimento del fin de semana. Aisha le acariciaba el pelo castaño con dedos flojos.

Cuando Noelle subió a besarla, el sabor de las dos se mezcló otra vez. Se miraron a los ojos. El hambre seguía ahí, latente, peligrosa.

Aisha le pasó la lengua por el labio inferior, todavía hinchado de tantos mordiscos, y habló con la voz ronca y satisfecha, mirándola fijamente:

—La próxima vez que tu hija se vaya de viaje… ¿me dejas follarte en su cama mientras me gritas que soy tu puta secreta?

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