Written by AIEvery story here is written by an AI. Tell it what you want and it writes it for you →
Ask the writer →

Desnudos y Sin Vergüenza en el Hotel de Escala

Dos ejecutivos adultos, Roman y Trent, se follan salvajemente y sin vergüenza en la piscina nudista de un hotel de Madrid.

11 min read October 12, 2026New

El ascensor del hotel lujoso de Madrid olía a mármol frío y a perfume caro cuando las puertas se abrieron en el piso dieciocho. Roman, ejecutivo de treinta y dos años con el traje aún ceñido al cuerpo atlético después de una jornada de reuniones interminables, entró sin mirar y se quedó quieto al ver al hombre que ya ocupaba la cabina. Trent, piloto de veintiocho, musculoso, la camisa de la aerolínea abierta en el cuello, el pelo oscuro todavía revuelto por el vuelo transatlántico que acababa de aterrizar, lo miró de arriba abajo con una desfachatez que no intentó disimular.

—Buenas noches —dijo Trent, la voz grave, ronca de cansancio y de otra cosa que Roman reconoció al instante.

Roman sostuvo la mirada. Sus ojos claros se clavaron en la boca de Trent, en la línea de la mandíbula, en el bulto apenas perceptible bajo el pantalón de uniforme. El deseo le subió caliente por la espalda.

—Escala nocturna —murmuró Roman—. Yo también.

Las puertas se cerraron. El ascensor bajó en silencio denso. Trent no apartó la vista. Roman tampoco. Cuando Trent se pasó la lengua por el labio inferior, Roman sintió cómo se le endurecía la polla contra la tela del traje.

—La piscina climatizada está abierta toda la noche —dijo Trent, como si comentara el tiempo—. Aquí la regla es bañarse desnudos. Sin vergüenza.

Roman sonrió, lenta, hambrienta.

—Entonces bajamos juntos.

Salieron del ascensor y cruzaron el vestíbulo casi vacío. El agua de la piscina interior brillaba bajo luces tenues, azuladas, vapor subiendo en hebras suaves. Nadie más. Roman se quitó la chaqueta, la camisa, el cinturón, los pantalones, los calzoncillos, sin prisa, dejando que Trent lo mirara. El cuerpo de Roman era firme, pecho definido, abdomen marcado, la verga ya semierecta balanceándose pesada entre las piernas. Trent se desnudó con la misma naturalidad: hombros anchos, pectorales duros, abdominales tallados, y una polla gruesa que se iba hinchando a ojos vista, la cabeza rosada y brillante.

Entraron al agua caliente. Nadaron despacio, rozándose casi sin querer. Las miradas se volvieron explícitas: Roman miraba la polla de Trent cuando salía del agua al dar una brazada; Trent miraba el culo tenso de Roman al girarse. El calor del agua no era nada comparado con el que les subía por la sangre.

Trent se acercó con una sonrisa lobuna, el pelo mojado pegado a la frente. Su mano salió del agua y se posó en el pecho de Roman, dedos abiertos sobre el pezón duro, acariciando con deliberada lentitud.

—Llevas toda la noche mirándome la boca —susurró Trent—. Y yo mirándote la polla.

Roman no contestó con palabras. Su mano bajó bajo el agua, encontró la verga ya completamente dura de Trent y la agarró con fuerza, el pulgar rozando la cabeza húmeda. Trent soltó un jadeo bajo.

—Cuánto llevo fantaseando con follarme a un desconocido exactamente como tú —confesó Roman contra la oreja de Trent, la voz caliente, rota—. Un puto piloto musculoso, recién aterrizado, con esa cara de que se la traga entera. Te juro que desde que te vi en el ascensor solo pienso en metértela hasta el fondo o en que me la metas a mí.

Trent gruñó, atrapó la nuca de Roman y lo besó con lengua agresiva, chupándole la boca, mordiéndole el labio. Se masturbaban mutuamente bajo el agua, puños apretados, ritmos rápidos y sucios. Las pollas se rozaban, calientes, hinchadas. Roman sentía el pre-semen de Trent untándole los dedos; Trent notaba cómo Roman se le ponía de piedra en la mano.

—No aguanto más —jadeó Trent—. Fuera. Ya.

Salieron del agua, chorreando, las vergas erectas apuntando al techo. En una tumbona ancha junto al borde, Roman empujó a Trent hasta sentarlo y se arrodilló entre sus muslos abiertos. Separó las nalgas firmes con las dos manos y metió la lengua profunda en el culo de Trent, lamiendo el agujero apretado con hambre voraz, empujando dentro, saboreando el sabor a cloro y a hombre. Trent arqueó la espalda, gemidos bajos escapándole de la garganta mientras Roman le masturbaba la verga gruesa con la mano libre, subiendo y bajando el prepucio, exprimiendo la cabeza.

—Joder, sí… cómeme el culo, guarro —escupió Trent entre dientes—. Así, más profundo. Chúpame ese agujero.

Roman obedeció, lengua enterrada, saliva resbalando por las bolas. Cuando Trent ya temblaba, lo agarró de los hombros y lo puso a cuatro patas sobre la tumbona. Roman se colocó detrás, escupió en la raya del culo, frotó la cabeza de su polla contra el agujero y empujó de un solo golpe brutal, hundiéndose hasta las bolas. Trent gritó un “puto” sofocado de placer. Roman empezó a follarlo con embestidas profundas y salvajes, caderas golpeando nalgas, la verga entrando y saliendo con sonidos húmedos y obscenos.

—Tómalo todo, puto piloto —gruñó Roman, una mano en la nuca de Trent, la otra agarrándole la cadera—. Qué culo más puta tienes. Se te abre de puta madre.

Trent empujaba hacia atrás, pidiendo más. Roman lo volteó de golpe a misionero salvaje, le abrió las piernas hasta casi partirlas y se lo volvió a clavar entero, follándolo sin piedad, mirándole a los ojos. Luego lo levantó, lo pegó de pie contra la pared de azulejos fríos y lo embistió de nuevo, una mano en la garganta sin apretar de verdad, la otra rodeándole la polla y masturbándola al ritmo de las embestidas.

—Puto… guarro… me vas a reventar el culo —gimeaba Trent, la frente apoyada en el azulejo—. Más fuerte. Métela hasta el fondo. Soy tu puto.

Roman le mordió el hombro y aceleró. Trent se corrió primero con un gemido gutural, chorros potentes saliendo a pulsos sobre la pared y sobre la mano de Roman, el culo contrayéndose alrededor de la polla que lo follaba. Roman no se detuvo. Unas embestidas más y se corrió dentro, profundo, llenándole el culo de semen caliente mientras gruñía “tómalo, guarro” contra la nuca de Trent.

Aún jadeando, Roman se arrodilló otra vez. Trent, temblando, se giró y le abrió la boca. Roman se sacó la polla del culo de Trent, todavía goteando, y se la metió en la boca a Trent, que chupó con ganas el semen mezclado con el sabor de su propio culo. Después Roman se masturbó rápido y se corrió en la boca abierta de Trent, chorros potentes que Trent tragó y lamió de los labios, de la barba corta, de la lengua.

Se limpiaron mutuamente con las lenguas: Roman lamió el resto de semen del pecho y del abdomen de Trent; Trent chupó los dedos de Roman y le limpió la polla con la boca hasta dejarla brillante. Se besaron saboreando el semen mezclado, lenguas lentas, sucias, compartiendo el gusto salado y espeso.

—Mi habitación —dijo Trent, la voz ronca, la polla aún semierecta, pesada entre las piernas—. Toda la noche. No he terminado contigo.

Roman asintió, la verga también a medio camino de volver a ponerse dura. Salieron de la zona de la piscina desnudos, sin toallas, sin vergüenza, cruzando los pasillos alfombrados del hotel con las pollas balanceándose, aún húmedas, aún hinchadas. Pasaron junto a un espejo y Roman miró el semen seco en el muslo de Trent; Trent miró las marcas rojas de dedos en las caderas de Roman.

—Esta escala no se acaba en la piscina —prometió Roman en voz baja, la mano rozando de nuevo el culo de Trent mientras subían las escaleras de servicio para no cruzarse con nadie—. Te voy a follar hasta que no puedas caminar mañana. Y tú me vas a abrir las piernas cada vez que yo diga.

Trent sonrió, lobuno otra vez, y empujó la puerta de su habitación. La luz interior era tenue. Roman entró detrás de él, la puerta se cerró con un clic suave, y el aire entre los dos volvió a cargarse de esa misma electricidad brutal del ascensor, solo que ahora sabían exactamente a qué sabía el otro y cuánto más querían.

Roman empujó la puerta con el hombro y la cerró de un golpe seco con el talón. La habitación olía a sábanas limpias y a la colonia residual de Trent. No hubo preámbulos. Trent lo agarró por la nuca y lo besó como si quisiera devorarle la lengua, dientes rozando labios, saliva compartida ya salada por el semen de la piscina. Roman respondió con igual violencia, manos abiertas sobre el culo firme del piloto, dedos hundiéndose entre las nalgas todavía resbaladizas de saliva y corrida.

—Quiero tu polla dentro —gruñó Trent contra su boca—. Ahora. Quiero sentir cómo me abres otra vez y después quiero abrirte yo a ti hasta que grites.

Roman lo empujó hacia la cama king-size. Trent cayó de espaldas, piernas abiertas, la verga ya otra vez dura y gruesa golpeándole el abdomen. Roman se trepó encima, frotó su propia polla contra la de Trent, pre-semen untándose entre los dos, caliente y resbaladizo. Se besaron sucio, lenguas luchando, mientras Roman bajaba la mano y le metía dos dedos de golpe en el culo aún dilatado y lleno de su propia lefa.

—Todavía estás abierto y lleno de mí —jadeó Roman—. Qué puta más perfecta.

Trent arqueó la espalda y empujó contra los dedos.

—Métela. Folllame otra vez antes de que yo te destroce el culo a ti.

Roman escupió en su palma, se untó la polla y se hundió de un solo empujón brutal. El calor apretado lo envolvió hasta las bolas. Trent gritó un “joder, sí” ronco y Roman empezó a embestirlo sin piedad, caderas chocando, el sonido húmedo y obsceno llenando la habitación. Cada embestida sacaba un gemido gutural de Trent. Roman le agarró las muñecas y se las pinó contra el colchón, follándolo profundo, mirándole a los ojos claros mientras le decía:

—Eres mi puto de escala. Esta noche este culo es mío. Mañana caminarás raro y sabrás por qué.

Trent se corrió sin que nadie le tocara la polla, chorros espesos salpicándole el pecho y la barbilla. El culo se le contrajo en espasmos alrededor de la verga de Roman, que aceleró y se vació otra vez dentro, gruñendo, llenándolo hasta que el semen le rebosó por los muslos.

Apenas Roman se retiró, goteando, Trent lo volteó con fuerza bruta. Ahora era él quien mandaba. Empujó a Roman bocabajo, le separó las nalgas con las dos manos y le clavó la lengua en el agujero virgen de esa noche. Roman maldijo contra la almohada, dedos aferrando las sábanas, mientras Trent lo comía con hambre voraz: lengua profunda, chupones en el anillo, saliva chorreando hasta las bolas. Cuando Roman temblaba y empujaba hacia atrás pidiendo más, Trent se incorporó, escupió generosamente, alineó su polla gruesa y empujó.

La cabeza abrió el esfínter con una quema deliciosa. Roman soltó un gemido largo, animal. Trent no se detuvo hasta estar enterrado hasta las bolas, el pubis pegado al culo de Roman.

—Tómalo todo, ejecutivo de mierda —susurró Trent al oído, voz rota de placer—. Qué culo más puto y apretado tienes. Se te va a quedar marcado el shape de mi polla.

Empezó a follarlo con embestidas largas y salvajes. Roman gritaba “más fuerte, más hondo”, empujando hacia atrás para recibirlo entero. Trent le agarró el pelo, le torció la cabeza y lo besó torcido mientras le reventaba el culo. Cambió de ángulo, encontró la próstata y martilleó ahí sin piedad. Roman se corrió contra las sábanas con un alarido, el culo exprimiendo la verga de Trent en oleadas.

Trent no paró. Lo levantó, lo puso de pie contra el ventanal que daba a Madrid nocturna, luces de la ciudad parpadeando abajo. Lo embistió de pie, una mano en la garganta, la otra masturbándole la polla ya sensible. Roman gemía contra el cristal, aliento empañando el vidrio, piernas temblando.

—Vas a correrme dentro otra vez —ordenó Roman—. Quiero sentir cómo me llenas.

Trent aceleró, bolas golpeando, y se vació profundo con un gruñido gutural, pulsaciones calientes inundando a Roman. Se quedaron así un momento, unidos, sudorosos, respirando el mismo aire cargado de sexo.

Se movieron a la ducha sin separar del todo las manos. Bajo el agua caliente se limpiaron con las lenguas otra vez: Roman de rodillas chupándole a Trent la polla todavía sensible, saboreando su propio sabor mezclado con el semen fresco. Trent lo levantó, lo pegó a la pared de mármol y lo folló despacio, casi tierno de lo intenso que era, mirándole a los ojos mientras le decía lo guarro que era, lo bien que apretaba, lo mucho que quería volver a follárselo en cada escala.

Volvieron a la cama chorreando. Se tumbaron de lado, piernas entrelazadas, pollas blandas pero todavía pesadas entre ellos. Se masturbaron mutuamente con lentitud perezosa, compartiendo besos perezosos y sucios, hasta que ambos se corrieron otra vez en las manos del otro, gemidos bajos, cuerpos agotados. Roman lamió los dedos de Trent. Trent chupó los de Roman. Se rieron bajito, esa risa de dos hombres que se han comido enteros y todavía quieren más.

La noche se estiró en rondas más lentas y más profundas: Trent montando a Roman a horcajadas, rebotando sobre su polla hasta corrérsele otra vez en el pecho; Roman comiéndole el culo hasta que Trent pedía por favor que lo follara otra vez; los dos en 69, chupándose hasta el límite, tragando, lamiendo, sin vergüenza ninguna. Cada embestida, cada chupetón, cada “puto guarro” y cada “sí, ábreme más” era un escalón más alto. El aire de la habitación se volvió denso de semen, sudor y cloro residual. Las sábanas acabaron hechas un desastre. Ninguno se quejó.

Cuando la primera luz grisácea de Madrid se filtró por las cortinas, estaban tendidos de espaldas, pechos subiendo y bajando, muslos marcados de dedos, cuellos con chupetones oscuros. La polla de Roman descansaba pesada contra su cadera. La de Trent, igual. Se giraron el uno hacia el otro. Roman le rozó la mandíbula con los nudillos.

—Toda la noche y todavía se me pone dura solo de mirarte —admitió con la voz ronca.

Trent sonrió, esa misma sonrisa lobuna del ascensor, y le rodeó la cintura con un brazo fuerte.

—Mi vuelo sale a las once. Tengo tres horas. Úsame otra vez.

Roman se subió encima, despacio esta vez, y se dejó caer sobre la polla de Trent hasta sentarse hasta el fondo. Empezaron a moverse juntos, lentos, profundos, mirándose, besándose entre embestidas. El placer era más denso, más íntimo, casi peligroso de lo bueno que sabía. Roman se corrió sin tocarse, solo con la fricción interna. Trent lo siguió segundos después, llenándolo una vez más, agarrándole las caderas con fuerza hasta dejar nuevas marcas.

Se desplomaron. El silencio de la habitación solo se rompía por la respiración entrecortada. Roman pasó la lengua por el pezón de Trent, saboreando la sal. Trent le acarició el pelo húmedo.

Cuando por fin Roman se levantó a buscar agua, vio el maletín de Trent abierto sobre el escritorio: documentos de la aerolínea, un tarjetón de embarque, y debajo, a medio esconder, una carpeta con el logo de la empresa de Roman y una nota manuscrita. Volvió a la cama con dos botellas, se las tendió, y se sentó a horcajadas otra vez solo para sentir el semen de Trent resbalarle por el muslo.

Trent lo miró con los ojos entrecerrados, satisfecho, y soltó la frase que lo cambió todo mientras le acariciaba el pecho todavía sudado:

—Menos mal que aceptaste bajar a la piscina, Roman… si no, mi padre hubiera tenido que inventar otra excusa para que el nuevo dueño de su aerolínea y yo nos conociéramos de verdad antes de la fusión de mañana.

Rate this story

★★★★★
Thanks for rating
¿Algo falla en esta historia?
Patrocinado

Gente real en cam, ahora mismo.

Mira gratis. Sin tarjeta, sin registro.

Ver en directo →
Enlace patrocinado. Solo +18.
Tagged rimming rough-sex anal creampie dirty-talk

Fresh filth, nightly

The best new stories in your inbox every morning. Free, 18+, unsubscribe anytime.