Sofía se abre en el jacuzzi.
priya cabalga el culo de cody en el jacuzzi.
Sofía se hundió un poco más en el agua burbujeante del jacuzzi, sintiendo cómo el calor le abría cada poro de la piel. La cabaña olía a pino húmedo y a la loción de coco que se había puesto esa mañana. Tenía veinticuatro años y el bikini negro, apenas dos tiras de tela, se le pegaba a los pechos como si hubiera nacido ahí. Cody, su novio de veintiocho, estaba sentado detrás de ella con las piernas abiertas; ella se acomodó justo entre ellas y dejó que su espalda descansara contra su pecho amplio.
—Llevo semanas pensando en esto —susurró, girando apenas la cabeza para que su aliento le rozara la mandíbula—. En que me folles el culo. En serio, Cody. Me despierto mojada imaginándome cómo se siente tu polla abriéndome ahí atrás.
Él no respondió con palabras al principio. Solo soltó un gruñido bajo y posó las manos en sus caderas. Sofía empezó a moverse con deliberada lentitud, frotando el redondo y firme culo contra la erección que ya tensaba el bañador de él. Sentía el grosor, el calor, incluso a través de la tela mojada. Cada círculo de sus nalgas hacía que la polla de Cody saltara un poco más, y a ella se le endurecieron los pezones bajo el diminuto top.
—Joder, Sofía… —murmuró él contra su oreja, y entonces sí la besó: labios abiertos, lengua caliente recorriéndole el lateral del cuello, mordiscos suaves que le erizaron la nuca—. Dime otra vez. Quiero oírlo.
Ella empujó el culo hacia atrás con más fuerza, sintiendo cómo la tela del tanga se le metía entre las nalgas.
—Quiero que me la metas entera por el culo. Que me prepares despacio y después me la destroces. Llevo fantaseando con tu leche chorreándome por dentro desde que llegamos.
Las manos de Cody bajaron. Con dos dedos enganchó el elástico del tanga y lo corrió hacia un lado, dejando al aire el agujero rosado y apretado que se contraía con cada burbuja que subía. Empezó a acariciarlo en círculos lentos, apenas rozando el anillo sensible. Sofía arqueó la espalda y gimió, un sonido ronco que se perdió entre el rumor del agua.
—Ahí… sí, así —jadeó ella—. Mételo. Prepárame bien, por favor. Quiero sentirlo todo. Cada centímetro. No me trates como si fuera de cristal.
Cody alargó el brazo hacia la botella de lubricante que habían dejado en el borde de piedra, previsores. El líquido frío le hizo soltar un escalofrío cuando él lo dejó caer justo sobre el ano. Un dedo grueso y paciente empujó. Sofía apretó los dientes y luego soltó el aire, empujando hacia atrás para facilitar la entrada. El dedo se hundió hasta el nudillo; ella lo sintió girar, explorar, estirar con suavidad.
—Tan jodidamente apretado —dijo él, la voz engrosada—. Vas a chuparme la polla con este culo.
Añadió un segundo dedo. El ardor dulce la hizo gemir más alto. Los dos dedos entraban y salían, tijereteando un poco, abriéndola. Sofía se masturbaba el clítoris con prisa, el agua salpicando a su alrededor. El deseo le nublaba la cabeza; cada embestida de aquellos dedos le enviaba descargas directas al coño, que ya goteaba.
Cuando no pudo más, se incorporó temblando y se puso a cuatro patas sobre el borde ancho del jacuzzi. El aire de la noche le rozó la piel mojada. Su culo brillaba con el lubricante bajo la luz cálida de las lámparas; las nalgas abiertas, el agujero hinchadito y aceiteado, ofreciéndose sin vergüenza.
—Mira cómo te lo pongo —dijo, mirándolo por encima del hombro—. Métemela. Despacio primero. Quiero sentir cómo me la abres.
Cody se quitó el bañador de un tirón. Su polla gruesa y venosa palpitaba, la cabeza ya brillante de precum. Se colocó detrás, alineó la punta contra el ano resbaladizo y empujó. Sofía soltó un gemido largo, guttural, mientras el glande vencía la resistencia y se hundía centímetro a centímetro. El estiramiento era intenso, casi demasiado; ardió y luego se transformó en una plenitud que le hizo cerrar los ojos con fuerza.
—Hostia… qué grande… —balbuceó ella—. Sigue. No pares.
Él avanzó hasta que las caderas le tocaron las nalgas. Se quedó quieto un segundo, dejando que ella se acostumbrara, y después empezó a moverse: embestidas profundas y controladas, sacando casi toda la verga para volver a enterrarla hasta el fondo. Sofía se masturbaba el coño con dedos rápidos, el agua del jacuzzi chapoteando contra sus muslos cada vez que Cody la empujaba hacia delante.
—Más duro —pidió, la voz rota—. Dámelo más fuerte. Fóllame el culo como si fuera mío para destrozar.
Cody agarró sus caderas con fuerza y aceleró. El sonido húmedo de la polla entrando y saliendo del culo lubricado llenó la terraza. Sofía gemía sin freno, pidiendo más, empujando hacia atrás para encontrarse con cada embestida. Cuando sintió que el orgasmo se le acercaba demasiado pronto, se incorporó un poco y lo miró con ojos vidriosos.
—Siéntate. Quiero cabalgarte.
Cody se recostó en el borde interior del jacuzzi, el agua hasta la cintura, la polla apuntando al cielo, brillante de lubricante y de los jugos de ella. Sofía se giró, le dio la espalda un instante y después se montó a horcajadas al revés, en amazona invertida, guiando la verga otra vez hacia su ano. Se dejó caer despacio, gimiendo cuando el grosor la volvió a abrir del todo, y entonces empezó a cabalgar: movimientos circulares de cadera, rápidos y precisos, subiendo y bajando mientras se tocaba el clítoris con dos dedos.
—Mírame cómo te uso el culo —jadeó, mirándolo por encima del hombro—. Está tan lleno… me voy a correr.
Las contracciones la pillaron de sorpresa. El orgasmo le sacudió el vientre con violencia; el ano se le cerró rítmicamente alrededor de la polla de Cody, exprimiéndola, ordeñándola. Ella gritó su nombre, el cuerpo temblando, el coño chorreando sobre el agua. Cody no aguantó más. Agarró sus nalgas, la empujó hacia abajo una última vez y se corrió con un gemido gutural, disparando chorros calientes de leche densa que le llenaron el culo hasta rebosar. Sofía lo sintió todo: el pulso, el calor espeso que le subía por dentro, el goteo que ya le bajaba por el perineo hacia el agua.
Después del clímax se quedaron así, unidos. Cody la abrazó desde atrás, todavía enterrado hasta las pelotas en su ano sensible, y le besó la columna, los omóplatos, el hueco de la nuca. Sofía suspiró, satisfecha y floja, la cabeza apoyada en el hombro de él.
—No me saques todavía —pidió en un hilo de voz—. Me gusta sentirte ahí.
Lentamente, cuando el temblor les pasó, se separaron. La polla de Cody salió con un suave sonido húmedo y un hilillo de semen le resbaló por la nalga a Sofía. Él la ayudó a girarse y, con una mano cuidadosa, usó el agua tibia del jacuzzi para limpiarle el culo: dedos suaves, sin prisa, lavando los restos de lubricante y leche mientras le besaba la boca con ternura.
El beso se alargó, profundo, languideciendo. Sofía le mordió el labio inferior y sonrió contra su boca.
—Esto… —susurró, todavía con la respiración irregular— no ha sido suficiente. Hay algo más que quiero probar contigo esta noche. Algo que llevo guardándome.
Cody la miró, la ceja arqueada, la polla todavía semidura rozándole el muslo bajo el agua. El vapor subía entre los dos. A lo lejos, entre los árboles, una luz distinta parpadeó un segundo en la cabaña vecina, y Sofía no apartó la vista de inmediato.
Sofía no apartó la vista de aquella luz parpadeante entre los árboles. El vapor del jacuzzi le cubría los pechos, los pezones todavía duros por el orgasmo reciente, y sintió la polla de Cody recuperar firmeza contra su muslo. Él la observaba con esa mezcla de hambre y curiosidad que ella conocía tan bien.
—¿Qué es lo que guardas, Sofía?
Ella se lamió los labios, saboreando todavía el semen salado que le había subido un poco a la garganta con el beso. Con una mano le rodeó la verga bajo el agua y la acarició despacio, sintiendo cómo latía otra vez.
—Priya. La de al lado. Lleva semanas mirándonos desde su terraza cuando pensábamos que no había nadie. Anoche le mandé un mensaje. Le dije que esta noche el jacuzzi estaba abierto… y que tú estabas dispuesto a que te abran el culo también.
Cody soltó una risa baja, incrédula, pero su polla saltó entre los dedos de ella.
—¿Quieres que me folle el culo una tía?
—Quiero ver cómo te abre. Quiero que te corras mientras ella te cabalga el culo y yo te chupo los huevos. ¿Me dejas?
Él la besó con fuerza, lengua profunda, y murmuró contra su boca:
—Tráela.
Sofía no tuvo que gritar. Bastó con levantar la mano y hacer un gesto corto. La luz de la cabaña vecina se apagó. Unos minutos después se oyó el crujido de las hojas húmedas y Priya apareció entre los pinos, envuelta solo en una toalla blanca que se le pegaba a las curvas. Tenía veintiséis años, piel morena brillante de aceite de coco, pechos pesados y un culo redondo que se movía con cada paso. Se detuvo al borde del jacuzzi, sonriendo con los labios pintados de un rojo oscuro que el vapor ya empezaba a derretir.
—Llegáis temprano —dijo, dejando caer la toalla. Estaba completamente desnuda. El vello del pubis, recortado en una franja fina, brillaba con gotas de sudor o de ducha. Se metió en el agua sin prisa, el calor subiéndole por las piernas, y se situó frente a ellos—. Sofía me contó lo que queréis. Cody… ¿de verdad me vas a dejar tu culo?
Cody se recostó contra el borde de piedra, las piernas abiertas, la polla ya dura otra vez apuntando hacia arriba. Sofía se colocó a su lado, una mano todavía en la verga de él, la otra bajando a acariciar el pecho de Priya, pellizcándole un pezón oscuro hasta hacerlo erizarse.
—Se lo merece —susurró Sofía—. Míralo. Todavía tiene restos de mi leche en la base. Prepáralo bien.
Priya se acercó entre las piernas de Cody. El agua le llegaba a la cintura. Bajó la cabeza y lamió primero la polla, de la base a la punta, recogiendo el sabor mezclado de lubricante y semen de Sofía. Cody gimió y apoyó la cabeza hacia atrás. Priya no se detuvo ahí: le levantó las piernas, apoyándole los talones en el borde del jacuzzi, dejando al aire sus huevos y el agujero rosado y fruncido que se contraía con cada burbuja. Sofía le pasó la botella de lubricante. Priya echó un chorro generoso justo sobre el ano de Cody; el líquido frío le hizo arquearse y soltar un «joder» ronco.
—Relájate —ordenó Priya con voz suave pero firme—. Voy a abrirte despacio. Quiero que sientas cada dedo antes de que te monte.
Un dedo índice, fino y hábil, empujó. Cody apretó la mandíbula; Sofía le besó la boca para distraerlo mientras el dedo de Priya se hundía hasta el nudillo, girando, buscando. El anillo se resistió un segundo y después cedió. Priya lo sacó y volvió a entrar con dos dedos, tijereteando, abriéndolo con paciencia cruel. El agua chapoteaba. Cody respiraba agitado, la polla goteando precum que Sofía recogía con la lengua.
—Hostia… arde… pero no pares —jadeó él.
Priya añadió un tercer dedo. El estiramiento era visible: el ano de Cody se abría alrededor de aquellos dedos morenos, aceitados, que entraban y salían con un sonido húmedo y obsceno. Sofía se masturbaba el clítoris con prisa, mirando hipnotizada cómo el culo de su novio se adaptaba, cómo se hinchaba y se rendía. Priya se inclinó y le lamió los huevos al mismo tiempo, chupándoselos uno a uno mientras los dedos follaban más profundo, buscando la próstata. Cuando la encontró, Cody dio un respingo y gritó; un chorro claro salió de la punta de su polla sin que nadie lo tocara.
—Ahí está —rió Priya—. Ya está listo para que lo cabalgue.
Se incorporó. Del borde del jacuzzi sacó un arnés negro que había traído envuelto en la toalla: una verga de silicona gruesa, curva, del color de la piel, bien lubricada. Se lo ajustó alrededor de las caderas con movimientos seguros. Sofía le ayudó a apretar las hebillas, rozándole el culo con los dedos, metiéndole uno de regalo. Priya gimió y le devolvió el gesto con un beso sucio, lengua y dientes.
Cody seguía con las piernas abiertas, el culo expuesto, brillante de aceite. Priya se colocó entre ellas, alineó la punta del dildo contra el agujero dilatado y empujó. El glande de silicona venció la resistencia. Cody soltó un gemido largo, guttural, mientras centímetro a centímetro la verga falsa lo llenaba. Sofía no apartaba la vista: veía cómo el anillo de su novio se estiraba alrededor del grosor, cómo absorbía aquella polla artificial hasta que las caderas de Priya tocaron las suyas.
—Tan jodidamente apretado —susurró Priya, empezando a moverse—. Me vas a ordeñar el arnés con este culo.
Empezó a cabalgarlo. Movimientos profundos, precisos, sacando casi toda la longitud para volver a enterrarla de un solo golpe. El agua salpicaba. Cody se aferraba al borde de piedra, los ojos cerrados, la boca abierta. Cada embestida le hacía rebotar la polla contra el vientre. Sofía se arrodilló a su lado dentro del jacuzzi y le bajó la cabeza: le chupó la verga entera de un golpe, tragando hasta la base mientras Priya le destrozaba el culo con ritmo creciente. El sabor de precum y sal le llenó la boca. Podía sentir las contracciones del ano de Cody a través de la forma en que su polla latía contra su lengua.
—Más fuerte —pidió Cody, la voz rota—. Fóllame el culo como si fuera tuyo.
Priya agarró sus muslos y aceleró. El sonido húmedo de la silicona entrando y saliendo se mezclaba con los gemidos de los tres y el rumor constante de las burbujas. Sofía se separó un segundo solo para hablarle al oído a Cody:
—Mira cómo te usa. Mírala cabalgándote el culo. ¿Te gusta que te abran así delante de mí?
Él solo pudo asentir, temblando. Priya cambió el ángulo, buscando otra vez la próstata, y Cody gritó. Sofía volvió a engullirle la polla, esta vez dejando que él le follara la garganta con embestidas cortas mientras el dildo le reventaba el ano. Priya se inclinó hacia adelante, pechos rozando el pecho de Cody, y le mordió el cuello.
—Voy a correrme solo de follarte —jadeó ella—. Tu culo me está chupando tan rico…
Sofía metió dos dedos en su propio coño y se folló a sí misma al mismo ritmo. El orgasmo la rozaba otra vez, pero lo contuvo; quería ver a Cody romperse primero. Priya embistió más hondo, más rápido, las nalgas chocando contra las de él con chapoteos rítmicos. Cody arqueó la espalda, los huevos subiendo, y Sofía sintió la primera sacudida contra su lengua.
—Me corro… joder, me corro con el culo lleno…
Chorros densos le llenaron la boca a Sofía. Ella se los tragó todos, chupando sin parar mientras el ano de Cody se contraía violentamente alrededor del dildo de Priya, ordeñándolo. Priya no se detuvo: siguió cabalgándolo a través del orgasmo, alargándolo, hasta que Cody gimió de sobrestimulación y ella misma tembló, frotándose el clítoris contra la base del arnés hasta correrse con un grito ahogado, el cuerpo sacudido sobre él.
Se quedaron unidos un momento, jadeando. El agua del jacuzzi olía ahora a sexo, a lubricante y a sudor. Priya sacó el dildo despacio; el ano de Cody quedó abierto un segundo, rojizo e hinchado, antes de cerrarse con un leve temblor. Sofía lamió la base de la polla de él, recogiendo las últimas gotas, y después se giró hacia Priya y le besó la boca, compartiendo el sabor de semen.
Cody todavía respiraba entrecortado, las piernas flojas, pero la mirada que les dirigió a las dos era de puro deseo renovado.
—No hemos terminado —dijo Sofía, la voz ronca, pasándose un dedo por el ano propio todavía sensible—. Priya… ahora te toca a ti abrirte para nosotros. Y Cody todavía tiene leche que dar. Quiero veros a los dos follándome al mismo tiempo antes de que amanezca.
Priya sonrió, se quitó el arnés con manos temblorosas y se acomodó entre ellos, el agua cubriéndoles hasta el pecho. A lo lejos, entre los pinos, el cielo empezaba a aclararse apenas, pero ninguno de los tres miró hacia arriba. Las manos ya buscaban piel nueva, agujeros nuevos, y la noche todavía les debía el resto.
Sofía se giró en el agua y atrajo a Priya hacia sí, las piernas abiertas alrededor de las caderas de la otra mujer. El calor del jacuzzi les subía por la piel mojada; los pezones de Priya, oscuros y duros, rozaron los de Sofía y ambas soltaron un suspiro compartido. Cody las observaba desde el borde, todavía con el culo sensible y la polla recuperando dureza bajo la superficie. Sofía le pasó la botella de lubricante sin dejar de mirar a Priya a los ojos.
—Ábrete para nosotros —susurró contra su boca—. Quiero verte dilatarte igual que yo. Quiero que Cody te prepare mientras yo te chupo el coño.
Priya asintió, la respiración ya agitada. Se puso a cuatro patas sobre el borde ancho de piedra, las nalgas redondas y brillantes alzadas hacia ellos, el agujero rosado frunciéndose con cada burbuja que subía. Sofía se arrodilló detrás dentro del agua y le separó las mejillas con ambas manos. El ano de Priya era más oscuro, apretado, y olía a coco y a deseo. Sofía le pasó la lengua primero: un trazo lento y plano desde el perineo hasta el anillo, empujando la punta apenas dentro. Priya gimió y empujó hacia atrás.
—Joder, sí… así —jadeó—. Métete la lengua. Ábreme.
Cody se colocó al lado, vertiendo lubricante generoso sobre el culo de Priya. El líquido frío le hizo arquearse. Entonces él metió un dedo grueso, lento, girando mientras Sofía le lamió alrededor, saboreando el aceite y la piel. El anillo cedió con un suave pop. Priya se mordió el labio y se masturbó el clítoris con prisa, el agua salpicando sus pechos pesados. Cody añadió un segundo dedo; tijereteó, estiró, buscó profundidad. Sofía metió la lengua junto a aquellos dedos, lamiendo el interior dilatado, sintiendo cómo el culo de Priya se abría y se contraía alrededor de ellos.
—Tan caliente… tan listo —murmuró Sofía, la voz ronca—. Vas a chuparnos las pollas con este agujero.
Priya temblaba. Cuando Cody metió el tercer dedo, ella gritó y se corrió de golpe: el coño le chorreó sobre el agua, el ano se cerró rítmicamente alrededor de los dedos de él, ordeñándolos. Sofía no le dio tregua. Empujó a Cody suavemente a un lado, se alzó y alineó dos de sus propios dedos lubricados contra el ano hinchado de Priya. Entró hasta el nudillo mientras le chupaba el clítoris con avidez, chupando, tirando, lamiendo en círculos. Priya se sacudió otra vez, el segundo orgasmo más corto y violento, el culo abierto y baboso, ofreciéndose sin vergüenza.
Cody no aguantó más. Se situó detrás de Sofía, que seguía a cuatro patas lamiendo a Priya, y le empujó la polla gruesa y venosa de un solo golpe hasta el fondo del coño. Sofía gritó contra el culo de Priya, el estiramiento súbito mandándole descargas directas al vientre. Él la folló con embestidas profundas y controladas, las caderas chapoteando, mientras ella seguía abriendo a Priya con los dedos y la lengua. El trío formaba un círculo sucio: Cody follando a Sofía, Sofía follando el culo de Priya con la boca y las manos, Priya gimiendo y empujando hacia atrás.
—Cambia —pidió Sofía, la voz rota de placer—. Quiero los dos. Ahora.
Se acomodaron con prisa. Sofía se recostó en el borde interior del jacuzzi, las piernas abiertas en V, el agua hasta la cintura. Cody se colocó entre ellas y le hundió la polla otra vez en el coño, embistiendo con fuerza, el glande rozándole el punto exacto que la hacía ver estrellas. Priya, todavía temblando del orgasmo, se arrodilló a un lado y le ofreció el arnés otra vez, pero Sofía negó con la cabeza.
—Sin arnés. Usa tus dedos. Ábreme el culo mientras él me folle el coño. Quiero sentirlos a los dos.
Priya sonrió, mojó tres dedos en lubricante y se los metió despacio a Sofía por detrás. El ardor dulce hizo que Sofía arquease la espalda y empujara hacia las dos invasiones. Cody la follaba el coño con ritmo creciente; Priya tijereteaba el ano, estirándola, preparándola. Cuando el tercer dedo entró del todo, Sofía gritó y se corrió: el coño se le cerró alrededor de la polla de Cody, el culo ordeñó los dedos de Priya, el chorro le salió a chorros calientes que se perdieron en el agua burbujeante. No pararon. Cody sacó la verga del coño goteante y la alineó contra el ano ya dilatado de Sofía. Empujó. El glande venció la resistencia; centímetro a centímetro se hundió hasta las pelotas. Sofía soltó un gemido largo, guttural, los ojos cerrados, sintiendo cómo la llenaba por completo otra vez.
—Hostia… qué grande… no pares —balbuceó.
Priya se montó a horcajadas sobre el pecho de Sofía, ofreciéndole el coño mojado a la boca. Sofía le chupó el clítoris con hambre mientras Cody le destrozaba el culo con embestidas profundas y húmedas. El sonido obsceno de la polla entrando y saliendo del ano lubricado llenó la terraza. Priya se frotaba contra la lengua de Sofía, gemía, y de vez en cuando se inclinaba para chupar los huevos de Cody o lamer la base de su polla cada vez que salía casi del todo. Cody agarró las caderas de Sofía y aceleró, follándola el culo como si fuera suyo para reventar.
—Más fuerte —pidió Sofía entre lametones—. Dámelo todo. Fóllame el culo y que Priya me ahogue con el coño.
Priya se sentó de verdad sobre la cara de Sofía, aplastándole la boca contra su abertura hinchada. Sofía se ahogó de placer, la lengua empujando dentro, lamiendo, chupando, mientras el culo se le abría y se cerraba alrededor de la verga de Cody. Él cambió el ángulo, buscó profundidad, y cada embestida hacía que Sofía gritará ahogada contra el coño de Priya. El orgasmo las pilló a las dos casi al mismo tiempo: Priya se sacudió, chorreando sobre la cara de Sofía; Sofía se contrajo violentamente alrededor de la polla de Cody, el ano ordeñándola, el vientre temblando. Cody gruñó, agarró más fuerte y se corrió dentro, disparando chorros densos y calientes que le llenaron el culo a Sofía hasta rebosar. El semen le bajó por el perineo, se mezcló con el agua, y Sofía lo sintió todo: el pulso, el calor espeso, la plenitud.
Se quedaron así un momento, jadeando, unidos. Cody todavía enterrado, Priya todavía sentada sobre la boca de Sofía, las tres respiraciones entrecortadas. Pero Sofía no los dejó descansar. Con un movimiento fluido empujó a Priya hacia atrás, se giró y se puso a cuatro patas otra vez, el culo goteando leche de Cody.
—Ahora tú —le dijo a Priya, la voz ronca—. Quiero que Cody te folle el culo mientras yo te chupo la polla a él. Y después… los dos a la vez. Quiero sentir una polla en el coño y otra en el culo antes de que amanezca. Los dos dentro. Juntos.
Cody sacó la verga del culo de Sofía con un sonido húmedo y un hilillo de semen. La polla seguía dura, brillante, lista. Priya se acomodó de inmediato a cuatro patas frente a él, el ano todavía dilatado y aceitado de los dedos anteriores. Cody alineó la punta y empujó. Priya soltó un gemido largo mientras el grosor la abría centímetro a centímetro. Sofía se arrodilló debajo, entre las piernas de Cody, y le chupó los huevos y la base de la verga cada vez que entraba y salía del culo de Priya. El sabor de lubricante, semen y el jugo de las dos mujeres le llenó la boca. Veía cómo el anillo de Priya se estiraba alrededor de la polla de su novio, cómo absorbía cada embestida, cómo se hinchaba y se rendía.
—Tan jodidamente apretado —gruñó Cody, acelerando—. Tu culo me está chupando igual que el de Sofía.
Priya empujaba hacia atrás, pidiendo más duro, más profundo. Sofía metió dos dedos en el coño de Priya y se los folló al mismo ritmo, sintiendo las contracciones. El agua chapoteaba sin parar. Cody le daba a Priya embestidas profundas y controladas, sacando casi toda la verga para volver a enterrarla hasta el fondo. Sofía lamió más abajo, empujó la lengua contra el lugar donde la polla entraba en el ano de Priya, saboreando la unión, el aceite, el calor. Priya gritó y se corrió otra vez, el culo cerrándose rítmicamente alrededor de Cody, el coño chorreando sobre los dedos de Sofía.
Pero no terminaron ahí. Sofía se incorporó, se colocó de espaldas a Cody y se dejó caer sobre su polla todavía dentro del culo de Priya un segundo, solo para sentir el roce, y después se giró del todo. Se montó a horcajadas sobre Cody, de frente, guiándole la verga hacia su propio ano otra vez. Se dejó caer despacio, gimiendo cuando el grosor la volvió a abrir, y entonces le hizo señas a Priya.
—Ven. Métete en mi coño. Quiero las dos. Ahora.
Priya se acercó, se arrodilló entre las piernas abiertas de Sofía y Cody, y alineó dos dedos primero, luego tres, abriendo el coño ya hinchado y chorreante. Cuando Sofía estuvo lista, Priya se quitó el arnés del borde, se lo ajustó rápido otra vez y empujó la silicona gruesa y curva dentro del coño de Sofía. El doble llenado fue inmediato e intenso: la polla de Cody en el culo, el dildo de Priya en el coño, ambas aberturas estiradas al máximo, el tabique fino entre ellas frotado sin piedad. Sofía gritó, la cabeza echada hacia atrás, los pechos temblando. Empezaron a moverse al unísono: Cody empujando hacia arriba desde abajo, Priya embistiendo desde delante, el ritmo sincronizado y salvaje. El agua salpicaba en todas direcciones. Sofía se tocaba el clítoris con dedos frenéticos, sintiendo cada centímetro, cada roce, cada embestida que la partía en dos.
—Más… más fuerte… no pares —jadeaba, la voz rota—. Fóllenme las dos a la vez. Destrocenme.
Cody y Priya aceleraron. El sonido húmedo y obsceno de las dos vergas (una real, una de silicona) entrando y saliendo de Sofía llenó la noche. Priya se inclinó y le besó la boca, compartiendo saliva y gemidos. Cody le mordió el hombro desde atrás. Sofía sentía el orgasmo subir como una marea imposible de detener: el culo y el coño se le cerraban a la vez, contrayéndose alrededor de las dos invasiones, ordeñándolas. Estaba a punto de romperse otra vez cuando Priya susurró contra su oído, la voz baja y cargada de promesa:
—Después de que te corras… quiero que me abras el culo con la polla de Cody y con tus puños. Quiero sentirlos a los dos dentro de mí al mismo tiempo también. Y todavía nos queda la madrugada entera.
Sofía asintió, temblando al borde, el placer subiendo sin control, el doble follón empujándola cada vez más cerca del límite. El cielo entre los pinos empezaba a teñirse de un gris más claro, pero ninguno miró hacia arriba. Las embestidas continuaban, más profundas, más brutales, y la tensión solo crecía, abierta, esperando lo que aún no había llegado.
El doble penetro no le daba tregua. Cody empujaba hacia arriba desde el fondo del jacuzzi con embestidas cortas y brutales, la polla gruesa abriéndole el culo hasta el límite, mientras Priya clavaba el dildo curvo de silicona dentro de su coño hinchado con el mismo ritmo salvaje. Sofía sentía el tabique fino entre ambas aberturas frotarse sin piedad, cada centímetro de las dos vergas estirándola, llenándola, destrozándola. Se tocaba el clítoris con dedos empapados, frotando en círculos locos, los pechos rebotando, el agua salpicando hasta el borde de piedra.
—Más… joder, más fuerte… las dos a la vez… no paréis —jadeó, la voz rota, los ojos vidriosos fijos en el cielo que empezaba a clarear entre los pinos—. Destrocenme el culo y el coño. Quiero correrme con las dos dentro hasta que no pueda caminar.
Cody agarró sus caderas con fuerza y aceleró, gruñendo contra su nuca. Priya se inclinó, le mordió un pezón y embistió más hondo, la base del arnés golpeándole el clítoris. El orgasmo subió como una marea negra. Sofía gritó, el cuerpo entero se arqueó, y las contracciones la sacudieron con violencia: el ano se cerró rítmicamente alrededor de la polla de Cody, ordeñándola, el coño apretó el dildo de Priya hasta casi expulsarlo. Chorros calientes le salieron del coño y se perdieron en el agua burbujeante. Cody no aguantó; disparó dentro de su culo otra vez, leche densa y abundante que le rebosó por los bordes y le bajó por el perineo. Priya se frotó el clítoris contra la base del arnés hasta temblar y gemir, corriéndose con un grito ahogado, el jugo resbalándole por los muslos morenos.
Se separaron jadeando, el agua ahora lechosa y espesa de semen y lubricante. Sofía aún temblaba cuando se giró hacia Priya con los ojos encendidos.
—Tu turno. Exacto como dijiste. Cody te va a follar el culo y yo te voy a abrir con el puño. Las dos cosas a la vez. ¿Lista?
Priya asintió, la respiración agitada, y se puso a cuatro patas sobre el borde ancho, las nalgas alzadas, el ano todavía dilatado y brillante de aceite. Cody se colocó detrás, alineó su polla todavía dura y resbaladiza de la corrida anterior y empujó de un solo golpe hasta las pelotas. Priya soltó un gemido largo, gutural, el culo abriéndose alrededor del grosor.
—Hostia… qué grande… sí, así… fóllame —suplicó, empujando hacia atrás.
Sofía se arrodilló a un lado, vertió más lubricante a chorros generosos sobre el punto donde la polla de Cody entraba y salía, y empezó a trabajar con los dedos. Primero dos, luego tres, tijereteando junto a la verga, estirando el anillo ya sensible. Priya gemía sin freno, masturbándose el clítoris con prisa. Cuando el cuarto dedo entró, Sofía juntó el pulgar y empujó despacio, con paciencia cruel, el puño entero. El ano de Priya cedió con un pop húmedo y obsceno; Sofía sintió el calor interno, las paredes apretadas rodeando su mano hasta la muñeca mientras Cody seguía embistiendo al lado, la polla rozándole los nudillos en cada vaivén.
—Tan jodidamente abierto… me estás chupando el puño y la polla juntos —jadeó Sofía, moviendo la mano en círculos lentos, buscando profundidad—. Mírate, Priya. El culo de puta más hermoso que he visto. Cógenos los dos.
Priya gritó y se corrió de inmediato, el ano contrayéndose en oleadas alrededor del puño y de la verga, el coño chorreando a chorros sobre el agua. Cody aceleró, follándola a través del orgasmo, y Sofía no sacó la mano; al contrario, la giró, la abrió un poco más, sintiendo cada espasmo. Cuando Priya pudo hablar otra vez, la voz le salió rota:
—Más… no saquéis nada… quiero otro… quiero que me reventéis.
Cody sacó la polla solo un segundo, dejó que Sofía retirara el puño con cuidado, y entonces ambos la recolocaron: Priya recostada contra el pecho de Sofía dentro del agua, las piernas abiertas en V extremas. Cody le hundió la verga otra vez en el culo dilatado mientras Sofía le metía de nuevo el puño, esta vez más fácil, más profundo. Al mismo tiempo Sofía le chupaba un pecho a Priya y le frotaba el clítoris con la otra mano. El triple estímulo la rompió otra vez; Priya se sacudió, llorando de placer, el cuerpo entero convulsionando, el ano ordeñando a Cody y a Sofía a la vez hasta que él se corrió dentro por tercera vez aquella noche, llenándola hasta que el semen le salió a borbotones alrededor del puño.
No terminaron. Sofía, aún con la mano dentro, se giró y guió a Cody para que le follara el coño a ella mientras seguía fisting a Priya. El ritmo se volvió caótico, salvaje, los tres cuerpos enredados, gemidos ahogados, agua volando, piel contra piel. Sofía se corrió otra vez con la polla de Cody martilleándole el punto G y el puño aún enterrado en el culo de Priya. Priya se corrió una quinta vez solo de la sobreestimulación. Cody, ya casi seco, logró una última descarga débil pero caliente dentro de Sofía.
Por fin se derrumbaron juntos en el agua tibia, jadeando, los músculos flojos, los agujeros sensibles y abiertos. Sofía sacó la mano despacio, Cody se retiró con un sonido húmedo, y usaron el agua del jacuzzi para limpiarse mutuamente con dedos suaves, besos lentos, caricias en los pechos, en los cuellos, en las nalgas todavía temblorosas. Priya se rió bajo contra la boca de Sofía.
—La madrugada entera… y todavía quiero más mañana.
Cody las abrazó a las dos desde atrás, la polla blanda rozándoles la piel, y besó los hombros de ambas.
—No me saquéis de aquí nunca.
El cielo entre los pinos se había teñido de rosa y naranja. El vapor subía más fino. Sofía cerró los ojos, sintiendo el latido residual en el culo, el sabor a coco y semen en la lengua, el peso caliente de los dos cuerpos contra el suyo. El placer todavía le hormigueaba en cada nervio. Sonrió, satisfecha, completa, y dejó que el calor del agua y de ellos la meciera hacia un sueño ligero y dulce.
Pero al abrirlos de verdad, solo estaba Cody dormido a su lado en la cama del apartamento de Madrid, y el jacuzzi, Priya y toda aquella noche no habían sido más que el sueño más sucio que había tenido en meses.
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