Ella y el Novio de su Mejor Amiga se Rieron Hasta Correrse
Nadia, la sarcástica diseñadora de 28, y el novio de su mejor amiga se ríen a carcajadas mientras se follan como locos en la oficina.
Nadia, diseñadora gráfica de veintiocho años con el humor más ácido de todo el piso open-plan, se quedó mirando la pantalla del móvil como si le hubiera escupido en la cara. Eran las nueve y media de un viernes y la oficina de la agencia ya olía a café rancio y a derrota corporativa. Solo quedaban las luces de emergencia y el zumbido del aire acondicionado. Frente a ella, apoyado en el escritorio de la esquina, estaba Felix, el novio de treinta y dos años de su mejor amiga Sonia: camisa arremangada, corbata floja y esa cara de «esto no puede estar pasando» que le sentaba ridículamente bien.
—Repite eso —dijo Nadia, mordiéndose el labio inferior para no soltar la carcajada primero—. ¿La app te puso en una «cita doble sorpresa con la mejor amiga de tu pareja»? ¿En serio?
Felix se pasó la mano por el pelo y soltó una risa ronca que le vibró en el pecho.
—Según TinderMatchPlus Premium, tú eres «LunaNocturna_28», experta en «conexiones auténticas y vino barato», y yo soy «MarcosCapitalistaConCorazón». Usé el nombre de pila de mi primo. Tú usaste… ¿fotos de stock de una chica en un rooftop de Lisboa?
—Eran mías de un viaje de puta mierda con la empresa —confesó ella, ya riéndose a carcajadas—. Puse «busco alguien que no me hable de sinergias». Y la app, en su infinita sabiduría de algoritmo borracho, nos emparejó a los dos y nos mandó aquí porque el «lugar neutro corporativo» era la puta oficina después de horas. Sonia está en un afterwork de influencers. Ni se entera.
Se miraron. El silencio duró exactamente tres segundos antes de que ambos estallaran. Nadia se dobló sobre la silla ergonómica que crujía como un juguete sexual barato. Felix se agarró al borde del escritorio, los hombros temblando.
—Joder —jadeó él entre risas—. Los perfiles falsos. Yo puse «me encanta el atardecer y las conversaciones profundas sobre KPI». Tú pusiste «si me mandas un dick pic sin pedirlo te bloqueo y te denuncio al departamento de Recursos Humanos del universo».
—Y aún así el algoritmo dijo: «estos dos se van a follar sí o sí» —remató Nadia, secándose una lágrima de la risa. La tensión ya no era solo absurda: le subía por los muslos como una corriente caliente. Felix tenía esa forma de reírse con la boca abierta, los ojos entrecerrados, la polla marcándose un poco contra el pantalón de traje sin que él pareciera notarlo todavía. Nadia sí lo notó. Y se mojó.
La complicidad se volvió algo más denso, casi eléctrico. Empezaron a burlarse del mundo que los rodeaba: las expectativas de «networking auténtico», las apps que prometían alma gemela y entregaban citas en la puta oficina de diseño, los jefes que pedían «pensar fuera de la caja» mientras te metían en una caja de cristal de doce horas diarias.
—A ver —propuso Nadia, poniéndose de pie y acercándose un paso, la falda lápiz subiendo un centímetro por el movimiento—. Reto. Imita tu frase más cursi del perfil. Con voz de seductor de malas telenovelas.
Felix se aclaró la garganta, se puso serio un segundo y luego, con voz grave y ridícula:
—«Busco una mujer que sea mi partner de vida… y también de PowerPoint. ¿Quieres construir un futuro sostenible juntos… en la nube?»
Nadia soltó un grito de risa y se tapó la boca.
—Ahora tú —insistió él, acercándose también. Estaban a un metro. Oliéndose: ella a tónica y a lápiz de labios; él a colonia barata de ejecutivo que de pronto olía a sexo potencial.
Ella se colocó una mano en la cadera, subió la voz a un falsete absurdo:
—«Hola, soy Luna. Me gusta el arte, el gin-tonic y los hombres que no me hagan explainar por qué el logo no puede ser «más grande y más azul». Si sobrevives a mi sarcasmo, quizá te deje ver mi moodboard… personal».
Se rieron hasta que les dolió el estómago. Entonces Felix, todavía entre carcajadas, dijo lo que ya no se podía tragar:
—Joder, Nadia. Nunca imaginé que la mejor amiga de mi novia me fuera a poner tan cachondo solo con burlarse de mí. En serio. Me estás matando. Me tienes la polla dura de solo escucharte reírte de mis frases de cringe.
Nadia sintió el calor subirle directo a la entrepierna. Se mordió el labio, se acercó otro paso y confesó, la voz ya más baja, más sucia, pero aún temblando de risa:
—Pues vergonzosamente… vergonzosamente te lo digo: verte tan ridículamente sexy mientras te ríes me está mojando los bragas. En serio. Estoy empapada. Y eso que este salón de reuniones huele a carpetas y a fracaso trimestral.
Se quedaron mirando. Un segundo. Dos. Luego se lanzaron. El beso fue torpe al principio: dientes, risas dentro de la boca, lenguas que se buscaban entre resoplidos. Nadia se agarró a la camisa de él y la arrugó. Felix la levantó un poco por la cintura y la sentó de culo sobre el escritorio de laminado frío. Los monitores apagados reflejaban dos siluetas que se comían la boca como si el algoritmo les hubiera dado permiso explícito.
—Total —jadeó ella contra sus labios, riéndose otra vez—, ya estamos jodidos de la mejor manera posible. Sonia no está. La oficina está vacía. Y si no te follo ahora mismo me voy a correr solo de imaginarlo.
—Consiento —dijo él, riendo, ya desabrochándose el cinturón—. Consiento con entusiasmo. Fóllame. Fóllame y síguete riendo de mí mientras lo haces.
Nadia le bajó los pantalones y el bóxer de un tirón. La polla de Felix saltó gruesa, dura, la cabeza ya brillante. Ella soltó un silbido burlesco.
—Mira qué KPI tan sobresaliente —dijo, y se agachó sin más preámbulos. Le metió la polla en la boca de un solo movimiento húmedo, chupando con ganas, la lengua plana contra la vena de abajo mientras lo miraba hacia arriba con los ojos brillantes de maldad divertida. Felix gimió y se rio al mismo tiempo, una mano en el pelo oscuro de ella.
—Joder… el KPI de mamadas… estás rompiendo el récord del trimestre, Nadia… ah, sí, así, más profundo…
Ella se rio con la polla en la garganta; la vibración lo hizo jadear. Babeó a propósito, dejó hilos de saliva, lo masturbó con la mano mientras le chupaba solo la cabeza y soltaba comentarios entre chupadas:
—¿Cumples objetivos de eyaculación anticipada o aguantas hasta el cierre de mes? —Y volvía a engullirlo entero.
Cuando sintió que él empezaba a tensarse demasiado, se levantó, se subió la falda, se bajó las bragas negras empapadas y las lanzó a una silla. Se subió a horcajadas sobre él, pero al revés: vaquera inversa, de espaldas, guiando la polla gruesa hasta su coño chorreante. Se la metió de un golpe seco y los dos soltaron un grito que se partió en carcajada.
—¡La puta madre, este escritorio es una mierda ergonómica! —gritó ella, rebotando, el culo golpeándole el vientre a él, los pechos aún dentro del top pero ya a punto de saltar—. ¡Se me clava el borde en el muslo! ¿Quién diseña este mobiliario? ¿Sadomasoquistas del IKEA corporativo?
Felix se rio tanto que casi se le sale, pero la agarró de las caderas y la embistió hacia arriba, follándola desde abajo con fuerza mientras ella cabalgaba al revés, el coño apretándolo, resbaladizo, haciendo ruidos obscenos de chapoteo.
—Más satírico imposible… —jadeó él—. Follando a la mejor amiga de mi novia sobre un escritorio que cuesta más que mi alquiler… y riendo como idiotas…
Nadia se giró un poco para mirarlo por encima del hombro, el pelo pegado a la frente, la boca abierta en una sonrisa sucia:
—Cállate y fóllame más duro, partner de PowerPoint.
Se movieron así un rato largo: ella subiendo y bajando con violencia, él clavándosela hasta el fondo, ambos soltando comentarios entre gemidos y risotadas («esto no saldrá en el informe de clima laboral», «mi coño está haciendo un brainstorming contigo», «si Sonia pregunta, dijimos que revisábamos tipografías»). El orgasmo se acercaba como una broma pesada y deliciosa.
Se bajaron al final porque el escritorio crujía demasiado. Nadia se tumbó de espaldas sobre la alfombra gris de oficina —esa que absorbía secretos y migas de galletas— y abrió las piernas. Felix se metió entre ellas, le puso la polla otra vez en el coño hinchado y empezó a follarla en misionero profundo, rápido, el cuerpo cubriéndola, las risas ahora más entrecortadas, más urgentes. Ella se metió la mano entre los dos y se frotó el clítoris con dos dedos mojados, circular, desesperada.
—Así… joder, Felix… ríete otra vez mientras me corres dentro… o fuera, me da igual, pero ríete…
Él se rio contra su cuello, un sonido roto, y embistió más fuerte. El orgasmo los pilló a la vez: Nadia se arqueó, el coño contrayéndose a rachas alrededor de la polla de él, un gemido largo que se quebró en carcajada histérica de placer. Felix se corrió con un gruñido riente, llenándola a chorros calientes, las caderas sacudiéndose, la frente apoyada en la de ella mientras los dos temblaban y se reían sin poder parar, el semen escapándosele por los muslos sobre la alfombra corporativa.
Aún jadeaban. Aún se reían bajito. La polla de él seguía dentro, semi-dura, latiente. Nadia le acarició la nuca con dedos temblorosos y susurró, la voz ronca de tanto reír y correrse:
—Esto… esto no se queda aquí, ¿verdad? Porque acabo de darme cuenta de que me muero por follarte otra vez antes de que vuelva el mundo real. Y tengo ideas peores. Mucho peores.
Felix sonrió contra su boca, todavía dentro de ella, y respondió solo con otro beso lento, sucio, lleno de promesas que el algoritmo jamás habría predicho.
Nadia se quedó quieta un segundo con la polla de Felix todavía latigueándole dentro, el semen caliente resbalándole por el culo y manchándole ya la alfombra de ese gris oficinista que lo absorbía todo como si fuera un memorándum confidencial. Se rio contra su boca, un sonido ronco y satisfecho, y le mordisqueó el labio inferior.
—Mira el desastre que hemos hecho —susurró, moviendo un poco las caderas solo para sentir cómo se le escapaba más—. Si Recursos Humanos encuentra esto van a pensar que el clima laboral ha mejorado por fin… o que alguien ha asesinado a un informe trimestral a orgasmos.
Felix se rio, el pecho vibrándole contra los pechos de ella, y se retiró despacio. La polla salió brillante, aún semi-erecta, goteando. Nadia miró el hilo blanco que unía la cabeza a su coño hinchado y soltó una carcajada limpia.
—Eso sí que es un deliverable premium, joder.
Se incorporaron a trompicones. Nadia se quedó arrodillada un momento, recogiendo las bragas de la silla con dos dedos como si fueran un documento tóxico, y se las metió en el bolsillo de la falda sin molestarse en volvérselas a poner. Felix se subió los pantalones a medias, el cinturón colgando, la camisa abierta y la corbata todavía hecha un nudo absurdo alrededor del cuello. Se miraron y volvieron a reírse.
—Tengo sed —dijo ella—. Y no de café rancio. Vamos a la cocina de la planta. Quiero ver si el microondas de mierda aguanta que te lo folle encima.
—Consiento otra vez —respondió él, ya riéndose—. Consiento con todas las cláusulas. Llévanos a donde quieras, partner de KPI sexuales.
Caminaron por el pasillo a oscuras, descalzos los dos (ella se había quitado los tacones en algún momento entre la primera y la segunda carcajada), las luces de emergencia tiñéndoles la piel de un rojo corporativo ridículo. Nadia iba delante, la falda subida hasta la cintura, el culo al aire y el semen resbalándole por los muslos internos. Felix no podía dejar de mirarlo. Cada dos pasos le daba un azote suave y ella soltaba un «ay, gilipollas» entre risas.
La cocina era un cubículo con nevera de plástico, microondas amarillento y una encimera de formica que había visto demasiados yogures caducados. Nadia abrió la nevera, sacó dos latas de tónica barata y se las pasó a él.
—Brindemos por el algoritmo borracho —dijo, y se bebió un trago directo del cuello de la lata. Luego se subió a la encimera de un salto, abrió las piernas y se señaló el coño chorreante con el índice—. Y ahora, joder, limpia lo que has dejado. Con la lengua. Quiero verte lamer tu propio semen mientras te ríes de lo absurdo que es esto.
Felix no dudó. Se arrodilló entre sus muslos, le apartó los labios hinchados con los pulgares y le pasó la lengua de abajo arriba, recogiendo el sabor salado y amargo de los dos. Nadia se arqueó, se agarró a su pelo y se rio tan fuerte que la lata se le cayó al fregadero.
—Joder, sí… así… como si estuvieras revisando un brief creativo ultra confidencial… ah, puta madre, métela más adentro…
Él se rio con la cara enterrada en su coño, la vibración directa al clítoris, y empezó a chupar con ganas, succionando el botón hinchado mientras dos dedos se le metían de golpe y buscaban ese punto que la hacía temblar. Nadia cabalgaba su cara, los talones golpeándole la espalda, la falda ya del todo subida y el top corriéndose hacia un lado hasta dejarle un pecho al aire. Se pellizcó el pezón ella misma, sucio, descarado, y soltó:
—Imagínate que Sonia entra ahora… «Hola, cariño, solo estábamos… eh… testeando la acústica de la cocina con mi lengua en el coño de tu mejor amiga».
Felix se atragantó de risa contra ella y tuvo que separarse un segundo, la barbilla brillante de jugos.
—Vas a matarme de risa y de calentura al mismo tiempo, joder. Me estás dejando la polla otra vez como un puto mástil de reunión de stakeholders.
—Pues úsala —ordenó ella, bajando de la encimera y dándole la vuelta. Se apoyó de pechos contra la formica fría, el culo en alto, las piernas abiertas—. Fóllame así, de pie, y no pares aunque el microondas pite. Quiero que me corras otra vez mientras nos burlamos de todo esto.
Felix se puso detrás, se bajó los pantalones otra vez y le rozó la cabeza gruesa por el coño empapado, de arriba abajo, untándola. Nadia empujó hacia atrás, impaciente.
—¿Vas a hacer un pitch o me la vas a meter de una vez, MarcosCapitalistaConCorazón?
Él se rio y se la clavó de un solo embiste hasta el fondo. El golpe seco, el chapoteo obsceno y el gemido compartido llenaron la cocina. Empezó a follarla con fuerza, las manos agarrándole las caderas, el sonido de piel contra piel mezclado con las carcajadas que no podían contener. Cada embestida sacudía a Nadia contra la encimera; los pechos le rebotaban y ella se reía entre jadeos.
—Más… más duro… esto es lo más saturado de ironía que he hecho en mi puta vida… ah, sí, así… mi coño está haciendo un rebranding completo con tu polla…
—Y el mío un pivot estratégico hacia el desastre total —gruñó él, riéndose, acelerando el ritmo—. Joder, Nadia, estás tan mojada que se me resbala… se oye como si estuviéramos batiendo mayonesa corporativa…
Ella soltó un grito de risa que se quebró en gemido cuando él le alcanzó el clítoris con los dedos y lo frotó en círculos rápidos al mismo tiempo que la follaba. El segundo orgasmo la pilló de sorpresa: se le cerraron las piernas, el coño se le contrajo a rachas violentas alrededor de la polla de él y un chorro caliente le salpicó los muslos a Felix. Ella se rio histérica mientras se corría, la frente apoyada en el brazo, el culo temblando.
—Me he corrido… me he corrido riéndome otra vez… joder, soy un caso perdido…
Felix no paró. La siguió embistiendo a través de las contracciones, más profundo, más sucio, hasta que ella le rogó entre risas:
—Pára… no, no pares… sácala y córrete en mi culo. Quiero sentir el calor ahí. Y luego… luego tengo una idea todavía peor.
Él obedeció con un gruñido riente. Sacó la polla, la masturbó dos veces contra el culo de ella y se corrió a chorros gruesos sobre las nalgas, el semen blanco contrastando con la piel morena, resbalando por la hendidura y cayendo al suelo de linóleo. Los dos se quedaron jadeando, riéndose bajito, el sonido de la nevera zumbando como un testigo cómplice.
Nadia se giró, se limpió el culo con un trapo de cocina que olía a lejía barata y se lo tiró a la cara a Felix.
—Souvenir corporativo —dijo—. Ahora sígueme. La sala de reuniones grande tiene esa mesa de cristal y esas sillas giratorias de directivo. Quiero que me folles sentado mientras yo cabalgo y te dictamos el acta de la puta reunión más indecente de la historia de esta agencia.
Felix se pasó la mano por la cara, aún riendo, la polla ya otra vez interesada a pesar de haberse corrido dos veces.
—Estás loca. Locamente sexy. Y yo estoy completamente de acuerdo con la moción. ¿Votamos a favor de follarnos hasta que no podamos ni firmar el parte de horas?
—Unánime —contestó ella, agarrándole de la corbata floja y tirando hacia el pasillo—. Pero antes… una condición. Tienes que imitarme la voz de mi jefa mientras me la metes. Esa voz de «sinergias holísticas y mindset ágil». Si lo haces bien, te dejo correrme en la boca al final.
Salieron de la cocina dejando un rastro absurdo de ropa interior, latas vacías y olor a sexo fresco. Nadia iba cojeando un poco, deliciosamente usada, el semen secándosele en los muslos y la sonrisa imposible de borrar. Felix la seguía, la camisa abierta, los pantalones a medio caer, la mente ya calculando cuántas posiciones cabían encima de aquella mesa de cristal antes de que alguien —Sonia, un vigilante, el puto algoritmo— interrumpiera el desastre más divertido y caliente de su vida.
Al llegar a la sala de reuniones con las paredes de cristal esmerilado, Nadia encendió solo la lámpara de pie del rincón. La mesa enorme reflejaba sus cuerpos medio desnudos. Ella se subió encima de un salto, se sentó al borde y abrió las piernas otra vez, enseñándole el coño rojo, hinchado, todavía goteando.
—Ven aquí, novio de mi mejor amiga. Siéntate en la silla del presidente y deja que te use como si fueras el puto budget sobrante del trimestre. Y no dejes de reírte. Porque si paramos de reírnos… esto se vuelve real. Y yo todavía no quiero que se vuelva real. Quiero que se vuelva más sucio.
Felix se sentó, la polla ya otra vez dura y apuntando al techo de placas blancas. Nadia se colocó a horcajadas sobre él, de frente esta vez, y se la fue metiendo centímetro a centímetro, lenta, saboreando cada tramo, mientras los dos se miraban a los ojos y empezaban a reírse otra vez, más bajo, más íntimo, más peligroso.
—Así… joder… llena del todo… ahora muévete. Y dime en voz de jefa lo mucho que te gusta mi coño.
Él se aclaró la garganta, adoptó un tono ridículamente serio y profesional mientras le agarraba el culo y la embestía hacia arriba:
—Según los KPIs de satisfacción interna, Nadia, tu coño está superando todas las métricas de engagement… ah, joder… y el ROI de esta follada es… absolutamente insostenible… pero me la suda…
Nadia se dobló de la risa encima de él, el pecho contra el suyo, y empezó a cabalgarlo con ganas, el coño apretándolo, los pechos rebotándole en la cara. Se besaron entre carcajadas, sucios, torpes, perfectos. El cristal de la sala empañándose poco a poco. El mundo real todavía lejos. Y las ideas peores —las de la azotea, las del ascensor, las de follarse con la cámara de seguridad apagada a propósito— ya formándose en la cabeza de los dos mientras se follaban como locos otra vez, riendo hasta casi corrérselo, sin ninguna intención de parar.
Nadia se hundió hasta el fondo con un gemido que se le quebró en otra carcajada, el coño apretándole la polla a Felix como si quisiera exprimirle hasta el último KPI. La silla giratoria crujió bajo el peso de los dos y dio media vuelta ridícula hacia la pizarra blanca llena de post-its de colores.
—Mira… —jadeó ella, agarrándose a los hombros de él mientras rebotaba—. Estamos follando delante del puto roadmap del Q3. Si ese stickman de «crecimiento sostenible» tuviera ojos se estaría corriendo de la envidia.
Felix le clavó los dedos en el culo y la embistió hacia arriba con fuerza, la risa vibrándole en la garganta.
—Según mi jefa interior —dijo adoptando otra vez aquella voz nasal y falsa de directora de sinergias—, este encuentro está generando un engagement orgánico del doscientos por ciento… ah, joder, Nadia, más despacio o me voy a correr otra vez y todavía no he firmado el acta…
Ella se rio contra su boca, le mordió el labio y aceleró el ritmo a propósito. Los pechos le rebotaban libres ya, el top tirado a un lado de la mesa de cristal. Cada bajada era un chapoteo obsceno, el semen anterior y su propia humedad mezclándose en un desastre brillante que le manchaba los muslos y el traje arrugado de él.
—Cállate y fóllame como si fueras el budget sobrante, MarcosCapitalista… —ordenó, y se arqueó hacia atrás, apoyando las manos en sus rodillas para que él viera cómo su polla desaparecía y reaparecía engullida por su coño hinchado—. Dime lo que harías si Sonia entrara ahora mismo. En voz de jefa. Completo.
Felix se atragantó de risa, pero obedeció, embistiéndola más profundo mientras soltaba:
—«Sonia, cariño, solo estamos alineando stakeholders… tu mejor amiga tiene el coño más disruptivo del mercado y yo estoy pivoteando hacia el orgasmo trimestral… por favor no nos saques del round de financiación…»
Nadia se dobló de la risa encima de él, el pecho contra el suyo, y el movimiento hizo que la silla diera otra vuelta completa. Casi se caen. Casi. Ella se agarró a su cuello y siguió cabalgándolo con violencia, el clítoris frotándose contra el hueso púbico de él en cada bajada.
—Vas a matarme… en serio… me estoy riendo tanto que el coño se me contrae solo… ah, puta madre, así…
Se corrió de golpe, sin avisar, un temblor largo que le cerró las piernas alrededor de su cintura y le sacó un grito que se partió en carcajada histérica. El coño le palpitaba a rachas alrededor de la polla de Felix, empapándolo todavía más. Ella no paró de moverse ni un segundo, montándolo a través del orgasmo como si fuera un puto reto de resistencia.
Felix gruñó, la cara roja, sudando, y le dio una palmada sonora en una nalga.
—Sal de ahí o me corro dentro otra vez y la alfombra de esta sala va a necesitar un informe de limpieza confidencial…
Nadia se levantó de un salto, la polla de él saliendo con un sonido obsceno y un hilo de fluidos. Se subió a la mesa de cristal de un brinco, se tumbió de espaldas y abrió las piernas de par en par, los talones en el borde.
—Ven. Ahora me follas aquí. Quiero ver tu cara reflejada en el cristal mientras me la metes. Y si se te ocurre parar de reírte te juro que te hago el pitch más largo y aburrido de mi vida hasta que se te baje.
Él no necesitaba más invitación. Se plantó entre sus muslos, le agarró las caderas y se la clavó de una embestida seca hasta el fondo. El cristal frío le pegó en la espalda a Nadia; ella arqueó la espalda y soltó un «joder, sí» que se convirtió en risa cuando Felix empezó a follarla con fuerza, las bolas golpeándole el culo, el sonido de piel contra piel llenando la sala acristalada.
—Imagínate el puto video de la cámara de seguridad —jadeó ella, metiéndose dos dedos en la boca y chupándolos sucio antes de bajarlos a frotarse el clítoris—. «Incidente 47-B: diseñadora y novio de bestie ejecutando sinergias horizontales sobre mesa de directivos. Nivel de humedad: crítico. Nivel de ironía: máximo histórico».
Felix se rio tan fuerte que casi se le sale. Tuvo que agarrarla más fuerte y embestir más profundo para no perder el ritmo.
—Eres un desastre… un desastre caliente y sarcástico… joder, Nadia, me tienes la polla tan dura que podría usarla de puntero láser en la próxima presentación…
Ella se rio, le rodeó la cintura con las piernas y lo atrajo más cerca.
—Úsala de puntero ahora. Apunta a mi coño. Marca el objetivo. Cumple los OKRs de follarme hasta que no pueda ni abrir Photoshop mañana.
Se movieron así un rato largo: él follándola en misionero brutal sobre la mesa, ella frotándose el clítoris con dedos mojados, los dos soltando comentarios cada vez más sucios y absurdos entre gemidos. «Esto no entra en el código de conducta», «mi coño está haciendo un rebranding completo», «si el algoritmo viera esto nos daría match premium de por vida». El cristal se empañaba con el aliento y el sudor. La lámpara de pie del rincón proyectaba sus siluetas distorsionadas contra la pared de post-its.
Cuando sintió que él se tensaba otra vez, Nadia lo empujó suavemente hacia atrás.
—No todavía. Quiero probar algo peor. De verdad peor.
Se bajó de la mesa con las piernas temblando, el semen y los jugos resbalándole por los muslos hasta las rodillas. Agarró a Felix de la corbata floja y lo arrastró hacia la pizarra blanca del fondo. Le dio la vuelta, le bajó los pantalones del todo y lo empujó hasta que el culo le pegó contra el marco de aluminio.
—Quédate ahí. Voy a chupártela otra vez, pero esta vez mientras me dictas el acta de la reunión más indecente de la historia. Y si te ríes mal… te muerdo.
Se arrodilló en la alfombra gris, le agarró la polla gruesa y brillante con las dos manos y se la metió en la boca de un solo movimiento húmedo. Chupó profundo, la lengua girando alrededor de la cabeza, la garganta relajándose para tragarlo entero. Felix gimió y se rio al mismo tiempo, una mano en su pelo.
—Acta de la sesión extraordinaria… fecha: viernes de mierda… asistentes: Nadia la sarcástica y el novio infiel temporal de su mejor amiga… ah, joder, sí, así… punto uno: se aprueba por unanimidad follarnos como locos en todas las superficies disponibles… punto dos: el coño de Nadia se declara activo estratégico de la compañía…
Ella se rio con la polla en la garganta; la vibración lo hizo jadear y agarrarse al borde de la pizarra. Babeó a propósito, dejó que la saliva le corriera por la barbilla y por las bolas, lo masturbó con la mano mientras le chupaba solo la cabeza y soltaba comentarios entre chupadas:
—¿Y el punto tres? ¿El de correrme en mi cara y luego ir a follarnos al ascensor? Porque tengo ganas de ver si las cámaras de ese puto cubículo se apagan con un buen orgasmo…
Felix la miró desde arriba, los ojos entrecerrados de placer y risa, y asintió.
—Punto tres aprobado… con enmienda: después del ascensor, la azotea. Quiero follarte contra la barandilla mirando la ciudad mientras nos reímos de lo idiotas que somos…
Nadia se levantó de un salto, los labios hinchados y brillantes, y lo besó sucio, compartiendo el sabor de los dos.
—Trato hecho. Pero primero… córrete. Aquí. En mi pecho. Quiero que me marques como un puto documento confidencial antes de seguir.
Él no dudó. Se masturbó rápido, mirándola a los ojos, y se corrió a chorros gruesos sobre sus tetas, el semen blanco salpicándole los pezones y el escote. Nadia se rio, se pasó un dedo por el pecho, se lo llevó a la boca y lo chupó con teatralidad absurda.
—Deliverable recibido y archivado. Ahora sí… vamos al ascensor. Quiero que me folles de pie mientras bajamos y subimos pisos como si estuviéramos en el puto circo corporativo.
Se vistieron a medias —ella sin bragas, la falda subida, él con la camisa abierta y la polla todavía medio dura metida como pudo en los pantalones— y salieron de la sala de reuniones dejando un rastro de desastre: sillas torcidas, mesa empañada, pizarra con huellas de manos y olor a sexo fresco imposible de ignorar.
El pasillo de emergencia estaba en penumbra. Nadia iba delante, cojeando deliciosamente, el semen secándosele en el pecho y los muslos. Felix la seguía, la mano en su culo desnudo bajo la falda, dándole azotes suaves cada dos pasos.
Llegaron al ascensor. Nadia pulsó el botón con el codo, se metió dentro en cuanto se abrieron las puertas y tiró de él.
—Cierra. Bloquea si puedes. Y fóllame ya. Quiero sentir la polla otra vez antes de que el puto mundo real se acuerde de que existimos.
Las puertas se cerraron. El cubículo olía a metal y a limpiador barato. Nadia se apoyó contra la pared del espejo, se subió la falda del todo y abrió las piernas. Felix se puso detrás, se bajó la cremallera, le rozó la cabeza gruesa por el coño empapado y se la metió de un golpe seco.
El gemido compartido se mezcló con la risa. Empezó a follarla con fuerza, las manos en sus caderas, el sonido de piel contra piel resonando en el espacio cerrado. Cada embestida la empujaba contra el espejo; ella se reía viendo su propia cara sonrojada y sucia, el pecho marcado de semen, los ojos brillantes.
—Más… más duro… esto es lo más saturado de ironía que he hecho… ah, sí… si alguien llama al ascensor ahora mismo le digo que estamos en una reunión de alineación vertical…
Felix se rio contra su cuello, aceleró el ritmo y le alcanzó el clítoris con los dedos.
—Y yo le digo que el ROI de tu coño es insostenible… joder, Nadia, estás tan mojada que se me resbala… se oye como si estuviéramos batiendo la puta mayonesa del éxito corporativo otra vez…
Ella se corrió otra vez, las piernas temblando, el coño contrayéndose alrededor de él, un chorro caliente salpicándole los muslos. Se rio histérica mientras se venía, la frente apoyada en el espejo frío.
—Me he corrido… riéndome… otra vez… soy un caso perdido de la hostia…
Felix no paró. La siguió embistiendo a través de las contracciones, más profundo, más sucio, hasta que ella le rogó entre risas:
—Sácala… córrete en mi culo otra vez… y luego… luego subimos a la azotea. Quiero que me folles mirando las luces de la ciudad mientras nos burlamos de Sonia, del algoritmo, de todo. Y no pares aunque el viento nos congele el culo.
Él obedeció con un gruñido riente. Sacó la polla, la masturbó dos veces contra las nalgas de ella y se corrió a chorros sobre el culo y la espalda baja, el semen blanco resbalando. Los dos se quedaron jadeando, riéndose bajito, el ascensor todavía en movimiento suave entre plantas fantasma.
Nadia se giró, se limpió un poco con la manga de la camisa de él y lo besó lento, sucio, lleno de promesas.
—Esto no se queda aquí. Ni de coña. La azotea. Ahora. Y después… ya se me ocurrirá algo todavía más idiota y caliente. Porque me muero por seguir riéndome contigo mientras me follas. Y tú también. Se te nota en la polla que ya está otra vez interesada, gilipollas.
Felix sonrió contra su boca, todavía temblando, y pulsó el botón de la planta más alta.
—Consiento. Consiento con todas las cláusulas del puto universo. Llévanos a donde quieras, partner de PowerPoint sexual. Pero avísame si vas a imitarme otra vez la voz de tu jefa… porque si lo haces arriba, con el viento, me corro solo de la risa.
Las puertas se abrieron al pasillo que llevaba a la azotea. Nadia lo agarró de la corbata floja y tiró hacia fuera, el culo al aire, el semen fresco brillándole en la piel, la sonrisa imposible de borrar.
El mundo real seguía lejos. Las ideas peores ya formándose. Y ninguno de los dos tenía la menor intención de parar.
Nadia tiró de la corbata floja de Felix por el pasillo oscuro que olía a humedad y a pintura vieja hasta empujar la puerta de metal de la azotea. El aire de la noche les pegó en la cara como un bofetón fresco, cargado de humo lejano y de la ciudad que brillaba abajo en un mar de luces idiotas. El viento les revolvió el pelo y le levantó la falda a ella hasta dejarle el culo completamente al aire, el semen fresco de antes todavía brillándole en la piel morena y resbalándole por el surco. Felix soltó una carcajada ronca al verlo y le dio un azote sonoro que resonó contra el concreto.
—Joder, mira ese deliverable premium secándose al aire libre —dijo él, ya bajándose otra vez la cremallera con una mano mientras la otra le agarraba una nalga y la apretaba—. Si el algoritmo nos viera ahora nos daría un badge de «conexiones auténticas al aire libre con riesgo de hipotermia en el culo».
Nadia se rio tan fuerte que casi se le escapa un hipo, se giró contra la barandilla de metal frío y se apoyó de pechos, abriendo las piernas y arqueando la espalda para ofrecerle el coño hinchado, rojo, todavía goteando una mezcla obscena de jugos y corridas anteriores. El viento le rozó los pezones duros y le sacó un escalofrío delicioso.
—Mete la puta polla ya, MarcosCapitalistaConCorazón, antes de que se me congele el clítoris y tenga que declarar esto como un fallo de producción —jadeó ella, mirándolo por encima del hombro con los ojos brillantes de maldad y de ganas—. Y no dejes de reírte. Quiero oírte carcajearte mientras me follas mirando esas luces de mierda. Si te pones serio te juro que te recito el manual de onboarding entero hasta que se te baje.
Felix no necesitó más. Se puso detrás, la polla otra vez gruesa y dura como si las dos corridas anteriores hubieran sido solo un calentamiento de stakeholders, le rozó la cabeza brillante por los labios hinchados de ella de arriba abajo, untándola con el desastre que ya llevaba, y se la clavó de un solo embiste hasta el fondo. El golpe seco, el chapoteo húmedo y el gemido compartido se mezclaron con el viento. Nadia soltó un grito que se partió en carcajada histérica al sentir cómo la llenaba del todo, las paredes de su coño apretándolo, resbaladizas, calientes.
—¡La puta madre, sí! —gritó ella, empujando el culo hacia atrás para clavársela más profundo mientras las luces de la ciudad parpadeaban abajo como si aplaudieran el desastre—. Fóllame como si fueras el budget sobrante del trimestre que nadie controla… ah, joder… más duro… que se me claven las barandillas en los muslos si hace falta…
Felix le agarró las caderas con fuerza, los dedos hundiéndosele en la carne, y empezó a embestirla con violencia, las bolas golpeándole el clítoris en cada embestida, el sonido de piel contra piel obsceno y perfecto bajo el ruido de la ciudad. Se reía mientras lo hacía, un sonido roto y sucio que le vibraba en el pecho contra la espalda de ella.
—Según los KPIs de la azotea —adoptó otra vez aquella voz nasal de jefa de sinergias, embistiéndola más profundo—, tu coño está generando un engagement orgánico del trescientos por ciento y un riesgo de caída libre emocionalmente sostenible… ah, Nadia, joder, estás tan mojada que se me resbala como si estuviera pivoteando en aceite de oliva corporativo…
Ella se dobló de la risa contra la barandilla, el pecho aplastado en el metal frío, los pechos rebotándole con cada embestida, el semen seco del pecho ahora mezclado con sudor fresco. Se metió una mano entre las piernas y se frotó el clítoris con dos dedos desesperados, circular, rápido, mientras él la follaba como un loco.
—Imagínate… —jadeó ella entre carcajadas y gemidos—… que Sonia nos ve desde abajo con prismáticos de influencer… «Hola cariño, solo estamos alineando el roadmap del Q3 con mi lengua… no, espera, con tu polla en el coño de tu mejor amiga a treinta metros de altura»… ¡ah, sí, así, más profundo, gilipollas!
Felix aceleró, la risa volviéndose gruñido riente, y le dio una palmada sonora en una nalga que dejó la marca roja al instante. El viento les pegaba en la cara, les revolvía el pelo, les enfriaba el sudor pero no el calor que les subía por las venas. Cada embestida sacudía a Nadia contra la barandilla; ella miraba las luces de la ciudad reflejadas en el metal y se reía de lo absurdo, de lo caliente, de lo perfecto que era follarse al novio de su mejor amiga en la puta azotea de la agencia mientras el algoritmo borracho probablemente se masturbaba en algún servidor lejano.
—Cállate y córrete conmigo —ordenó ella, la voz ya rota de tanto reír y gemir—. Quiero sentir cómo te vienes dentro mientras nos burlamos de todo… del TinderMatchPlus, de los perfiles falsos, de Sonia en su afterwork de influencers comiendo finger food de mierda… ¡joder, Felix, más duro!
Él obedeció, embistiéndola con fuerza brutal, una mano en su pelo tirando suavemente hacia atrás para que arquease más la espalda, la otra frotándole el clítoris junto a los dedos de ella. El orgasmo los pilló casi a la vez, como una broma pesada y deliciosa que se había estado cocinando desde la primera carcajada en el open-plan. Nadia se tensó, el coño contrayéndose a rachas violentas alrededor de la polla de él, un chorro caliente salpicándole los muslos a Felix mientras ella soltaba un grito largo que se quebró en carcajada histérica de placer puro. Felix gruñó riendo, se clavó hasta el fondo y se corrió a chorros gruesos dentro de ella, llenándola otra vez, las caderas sacudiéndose, la frente apoyada en su nuca mientras los dos temblaban y se reían sin poder parar, el semen caliente escapándosele ya por los muslos y cayendo en gotas ridículas sobre el concreto de la azotea.
Se quedaron así, jadeando, riéndose bajito contra el viento, la polla de él todavía dentro, semi-dura, latiente, el desastre de fluidos brillándoles en la piel bajo las luces de la ciudad. Nadia movió un poco las caderas solo para sentir cómo se le escapaba más semen y soltó una risa ronca, satisfecha, la voz hecha un desastre sexy.
—Mira el puto informe trimestral que le hemos dejado a la azotea… —susurró, todavía apretándolo por dentro, los dedos de él aún en su clítoris sensible—. Si Recursos Humanos sube aquí van a pensar que el clima laboral ha alcanzado niveles de humedad críticos y de ironía histórica. Joder, Felix… me has dejado las piernas como gelatina de networking barato.
Felix se rio contra su cuello, el pecho vibrándole, y se retiró despacio. La polla salió brillante, goteando, y el hilo blanco que unía la cabeza al coño hinchado de ella les arrancó otra carcajada compartida. Él la abrazó por detrás, todavía temblando, las manos en su vientre, y le besó el hombro desnudo.
—Consiento que esto haya sido lo más estúpido y caliente que he hecho en mi vida de treinta y dos años —murmuró, la voz ronca de tanto reír y correrse—. Y consiento que me muera por repetirlo… pero ahora mismo solo quiero quedarme aquí un segundo más, con tu culo pegado a mí y el viento congelándonos los huevos, riéndonos como idiotas de lo que acabamos de hacer.
Nadia se giró entre sus brazos, el semen resbalándole por los muslos internos hasta las rodillas, el pecho marcado, la falda hecha un desastre, y le mordisqueó el labio inferior con una sonrisa sucia y cansada. Se rieron otra vez, bajito, la frente contra la frente, el mundo real todavía lejos abajo entre las luces, el algoritmo derrotado, Sonia lejos, y el calor de lo que se acababa de correr entre ellos todavía latiente, perfecto, absurdo y completamente suyo mientras el viento de la azotea les secaba el sudor y el desastre.
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