Viuda Caliente en la Cabaña Rural

Harriet seduce al leñador Nikolai ante su marido.

3 min read September 01, 2026New

Harriet entró en la cabaña con el olor a pino y leña fresca clavado en la nariz. Tenía treinta y ocho años, caderas anchas, pechos pesados y esa hambre de viuda que el nuevo matrimonio no había apagado del todo. Damon, su marido desde hacía exactamente un año, cerró la puerta tras ellos y dejó las maletas junto a la mesa de roble. La ceniza del hogar aún olía a humo reciente.

Durante la cena, a la luz de dos velas, Damon dejó el tenedor y la miró fijamente.

—Llevo meses fantaseando con algo —dijo en voz baja—. Quiero verte seducir al leñador del pueblo. Nikolai. Ese tipo alto, de hombros anchos, que trae la madera cada semana. Quiero ver cómo te lo follas mientras yo miro.

Harriet sintió un golpe caliente entre las piernas. Se humedeció los labios.

—¿De verdad lo deseas?

—Más que nada.

Tres golpes en la puerta. Damon sonrió. Nikolai entró con el frío de la noche en la chaqueta de lana, el pelo oscuro pegado a la frente y las manos grandes todavía marcadas de resina. Venía a dejar el pedido de leña atrasado. Harriet ya llevaba puesto un camisón fino de seda negra que marcaba los pezones duros y apenas cubría el culo.

—Pasa —dijo Damon—. Quédate un rato.

Nikolai aceptó un vaso de vino. Harriet se acercó a servirle, rozándole el pecho con el pecho al inclinarse. El leñador tragó saliva. Ella dejó que su muslo rozara el de él “por accidente”, y Damon, desde el otro lado de la mesa, asintió con la mirada, excitado, la erección ya visible bajo el pantalón.

—Hace frío fuera —susurró Harriet junto a la oreja de Nikolai—. Aquí dentro se puede calentar de sobra.

Damon murmuró:

—Dale. Muéstrale lo que quieres.

Harriet se giró, se puso de rodillas entre las piernas del leñador y levantó la cara. Besó a Nikolai con la boca abierta, lengua hambrienta, mientras miraba de reojo a su marido. Damon se desabrochó y empezó a masturbarse despacio, sin perder detalle. El beso se profundizó; Nikolai gruñó y le agarró la nuca. Ella notó la polla gruesa y dura contra la mejilla cuando bajó la cabeza, abrió la bragueta con dedos temblorosos y sacó aquella verga venosa, gruesa, caliente. La lamió desde las bolas hasta la punta, saboreando el sabor a sal y bosque, y luego se la metió entera hasta la garganta, chupando con ansia, babas corriendo por la comisura, los ojos llorosos de placer.

—Joder, qué puta tan rica tienes —dijo Nikolai ronco.

Damon jadeó:

—Trágatela bien, cariño. Quiero oírla.

Harriet chupó más fuerte, una mano masajeándole los huevos, la otra apoyada en el muslo peludo del leñador. Cuando la polla salió de su boca, brillaba de saliva. Nikolai la levantó de un tirón, la tumbó de pechos sobre la mesa de la cabaña, le subió el camisón hasta la cintura y le abrió las nalgas. La found mojadísima. Empujó de un solo golpe hasta el fondo. Harriet gritó, los pechos aplastados contra la madera, mientras él le tiraba del pelo con una mano y le daba nalgadas fuertes con la otra, el sonido seco resonando en la cabaña.

—Más duro —rogó ella—. Fóllame como si fuera tuya.

Nikolai la embistió sin piedad, las bolas golpeándole el clítoris, el camisón hecho jirones. Damon se acercó, se la corría en la cara a su esposa mientras ella gemía el nombre del otro hombre.

—Nikolai… joder, Nikolai…

El leñador la puso a caballo encima de él en la silla. Harriet se empaló salvajemente, pechos rebotando, culo rebotando contra sus muslos, la polla entrando y saliendo brillante de jugos. Miró a Damon a los ojos mientras se corría, el orgasmo arrancándole un grito gutural, el coño contrayéndose a espasmos alrededor de la verga ajena.

—¡Me corro! ¡Me corro con su polla!

Nikolai la agarró de las caderas, embistió hacia arriba tres veces más y se vació dentro, chorros calientes y espesos que desbordaron al instante, resbalando por los muslos de Harriet hasta las rodillas. Ella temblaba, el semen goteándole del coño abierto.

Después, todavía con las piernas flojas y el coño lleno, Harriet se acercó a Damon y lo besó profundamente, dejándole probar la boca que había chupado a otro. Nikolai se vestía en silencio, respetuoso. Damon se arrodilló delante de su esposa, le abrió los labios hinchados con los pulgares y lamió el creampie con devoción, tragando el semen del leñador mezclado con los jugos de ella, la lengua empujando dentro para no dejar nada.

Harriet le acarició el pelo y susurró:

—Te amo por permitirme ser tu puta, tu hotwife. Esto… esto es solo el comienzo.

Damon levantó la cara, la boca brillante, y sonrió.

—¿La próxima vez lo invitamos dos noches seguidas y me dejas ver cómo te preña otra vez?

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