Written by AIEvery story here is written by an AI. Tell it what you want and it writes it for you →
Ask the writer →

Doble Deseo en el Estudio: Nuestras Novias se Abrieron Juntas

Dos amigos de 32 y 30 años follan analmente a sus novias Heather de 28 y Noelle de 27 en un estudio fotográfico.

9 min read October 03, 2026New

Te confieso que aquella tarde en el estudio lo cambió todo. Yo, Damon, fotógrafo de treinta y dos años, compartía el local amplio y luminoso con Grant, mi mejor amigo, diseñador gráfico de treinta. Meses llevábamos fantaseando en voz baja con intercambiar a nuestras novias, midiendo cada silenci o, cada broma cargada. Cuando Heather, mi novia de veintiocho, y Noelle, la de Grant, de veintisiete, aparecieron juntas aquel viernes, vestidas de forma deliberadamente provocativa, supe que la fantasía había dejado de ser solo nuestra.

Heather llevaba un vestido corto de seda negra que apenas le cubría el culo y unos tacones que alargaban sus piernas. Noelle, con una blusa transparente y una falda plisada que se alzaba al menor movimiento, sonreía con esa mezcla de nervios y hambre que ya nos tenía ojipláticos. Entraron riéndose, se besaron en la mejilla y se giraron hacia nosotros.

—Hemos estado hablando —dijo Heather, mirándome directo a los ojos mientras dejaba el bolso sobre la mesa de luces—. De probar algo nuevo. Juntas. Anal.

Noelle se mordió el labio inferior y asintió, las mejillas sonrojadas.

—Sí. Las dos. Esta noche. Si vosotros queréis.

El aire del estudio se espesó de golpe. Grant se pasó una mano por la nuca; yo sentí cómo se me endurecía la polla dentro del pantalón. Las miradas se cruzaron, cargadas, sin prisa. Empezamos a coquetear sin filtros: cómo nos imaginábamos sus culos abiertos, cómo nos gustaría verlas gemir con nuestras pollas dentro. Heather se acercó a Noelle, le tomó la cara con las dos manos y la besó despacio, lengua profunda, dejando que viéramos el brillo de saliva entre sus bocas. Grant juró por lo bajo. Yo no pude evitar agarrarme la entrepierna.

—Enseñadnos —pidió Sofía... no, Noelle, corrigiéndose ella misma con una risa nerviosa—. Enseñadnos cómo os masturbáis pensando en nuestros culos.

Nos desabrochamos. Sacamos las pollas ya duras, pesadas, y empezamos a masturbarnos despacio delante de ellas. Heather se arrodilló un poco para mirar mejor la mía; Noelle hizo lo mismo con la de Grant. Les pedimos que se giraran. Ellas se subieron las faldas, se bajaron las bragas hasta los muslos y se abrieron las nalgas mutuamente: los dedos de Heather hundidos en la carne firme de Noelle, los de Noelle separando las de Heather hasta dejar a la vista esos agujeros rosados y apretados que tanto nos habían obsesionado. Saqué el aceite de coco que usábamos a veces para masajes después de las sesiones. Grant y yo lo calentamos entre las palmas y empezamos a untarlas, dedos resbaladizos rodeando y empujando suavemente contra esos esfínteres que se contraían al contacto.

—Más… joder, más adentro —suplicó Heather, arqueando la espalda mientras yo le metía un dedo aceitado hasta el nudillo.

Noelle gemía con la cara contra el hombro de Heather, los dedos de Grant haciéndole círculos y abriéndola con paciencia.

—Folladnos el culo esta misma noche —dijo Noelle, clara, sin dudar—. Las dos. Queremos sentirlas dentro. Ya.

No hizo falta más. Extendimos una manta gruesa en el centro del estudio, bajo las luces suaves que aún quedaban encendidas. Heather se puso a cuatro patas, el vestido subido hasta la cintura, el culo en alto, mirándome por encima del hombro. Me arrodillé detrás, alineé la cabeza de mi polla contra su agujero brillante de aceite y empujé despacio. Entró centímetro a centímetro; ella jadeó, abrió la boca y empujó hacia atrás para tomarme más hondo. Empecé a embestirla con profundidad lenta, sintiendo cómo su culo me apretaba, caliente y voraz.

Al mismo tiempo, Noelle se colocó en cuclillas sobre Grant, de espaldas a él, en posición inversa. Él sostuvo su polla erguida y ella se fue sentando, guiándola dentro de su culo con las manos en los muslos de Grant. Cuando lo tuvo entero, empezó a cabalgarlo con movimientos cortos y controlados, el culo abriéndose y cerrándose alrededor de él, los pechos rebotando bajo la blusa transparente. Grant le agarró las caderas y la ayudó a bajar más fuerte.

—Joder, qué estrecho… —gruñó él.

Las miramos un rato así, follándonos a nuestras propias novias por el culo, hasta que el deseo de intercambiar se volvió imposible de ignorar. Nos separamos con un chasquido húmedo. Heather se giró hacia Grant; Noelle hacia mí. Nos tumbamos de lado sobre la manta. Yo metí la polla en el culo de Noelle desde atrás mientras ella y Heather se besaban frente a frente, lenguas torpes de placer. Grant penetró el culo de Heather con una embestida firme. Las dos se tocaban el clítoris mutuamente: dedos rápidos, resbaladizos, frotando en círculos mientras nosotros las follábamos analmente de lado, cada vez más duro porque ellas lo pedían.

—Más fuerte, Damon… ábreme —rogó Noelle contra la boca de Heather.

—Así, Grant, no pares… lléname el culo —gimió Heather, los ojos entrecerrados.

Los sonidos llenaban el estudio: piel contra piel, gemidos ahogados, el roce aceitoso de nuestras pollas entrando y saliendo de esos agujeros que se dilataban para recibirnos. Yo sentía las contracciones de Noelle cada vez que Heather le frotaba el clítoris con más insistencia. Grant jadeaba el nombre de Heather y el mío, perdido. Aceleramos. Ellas se agarraron de la mano, se besaron con desesperación y nos pedían que nos corrieramos dentro.

Primero me vine yo: me enterré hasta las bolas en el culo de Noelle y llené su interior con chorros calientes, temblando. Segundos después Grant gruñó fuerte y se corrió profundo en el culo de Heather, sujetándola contra su pecho. Las dos gemían al sentir el pulso de semen dentro, los esfínteres apretando alrededor de nosotros mientras sus propios orgasmos las sacudían, clítoris hinchados bajo sus dedos.

Nos quedamos unidos un momento, respirando agitados. Después nos separamos con cuidado. Traje toallas calientes del baño del estudio; nos limpiamos mutuamente con gestos lentos, casi tiernos: yo secando el culo de Noelle y el muslo de Heather, Grant pasando la tela por mi abdomen y por la espalda de su novia. Besos suaves en hombros, en bocas, en sienes. Ninguna prisa. Ninguna vergüenza.

Acabamos los cuatro acurrucados en el sofá ancho que teníamos contra la pared de ladrillo, cuerpos pegados, piernas entrecruzadas. Heather tenía la cabeza en mi pecho; Noelle, la mejilla contra el hombro de Grant. El semen aún nos unía de forma invisible, el olor a sexo y aceite flotando en el aire caliente.

—La próxima vez —susurró Heather, trazando círculos en mi pecho—, queremos doble. En el culo. Con juguetes. Que nos abráis las dos a la vez.

Noelle levantó la vista, sonriendo con malicia cansada.

—Sí. Que nos abramos del todo para vosotros. Juntas. Prometedlo.

Grant me miró por encima de las chicas y asintió. Yo apreté a Heather contra mí y besé la frente de Noelle.

—Lo prometemos —dije—. Os vamos a abrir como nunca. Y la próxima sesión empieza exactamente donde esta se queda a medias.

Ellas se miraron, se besaron una vez más, lenta, y se acurrucaron más cerca. El estudio seguía en penumbra. Ninguno de nosotros estaba saciado del todo. La promesa quedaba colgando entre nosotros, caliente, esperando el momento en que volviéramos a bajar las bragas y a pedir, otra vez, que las folláramos el culo hasta dejarlas temblando y abiertas.

Te confieso que no pudimos esperar ni una semana. Tres noches después volvimos al estudio con las luces tenues, la manta gruesa ya extendida y una bolsa negra que Grant dejó sobre la mesa de revelado. Heather, de veintiocho, llegó con un body de encaje negro que se abrochaba solo en la entrepierna; Noelle, veintisiete, llevaba una bata de seda abierta que no escondía nada. Yo, Damon, las miré y supe que la promesa de abrirlas del todo iba a cumplirse esa misma noche.

—Trajimos lo que pedisteis —dije, sacando dos plugs de cristal gruesos, un dildo realista de silicona y el bote de aceite de coco ya calentado entre mis manos—. Las dos a la vez. En el culo. ¿Seguís queriéndolo?

Heather se mordió el labio y se giró hacia Noelle. Se besaron primero, lento, lenguas visibles, mientras se quitaban la ropa entre ellas. Cuando quedaron desnudas se arrodillaron frente a nosotros, nos bajaron los pantalones y nos chuparon las pollas ya duras, turnándose, babeando, mirándonos a los ojos. Grant gruñó cuando Noelle le metió la punta hasta la garganta; yo enterré los dedos en el pelo de Heather y empujé suave mientras ella me miraba de reojo.

Nos tumbamos los cuatro. Heather a cuatro patas, culo en alto, mejillas abiertas por las manos de Noelle. Yo le eché aceite a chorros sobre el agujero aún rosado y tierno de la otra noche, lo rodeé con el pulgar y le metí el plug más delgado primero, centímetro a centímetro, sintiendo cómo el esfínter se resistía y luego cedía con un gemido largo de ella.

—Joder, Damon… más. Ábreme de verdad.

Noelle se colocó al lado, idéntica postura. Grant le untó el culo con la misma paciencia, le metió dos dedos, tres, y después el segundo plug, más grueso. Las dos se miraban de lado, se agarraban de la mano y se tocaban el clítoris mientras los cristales las llenaban. Yo las observaba contrayéndose, los músculos de los muslos temblando, el aceite brillando entre las nalgas.

—Ahora los dos —susurró Noelle—. Polla y juguete. Las dos.

Heather se puso de lado; yo me arrodillé detrás y saqué el plug con un sonido húmedo. Mi polla, gruesa y pesada, empujó de inmediato en su culo abierto. Entró fácil esta vez, hasta las bolas, y ella jadeó contra la boca de Noelle. Grant hizo lo mismo con Noelle: sacó el cristal y la penetró de un solo golpe profundo. Las follamos así un rato, embestidas sincronizadas, piel contra piel, el sonido aceitoso llenando el estudio. Pero ellas querían más.

Saqué el dildo de silicona, lo engrasé y se lo pasé a Heather.

—Métetelo tú. Quiero ver cómo te abres del todo para nosotros.

Ella lo guió hasta su propio culo, ya ocupado por mi polla. Empujó despacio, gimiendo alto cuando la cabeza del juguete forzó la entrada junto a mí. Sentí la presión brutal, el calor, cómo su esfínter se estiraba alrededor de las dos. Noelle, viéndolo, pidió lo mismo. Grant sostuvo su polla dentro mientras yo le ayudaba a meterle el plug más grueso al lado. Las dos quedaron doblemente llenas: polla y juguete, culos dilatados al máximo, respirando agitadas, sudando.

—Míranos —suplicó Heather, la voz rota—. Estamos abiertas… las dos… joder, se siente tan grande…

Empecé a moverme. Corto, profundo. El dildo rozaba mi polla dentro de ella; cada embestida la hacía gritar y empujar hacia atrás. Grant follaba a Noelle con el mismo ritmo salvaje, el plug haciendo que ella se contrajera en oleadas. Se tocaban los pechos mutuamente, se besaban con desesperación, se metían los dedos en la boca. Yo sentía cada latido de Heather, el modo en que su culo me ordeñaba, el aceite goteando por sus muslos hasta la manta.

—Más fuerte —rogó Noelle—. Ábreme hasta que no pueda cerrarme. Quiero correrme con las dos cosas dentro.

Aceleramos. El estudio olía a sexo, a coco, a sudor. Heather llegó primero: su orgasmo la sacudió entera, el culo apretándome en espasmos tan fuertes que casi me saca el aire. El dildo se le salió a medias y yo lo empujé de nuevo mientras seguía follándola. Noelle gritó el nombre de Grant y el mío, se corrió segundos después, chorreando por los muslos, el esfínter palpitando alrededor de la polla y el plug. Nosotros no paramos. Seguí embistiendo el culo de Heather hasta que no pude más: me enterré hasta el fondo, junto al juguete, y me corrí a chorros calientes, llenándola, sintiendo cómo el semen se mezclaba con el aceite y se desbordaba. Grant gruñó, agarró las caderas de Noelle y se vació profundo, temblando, el plug aún dentro mientras su polla latía.

Nos separamos despacio. Los juguetes salieron con un sonido obsceno; el semen espeso les resbalaba por los agujeros abiertos, rojos, hinchados, imposibles de cerrar del todo. Las limpiamos con toallas calientes, dedos suaves, besos en la espalda, en el cuello. Heather se rió cansada contra mi pecho; Noelle besó la boca de Grant y después la mía.

Acabamos otra vez en el sofá, cuerpos pegados, piernas enredadas, el aire denso. Grant se había quedado dormido casi al instante, la cabeza echada hacia atrás. Noelle respiraba tranquila contra su hombro. Heather se acurrucó más cerca de mí y me susurró al oído, tan bajo que solo yo lo oí:

—La próxima vez quiero que me folles el culo delante de la ventana grande, con la luz encendida, para que cualquiera que pase por la calle de atrás nos vea. Noelle no lo sabe. Ni Grant. Solo tú y yo. ¿Lo guardamos?

Apreté su culo todavía sensible, todavía abierto, y asentí en silencio mientras el semen seco nos unía y el estudio se quedaba en penumbra.

Rate this story

★★★★★
Thanks for rating
¿Algo falla en esta historia?
Patrocinado

Gente real en cam, ahora mismo.

Mira gratis. Sin tarjeta, sin registro.

Ver en directo →
Enlace patrocinado. Solo +18.
Tagged anal double-anal creampie foursome fingering

Fresh filth, nightly

The best new stories in your inbox every morning. Free, 18+, unsubscribe anytime.