Su Primera Vez con Otro Hombre en la Casa Flotante
Bianca, de 28 años, y su novio Warrick se unen al dueño Kofi, de 35, para un trío salvaje de doble penetración en la casa flotante
La casa flotante se balanceaba suavemente sobre el agua oscura del lago cuando Bianca, de veintiocho años, saltó del embarcadero con la maleta en la mano. Llevaba un vestido corto de verano que se le pegaba a los muslos con el calor de la tarde. Warrick, su novio de treinta y dos, la siguió cargando las bolsas de vino y la nevera portátil. El dueño ya los esperaba en la cubierta: Kofi, treinta y cinco años, piel morena brillante, hombros anchos y una sonrisa perezosa que no intentaba disimular lo que miraba.
—Bienvenidos —dijo Kofi, extendiendo la mano primero a Warrick y después a Bianca—. Soy el dueño. Os voy a enseñar todo.
Su mirada se clavó en el escote de Bianca un segundo de más. Ella lo notó. Él lo notó. Warrick también lo notó, y algo caliente le recorrió la entrepierna al ver cómo los ojos de su chica se demoraban en la camiseta ceñida de Kofi, en el bulto evidente bajo los shorts de lino.
Dentro olía a madera barnizada y a lago. Kofi les mostró la cocina compacta, el salón con ventanales enormes y, al final, la cama principal: un colchón ancho cubierto de sábanas blancas que ocupaba casi toda la cabina trasera.
—Aquí dormís vosotros —dijo, y su voz bajó un tono cuando Bianca pasó rozándole el brazo—. Si necesitáis cualquier cosa… estoy en la caseta de la orilla. O puedo quedarme a cenar. Tengo un buen vino tinto.
Bianca se mordió el labio inferior.
—Quédate —dijo sin pensarlo demasiado—. Nos apetece compañía.
Warrick puso una mano en la cintura de ella, posesivo y a la vez curioso, y asintió.
La cena fue en la cubierta, bajo farolillos que se mecían. Bebieron el vino de Kofi, tinaja a tinaja. Bianca se reía con la cabeza echada atrás, el vestido subiendo por los muslos cada vez que se movía. Hablaron de viajes, de folladas malas y de folladas inolvidables. El alcohol solo aflojaba la lengua; ninguno estaba borracho, solo calientes y honestos.
—Os confieso algo —dijo Bianca de pronto, girando la copa entre los dedos—. Siempre he fantaseado con dos tíos a la vez. Que me usen. Que me llenen. Nunca lo he hecho.
Warrick se acomodó en la silla, la polla ya dura contra el pantalón.
—A mí me pone de los nervios la idea de verte disfrutar así —admitió, mirándola fijo—. Verte con otro. Ver cómo te abren.
Kofi sonrió despacio, sin prisa.
—Entonces dejadme unirme. Ahora. Aquí. Sin dramas. Si los dos queréis, yo también quiero.
Bianca miró a Warrick. Él asintió una sola vez, la respiración entrecortada. Ella se levantó, rodeó la mesa y se sentó a horcajadas sobre las rodillas de Kofi. Lo besó con la boca abierta, lengua profunda, mientras la mano de Warrick le subía el vestido por detrás y le apretaba el culo.
—Joder, qué rica estás —murmuró Kofi contra sus labios, palpándole los pechos por encima de la tela—. Quiero verte chupar las dos pollas.
Se metieron en la cabina principal casi tropezando. Bianca se arrodilló en el suelo de madera mientras los dos hombres se bajaban los pantalones. Las pollas saltaron fuera: la de Warrick gruesa y familiar, ya goteando; la de Kofi más larga, oscura, con las venas marcadas y la cabeza hinchada. Bianca las agarró las dos a la vez, una en cada mano, y las acercó a la cara.
—Tratadme como una puta —susurró, mirándolos desde abajo—. Usadme la boca.
Metió primero la de Warrick hasta la garganta, baboseando, haciendo ruidos obscenos de succión. Luego cambió a la de Kofi, abriéndose hasta que le lloraron los ojos y la saliva le corría por la barbilla hasta los pechos. Alternaba, chupaba las dos cabezas juntas, se las frotaba por las mejillas y los labios mientras gemía.
—Qué puta más guarra mi novia —gruñó Warrick, agarrándole el pelo—. Mírala, Kofi. Se la está comiendo entera.
—Se la come como si llevara años sin follar —contestó Kofi, empujando despacio hasta el fondo—. Abre más esa boquita, Bianca. Trágatela.
Cuando ya no aguantaron más, la subieron a la cama. Bianca se puso a cuatro patas. Warrick se colocó debajo de ella, guiando su polla dentro del coño empapado de un solo empujón. Ella gritó de placer. Kofi escupió sobre el culo de ella, embadurnó los dedos y le abrió el agujero con paciencia, primero uno, después dos, hasta que ella empujaba hacia atrás pidiendo más.
—Métela ya —pidió Bianca, la voz rota—. Fóllame el culo. Quiero las dos dentro.
Kofi alineó la polla y empujó. El esfínter cedió con un gemido largo de ella. Doble penetración: Warrick follándole el coño desde abajo, Kofi abriéndole el culo desde atrás, los dos ritmos desincronizados al principio y después perfectos, empujando a la vez, estirándola, llenándola hasta que solo podía gemir y babear contra el pecho de su novio.
—Ay, joder, me vais a romper… no paréis… soy vuestra puta…
La follaron así hasta que las piernas le temblaban. Después la levantaron entre los dos y la pusieron de pie contra la pared de la cabina. Warrick la levantó por los muslos y la embistió de frente; Kofi se encajó detrás otra vez, sandwichando su cuerpo entre los dos cuerpos duros, las dos pollas moviéndose dentro de ella a la vez, rozándose a través de la delgada pared de carne. Bianca gritaba, la espalda sudada pegada al pecho de Kofi, las uñas clavadas en los hombros de Warrick.
—Correos dentro… llenadme… por favor…
Warrick se corrió primero, a pulsos calientes dentro de su coño, gruñendo su nombre. Kofi lo siguió segundos después, vaciándose profundo en el culo de ella con un jadeo gutural. Sacaron las pollas todavía goteando y Bianca se arrodilló de nuevo, abriendo la boca. Le dispararon lo que quedaba en la lengua, en las mejillas, en los labios hinchados; ella se lo tragó todo lo que pudo y se frotó el resto por la cara como una puta satisfecha, riendo bajito.
Se quedaron un rato enredados en las sábanas manchadas, respirando pesado, los tres tocándose sin prisa. Después, sin vestirse, bajaron la escalerilla hasta el agua negra del lago. La luna llena los bañaba. El agua fría les limpió el semen y el sudor. Bianca flotaba entre los dos hombres, las piernas abiertas, dejando que las manos de ambos le recorrieran los muslos y los pechos marcados de chupetones.
—Mañana lo repetimos —dijo Warrick, besándole el cuello mojado—. Quiero verte otra vez con las piernas temblando.
—Y yo quiero probar más cosas —añadió Kofi, mordisqueándole el lóbulo de la oreja—. Hay una hamaca en la proa y un montón de aceite. Y mi polla todavía no ha terminado contigo.
Bianca se rio, el sonido suave sobre el agua, y los atrajo a los dos para un beso lento y sucio, saboreando a los dos hombres a la vez.
—Esta ha sido la mejor primera vez con otro hombre de mi vida —susurró contra sus bocas—, y
—y todavía no he tenido suficiente de vosotros dos —terminó Bianca contra sus bocas, lamiendo la lengua de Warrick y después la de Kofi en el mismo aliento sucio.
El agua del lago les llegaba a la cintura. La luna llena dibujaba rayas plateadas en la piel morena de Kofi y en el pecho pálido y marcado de Warrick. Bianca flotaba entre ellos con las piernas abiertas, el coño todavía abierto y goteando la mezcla de semen que se diluía en el agua fría. Las manos de ambos hombres no paraban: Warrick le pellizcaba los pezones duros mientras Kofi le metía dos dedos en el culo y se los movía despacio, sintiendo cómo el agujero se contraía alrededor.
—Joder, estáis los dos todavía duros —susurró ella, agarrando las dos pollas bajo el agua—. La de Warrick gruesa y caliente, la tuya, Kofi, larga y pesada… quiero chuparos otra vez aquí mismo.
Se agachó hasta que el agua le rozó la barbilla. Primero engulló la polla de su novio, chupando con fuerza, sacando el sabor a coño y a semen diluido. Warrick le agarró el pelo mojado y empujó hasta el fondo de la garganta. Ella se atragantó, babas y agua saliendo por la comisura de los labios, pero no se retiró. Después cambió a Kofi: abrió la boca todo lo que pudo y se la tragó hasta que la nariz le rozó el pubis rizado. El dueño de la casa flotante gruñó bajo, empujando con la cadera.
—Qué puta más hambrienta —dijo Kofi—. Mírala, Warrick. Se está ahogando con mi polla y le gusta.
—Se la come mejor que nunca —contestó Warrick, acariciándole la mejilla hinchada a Bianca mientras ella mamaba—. Abre más, nena. Chupa las dos juntas.
Bianca sacó la polla de Kofi con un hilo de saliva y las juntó: las dos cabezas rozándose, ella lamiendo las ranuras, chupando las dos a la vez, frotándoselas por la cara mojada. El agua salpicaba. Gemia como una zorra en celo. Cuando las rodillas le temblaron de frío y de ganas, Warrick la levantó por la cintura.
—A la hamaca —ordenó—. Quiero follarte otra vez con aceite, quiero verte resbalar entre nosotros.
Subieron la escalerilla empapados, goteando sobre la madera de la proa. La hamaca ancha colgaba entre dos postes, balanceándose suavemente con el movimiento de la casa flotante. Kofi desapareció un segundo y volvió con una botella de aceite de coco caliente. Bianca se tumbó de espaldas en la hamaca, las piernas abiertas colgando a los lados, el coño hinchado y rosa, el culo todavía abierto y brillante. Warrick se arrodilló entre sus muslos y le echó el aceite a chorros: le resbaló por los pechos, por la barriga, por el coño y el culo, untándola entera hasta que brillaba como una puta aceitada.
—Mírate —murmuró Warrick, metiéndole tres dedos de golpe en el coño y torciéndolos—. Toda resbaladiza, lista para que te destroquemos otra vez.
Kofi se colocó detrás de la hamaca, separándole los glúteos con las manos grandes. Escupió directo en el agujero del culo y empujó la polla de un solo tironazo. Bianca gritó, arqueándose, la hamaca crujiendo. El esfínter se abrió alrededor de la polla oscura y larga, tragándosela centímetro a centímetro hasta que las bolas le golpearon el culo.
—Ay, joder, me la estás metiendo entera… más… fóllame el culo como una puta de pago —suplicó ella, la voz rota.
Warrick no esperó. Se subió a la hamaca, se colocó encima y le clavó la polla gruesa en el coño de un empujón brutal. Doble penetración otra vez: las dos vergas dentro, rozándose a través de la pared fina de carne, estirándola hasta el límite. La hamaca se balanceaba con cada embestida. Aceite y semen anterior salían a borbotones cada vez que se retiraban. Bianca solo podía gemir y babear, las uñas clavadas en la espalda de Warrick, la cabeza echada atrás contra el hombro de Kofi.
—Sois tan grandes… me vais a partir en dos… no paréis, usadme, llenadme otra vez —jadeaba.
Kofi le mordió el cuello, chupándole la piel, mientras le follaba el culo con embestidas profundas y lentas. Warrick iba más rápido, más bruto, golpeándole el punto exacto hasta que ella empezó a correrse sin control: el coño se le contrajo en oleadas, chorreando líquido claro que se mezclaba con el aceite y le corría por el culo hasta las bolas de Kofi.
—Se está corriendo otra vez —gruñó Warrick—. Escúchala. Qué puta más ruidosa.
—Y el culo se me aprieta que parece que quiere arrancarme la polla —añadió Kofi, acelerando—. Bianca, dilo. Di lo que eres.
—Soy vuestra puta… la puta de los dos… folladme los agujeros… llenadme de leche… quiero que me chorree por las piernas mañana —gritó ella, la voz quebrada de placer.
La follaron así un rato largo, cambiando el ritmo: a veces los dos a la vez, a veces uno dentro y el otro fuera, frotándose las pollas entre sí dentro de ella. El balanceo de la hamaca hacía que cada embestida fuera más profunda. Bianca se corrió tres veces seguidas, el cuerpo temblando, los ojos en blanco, babas cayéndole por la barbilla. Cuando ya no aguantó más la posición, la bajaron al suelo de la proa, de rodillas sobre una toalla gruesa.
Warrick se tumbó de espaldas. Ella se montó a horcajadas y se empaló sola en su polla, bajando hasta el fondo con un gemido largo. Kofi se arrodilló detrás, le abrió el culo con los pulgares y volvió a entrar. Ahora ella controlaba un poco el ritmo, rebotando entre las dos vergas, el culo y el coño tragándolos enteros. El aceite hacía un sonido obsceno, chap-chap-chap, cada vez que bajaba.
—Mírate cabalgándonos —dijo Warrick, agarrándole las tetas y apretándolas—. Qué guarra. Te encanta tener las dos pollas dentro a la vez, ¿verdad?
—Sí… me encanta… soy una puta de doble penetración… no quiero otra cosa nunca más —confesó ella, girando la cadera en círculos para sentirlos mejor.
Kofi le dio una palmada fuerte en el culo, dejando la marca roja. Después otra. Bianca gimió más alto. Él le agarró el pelo, tiró hacia atrás y le habló al oído mientras le destrozaba el culo:
—Mañana te voy a follar la garganta hasta que llores. Después te voy a abrir el culo con el puño si me dejas. ¿Me dejas, putita?
—Sí… haz lo que quieras… usadme como queráis —respondió ella sin dudar, el coño apretándose alrededor de Warrick.
Warrick se corrió segundo esta ronda: se arqueó y le llenó el coño a chorros calientes, gruñendo su nombre entre dientes. Bianca sintió cada pulso. Kofi aguantó un poco más, follándola con fuerza bruta hasta que también se vació profundo en el culo, sujetándole las caderas con fuerza para no salirse ni un milímetro. Cuando sacaron las pollas, el semen le salió a borbotones de los dos agujeros, resbalando por los muslos aceitados hasta las rodillas.
Bianca se giró de inmediato, se puso a cuatro patas y abrió la boca. Los dos hombres se pusieron de pie frente a ella y se masturbaron las últimas gotas sobre la lengua, las mejillas, la frente. Ella se lo tragó todo lo que pudo, se frotó el resto por la cara y después se lo limpió con los dedos, chupándolos uno a uno mientras los miraba desde abajo con los ojos brillantes de puta satisfecha.
—Joder, qué cara de zorra tienes ahora —rió Warrick, limpiándole un hilo de leche con el pulgar y metiéndoselo en la boca a ella otra vez.
Se quedaron un rato en la proa, respirando pesado, el agua del lago chapoteando contra el casco. Bianca estaba entre los dos, las piernas abiertas, dejando que le metieran los dedos otra vez solo por el placer de sentirse llena. Kofi le besaba el hombro mientras le revolvía el semen dentro del culo. Warrick le chupaba un pezón y le frotaba el clítoris hinchado con dos dedos lentos.
—Todavía no he terminado contigo —murmuró Kofi contra su piel—. Hay un espejo grande en el salón. Quiero follarte delante de él para que te veas cómo te abrimos. Y tengo unas esposas suaves en la caseta… si os apetece atarla un rato.
Bianca sintió un escalofrío nuevo de ganas. Miró a Warrick. Él sonrió, la polla ya empezando a endurecerse otra vez contra el muslo de ella.
—Me pone de los cojones la idea de verte esposada mientras te usamos —admitió—. Quiero que no puedas taparte la cara cuando te corras gritando.
Ella se lamió los labios, saboreando todavía el semen de los dos.
—Entonces id a por las esposas —dijo con voz ronca—. Quiero que me atéis las muñecas a la barandilla de la cubierta. Quiero que me folléis la boca, el coño y el culo hasta que no pueda ni hablar. Y quiero que me dejéis llena otra vez… y otra… hasta que amanezca.
Kofi se levantó, todavía desnudo, la polla pesada y semi-dura balanceándose, y bajó a por las esposas y más aceite. Warrick la atrajo contra su pecho y le metió la lengua en la boca, besándola sucio, compartiendo el gusto a sexo.
—Esta noche solo es el principio —le susurró al oído—. Mañana Kofi y yo te vamos a usar de todas las formas que se nos ocurran. Te vamos a dejar coja de tanto follarte. Y tú vas a pedir más, ¿verdad, mi puta?
—Sí —jadeó Bianca, abriéndole las piernas a su novio para que le metiera cuatro dedos de golpe en el coño empapado de semen—. Voy a pedir más. Siempre más. Quiero que me partáis.
Cuando Kofi volvió con las esposas de cuero suave y otra botella de aceite, la luna ya estaba más alta. La casa flotante se mecía. Bianca se levantó temblando de anticipación, los muslos brillantes de semen y aceite, los pechos marcados de chupetones, y les dio la espalda, ofreciendo las muñecas.
—Atadme —pidió—. Y después folladme como si fuera la última noche del mundo.
Warrick le cerró la primera esposas alrededor de la muñeca izquierda. Kofi le cerró la derecha. El metal suave chasqueó. La llevaron hasta la barandilla de la cubierta, le pasaron la cadena por un poste y la dejaron con los brazos abiertos, el culo en pompa, las piernas separadas. El aire nocturno le rozaba la piel aceitada. Detrás de ella, los dos hombres se acariciaban las pollas ya otra vez duras, mirándola como dos lobos famélicos.
Kofi se acercó primero, le separó los glúteos y le hundió la lengua en el culo, comiéndoselo con ruidos obscenos, empujando saliva dentro. Warrick se arrodilló delante y le chupó el clítoris hinchado, metiéndole la lengua en el coño al mismo tiempo. Bianca tiró de las esposas, el metal tintineando, y gritó al lago oscuro mientras las dos bocas la devoraban.
La noche todavía era joven. Y los tres sabían que aquello solo acababa de ponerse más salvaje.
La lengua de Kofi se hundió más profundo en el culo aceitado de Bianca, empujando saliva caliente dentro del esfínter ya hinchado y abierto. Ella tiró de las esposas, el metal suave tintineando contra el poste de la barandilla, y empujó el culo hacia atrás pidiendo más. Warrick, arrodillado delante, le chupaba el clítoris hinchado con fuerza, metiéndole dos dedos en el coño empapado de semen y aceite, curvándolos hasta que ella gritó al lago oscuro.
—Joder, me estáis comiendo viva… no paréis —jadeó Bianca, la voz ya rota, los pechos colgando, los pezones duros rozando el aire nocturno—. Usadme la boca después… folladme la garganta mientras estoy atada.
Kofi sacó la lengua, le dio una lengüetada larga desde el coño hasta el culo y se incorporó. Su polla oscura y larga golpeaba pesada contra el muslo de ella. Se colocó detrás, le separó los glúteos con las manos grandes y empujó de un solo tironazo hasta el fondo. El esfínter cedió con un sonido obsceno y húmedo. Bianca arqueó la espalda, las muñecas tirando de las esposas, y soltó un gemido gutural que se perdió en el chapoteo del agua contra el casco.
—Qué culo más puta… se me traga entero —gruñó Kofi, empezando a follarla con embestidas profundas y lentas, las bolas golpeándole el coño cada vez—. Mírala, Warrick. Atada como una zorra de pago y todavía pide más.
Warrick se levantó, la polla gruesa y goteando rozándole la cara a Bianca. Ella abrió la boca de inmediato, sacando la lengua. Él se la metió hasta la garganta de un empujón, agarrándole el pelo mojado y follándole la boca al mismo ritmo que Kofi le destrozaba el culo. Bianca se atragantaba, babas y aceite corriéndole por la barbilla hasta los pechos, pero empujaba la cabeza hacia adelante, tragándosela entera, los ojos llorosos de placer.
—Así, nena… trágatela… eres nuestra puta atada —dijo Warrick, empujando más profundo hasta que la nariz de ella le rozó el pubis—. Escucha cómo se atraganta. Qué guarra.
Los dos ritmos se sincronizaron: Kofi abriéndole el culo desde atrás, Warrick follándole la garganta desde delante. La casa flotante se balanceaba con cada embestida. Bianca solo podía gemir alrededor de la polla de su novio, el sonido vibrando en la verga de él, el coño chorreando líquido claro por los muslos. Cuando ya no aguantó más sin algo dentro del coño, Warrick sacó la polla babosa y se agachó. Le levantó una pierna, la apoyó en la barandilla y le clavó la verga gruesa de un empujón brutal en el coño hinchado.
Doble penetración otra vez, pero ahora esposada, inmovilizada, las dos pollas rozándose a través de la pared fina de carne. Kofi iba lento y profundo en el culo; Warrick rápido y bruto en el coño, golpeándole el punto exacto hasta que ella empezó a correrse sin control. El orgasmo la sacudió entera: el coño se le contrajo en oleadas violentas, el culo apretó la polla de Kofi como si quisiera arrancársela, y gritó tan alto que la voz se le quebró.
—Me corro… me estáis partiendo… soy vuestra puta… llenadme… —balbuceó, la cabeza echada atrás, babas cayéndole por el cuello.
No pararon. La follaron a través del orgasmo y del siguiente, cambiando el ángulo, estirándola más. Kofi le dio una palmada fuerte en el culo, dejando la marca roja brillante de aceite, y después otra. Bianca gimió más alto.
—Más duro… pegadme el culo… usadme —suplicó.
Warrick le pellizcó un pezón y lo torció mientras le embestía. —Di lo que eres otra vez. Más alto.
—Soy la puta de los dos… la puta de doble penetración… folladme los agujeros hasta que no pueda caminar mañana —gritó ella, tirando de las esposas hasta que le marcaron las muñecas.
Kofi aceleró, follándole el culo con fuerza bruta ahora, el aceite chapoteando. —Mañana te abro este culo con el puño si me dejas. ¿Me dejas, putita? ¿Quieres mi puño dentro?
—Sí… hazlo… mete lo que quieras… estoy abierta para vosotros —contestó Bianca sin dudar, el cuerpo temblando de otro orgasmo que le subía por la espina.
Warrick se corrió primero esta ronda: se arqueó y le llenó el coño a chorros calientes y espesos, gruñendo su nombre entre dientes, apretándole las caderas para no salirse. Bianca sintió cada pulso, el semen caliente empujando contra la polla de Kofi a través de la carne. Kofi aguantó unos segundos más, embistiéndola profundo hasta que también se vació en el culo, sujetándola fuerte, jadeando contra su espalda sudada. Cuando sacaron las vergas, el semen le salió a borbotones de los dos agujeros, resbalando por los muslos aceitados hasta las rodillas y goteando sobre la madera de la cubierta.
Bianca se quedó temblando, esposada, el culo y el coño abiertos y goteando. Warrick se arrodilló delante otra vez y le chupó el semen que le salía del coño, metiendo la lengua profunda, bebiéndoselo. Kofi le abrió el culo con los pulgares y le empujó el semen de vuelta hacia dentro con los dedos, revolviéndolo.
—Qué puta más llena… mira cómo te chorrea —murmuró Kofi—. Todavía no hemos terminado.
Desataron la cadena del poste pero no las esposas. La llevaron de la barandilla al salón, dentro de la cabina, donde el espejo grande del salón reflejaba la luz de la luna que entraba por los ventanales. La pusieron de rodillas frente al espejo, las muñecas todavía unidas por las esposas delante del cuerpo. Kofi se colocó detrás otra vez, le echó más aceite de coco caliente por la espalda, por el culo, por el coño, untándola hasta que brillaba entera. Warrick se puso delante, la polla ya semi-dura otra vez, y se la frotó por la cara, por los labios hinchados.
—Mírate en el espejo —ordenó Warrick—. Mira cómo te abrimos. Quiero que te veas la cara de zorra mientras te follamos otra vez.
Bianca levantó la mirada. En el cristal se vio a sí misma: pechos marcados de chupetones, muslos brillantes de semen y aceite, labios hinchados, ojos brillantes de puta satisfecha y todavía hambrienta. Kofi alineó la polla y entró en su culo de un empujón largo. Ella gimió, viendo en el espejo cómo el esfínter se estiraba alrededor de la verga oscura. Warrick le levantó las esposas por encima de la cabeza, se las enganchó a un gancho bajo del techo de la cabina y le abrió las piernas. Se arrodilló, le chupó el clítoris un momento y después se levantó y le clavó la polla gruesa en el coño.
Otra vez las dos dentro. Bianca miraba el espejo hipnotizada: se veía sandwichada entre los dos cuerpos duros, las dos pollas moviéndose, el vientre hinchándose ligeramente con cada embestida profunda. El balanceo de la casa flotante hacía que cada metida fuera más profunda. Gemia sin parar, babas cayéndole por la barbilla, los ojos en blanco de placer.
—Mírame… mírame cómo me folláis… soy vuestra puta… no quiero otra cosa —susurró, la voz rota.
Kofi le mordió el hombro, chupándole la piel, mientras le hablaba al oído. —Después de esto te voy a follar la garganta hasta que llores de verdad. Y si sigues pidiendo, te meto el puño en el culo. Lento. Hasta el fondo. ¿Lo quieres?
—Lo quiero… todo… usadme hasta que amanezca —respondió ella, el coño apretándose alrededor de Warrick en otro orgasmo que la dejó temblando, el líquido claro chorreando por las bolas de los dos.
La follaron así un rato largo, cambiando el ritmo: a veces los dos a la vez, a veces uno dentro y el otro frotándose entre sus tetas o por la cara. El espejo les devolvía cada detalle sucio: el aceite brillando, el semen saliendo a borbotones cada vez que se retiraban un poco, la cara de Bianca contorsionada de placer. Cuando las piernas le flaquearon del todo, la bajaron al suelo del salón, sobre la alfombra gruesa. Warrick se tumbó de espaldas. Ella, todavía esposada, se montó a horcajadas y se empaló sola en su polla, bajando hasta el fondo con un gemido largo. Kofi se arrodilló detrás, le abrió el culo con los pulgares y volvió a entrar.
Ahora ella rebotaba entre las dos vergas, el culo y el coño tragándolos enteros, el sonido chap-chap-chap del aceite y del semen llenando la cabina. Warrick le agarraba las tetas y las apretaba, mirándola a los ojos.
—Te encanta esto… te encanta ser la puta de dos pollas a la vez —dijo.
—Me encanta… no quiero parar nunca… partídme… llenadme otra vez —confesó ella, girando la cadera en círculos.
Kofi le dio palmadas rítmicas en el culo mientras la follaba, cada una más fuerte. Bianca gritaba de placer cada vez. Se corrió otra vez, el cuerpo entero convulsionando, y eso empujó a Warrick al borde. Él se arqueó y le llenó el coño otra vez, chorros calientes que ella sintió latir. Kofi aceleró, follándola con fuerza bruta hasta que también se vació profundo en el culo, sujetándole las caderas con fuerza.
Cuando sacaron las pollas, el semen le salió a chorros de los dos agujeros. Bianca se giró de inmediato, se puso a cuatro patas y abrió la boca. Los dos se pusieron de pie frente a ella y se masturbaron las últimas gotas sobre la lengua, las mejillas, la frente, el pelo. Ella se lo tragó todo lo que pudo, se frotó el resto por la cara y después se lo limpió con los dedos esposados, chupándolos uno a uno mientras los miraba desde abajo.
Se quedaron un rato en el suelo, respirando pesado. Kofi le besaba el cuello mientras le revolvía el semen dentro del culo con tres dedos. Warrick le chupaba un pezón y le frotaba el clítoris hinchado con lentitud cruel.
—Todavía no has tenido suficiente —murmuró Kofi—. Hay más aceite. Y mi mano. Y la noche es larga.
Bianca miró a Warrick, los ojos brillantes. Él sonrió, la polla ya empezando a endurecerse otra vez.
—Quiero verte con el puño de Kofi dentro —admitió Warrick—. Quiero verte llorar de placer mientras te abrimos más de lo que creías posible. Y después te vamos a follar otra vez, los dos, hasta que no puedas ni hablar.
Ella se lamió los labios, saboreando el semen de los dos.
—Entonces hacédmelo —dijo con voz ronca—. Atadme otra vez si queréis. Folladme la garganta. Abridme el culo con la mano. Llenadme hasta que amanezca. Esta noche solo es el principio y yo todavía no he tenido bastante de vosotros dos.
Kofi se levantó, fue a por más aceite y volvió. La luna seguía alta. La casa flotante se mecía suave. Bianca, todavía esposada, les dio la espalda otra vez, ofreciendo el culo abierto y goteante, el cuerpo temblando de anticipación pura. Los dos hombres se acariciaban las pollas ya duras otra vez, mirándola como dos lobos que acababan de empezar el festín.
La lengua de Kofi aún le sabía a aceite y a semen cuando se incorporó detrás de Bianca. Ella seguía esposada, de rodillas sobre la alfombra del salón, el culo en pompa, brillando bajo la luz de la luna que entraba por los ventanales. Warrick se arrodilló delante, le agarró la cara con las dos manos y le metió la polla gruesa otra vez hasta la garganta. Bianca la tragó con un ruido húmedo y obsceno, babas corriéndole por la barbilla, los ojos llorosos de ganas.
—Ábrela bien, putita —gruñó Warrick, empujando hasta que la nariz de ella le rozó el pubis—. Quiero sentir cómo te atragantas mientras Kofi te abre el culo de verdad.
Kofi echó más aceite de coco caliente directo sobre el esfínter hinchado y abierto de Bianca. El líquido resbaló por el agujero, por el coño, por los muslos. Primero metió tres dedos, después cuatro, torciéndolos, estirándola. Bianca gimió alrededor de la polla de su novio, el sonido vibrando en la verga de Warrick. Kofi juntó los dedos, formó un pico con la mano y empujó despacio. El esfínter cedió con un pop húmedo. Bianca tiró de las esposas, el metal tintineando, y empujó el culo hacia atrás.
—Joder… se me traga la mano —jadeó Kofi, metiendo centímetro a centímetro hasta los nudillos—. Mírala, Warrick. Está temblando. Se le pone el culo blanco de lo abierto que lo tengo.
Bianca sacó la polla de la boca con un hilo de saliva espeso.
—Más… métela entera… quiero tu puño… parteme —suplicó con la voz rota, la cara hecha un desastre de babas y lágrimas de placer—. Soy vuestra puta. Usadme.
Kofi empujó. La mano desapareció hasta la muñeca. Bianca gritó al techo de la cabina, el cuerpo entero convulsionando, el coño chorreando líquido claro que le corría por los muslos hasta las rodillas. Warrick le agarró el pelo y le volvió a follar la garganta al mismo ritmo que Kofi le movía el puño dentro del culo: lento, profundo, girando la muñeca para que ella sintiera cada nudillo. La casa flotante se balanceaba. El espejo les devolvía la imagen sucia: Bianca esposada, empalada en un puño, la cara de zorra, pechos colgando y marcados de chupetones.
—Se está corriendo solo con la mano —dijo Warrick, sacando la polla babosa para que ella respirara—. Escúchala. Qué guarra más ruidosa.
Bianca solo podía gemir y babear. El orgasmo la sacudió en oleadas violentas; el culo se le contrajo alrededor de la muñeca de Kofi como si quisiera arrancársela. Él no paró. Siguió follándola con el puño mientras Warrick le chupaba los pezones, los mordisqueaba, le pellizcaba el clítoris hinchado hasta que ella se corrió otra vez, chorreando sin control.
Cuando Kofi sacó la mano, el agujero quedó abierto, redondo, goteando aceite y semen anterior. Bianca jadeaba, las piernas temblando.
—Ahora las pollas… las dos… ya —pidió ella—. Folladme así de abierta.
Warrick se tumbó de espaldas en la alfombra. Bianca, todavía esposada, se montó a horcajadas y se empaló sola en su polla gruesa de un solo descenso brutal. El coño la tragó entero con un sonido chap. Kofi se colocó detrás, alineó la verga larga y oscura y entró en el culo destrozado de un empujón. Doble penetración otra vez, pero ahora el culo estaba tan abierto que la polla de Kofi entraba sin resistencia, rozándose con la de Warrick a través de la pared fina de carne. Bianca rebotaba entre ellos, el culo y el coño tragándolos hasta las bolas, el aceite chapoteando con cada embestida.
—Mírame en el espejo —ordenó Warrick, agarrándole las tetas y apretándolas—. Mira cómo te hinchamos el vientre. Eres nuestra puta de doble polla.
Bianca levantó la mirada. Se vio sandwichada, esposada, la cara contorsionada de placer, las dos vergas moviéndose dentro, el semen anterior saliendo a borbotones cada vez que se retiraban un poco. Kofi le dio palmadas fuertes en el culo, una tras otra, dejando marcas rojas brillantes de aceite.
—Di lo que eres —exigió Kofi al oído, follándola con fuerza bruta—. Más alto.
—Soy la puta de los dos… la puta de la casa flotante… folladme los agujeros hasta que no pueda caminar… llenadme otra vez… quiero que me chorree por las piernas todo el día de mañana —gritó ella, la voz quebrada.
Se corrió otra vez, el cuerpo entero sacudiéndose. Eso empujó a Warrick al límite. Él se arqueó y le llenó el coño a chorros calientes y espesos, gruñendo su nombre entre dientes. Bianca sintió cada pulso. Kofi aguantó unos segundos más, destrozándole el culo con embestidas profundas hasta que también se vació, sujetándole las caderas con fuerza para no salirse ni un milímetro. Cuando sacaron las pollas, el semen le salió a borbotones de los dos agujeros, resbalando por los muslos aceitados hasta la alfombra.
Bianca se giró de inmediato, se puso a cuatro patas y abrió la boca. Los dos hombres se pusieron de pie frente a ella y se masturbaron las últimas gotas sobre la lengua, las mejillas, la frente, el pelo. Ella se lo tragó todo lo que pudo, se frotó el resto por la cara y después se lo limpió con los dedos esposados, chupándolos uno a uno mientras los miraba desde abajo con los ojos brillantes.
Se quedaron un rato en el suelo, respirando pesado, el agua del lago chapoteando contra el casco. Kofi le besaba el cuello mientras le revolvía el semen dentro del culo con tres dedos. Warrick le chupaba un pezón y le frotaba el clítoris hinchado con lentitud cruel.
—Todavía no has tenido suficiente —murmuró Kofi—. Hay más. Siempre hay más.
Bianca miró a Warrick, los labios hinchados, la voz ronca.
—Quiero que me atéis otra vez a la barandilla al amanecer —dijo—. Quiero que me folléis la garganta hasta que no pueda hablar. Y después… quiero que me llevéis a la caseta de la orilla. Que me montéis en la mesa de trabajo de Kofi. Que me abráis el culo otra vez con el puño mientras Warrick me graba con el móvil… solo para nosotros. Quiero verlo después. Quiero correrme viéndome cómo me partís.
Warrick sonrió, la polla ya empezando a endurecerse otra vez contra el muslo de ella.
—Me pone de los cojones —admitió—. Te vamos a usar hasta que no puedas ni cerrar las piernas. Y la semana que viene… he estado pensando. Hay un amigo mío, Dani, treinta y cuatro, polla gruesa como la mía. Y Kofi tiene a ese colega del puerto, el moreno alto. Cuatro pollas. Tú en el centro. Te follamos por turnos y después las cuatro a la vez: boca, coño, culo y las manos. Te dejamos hecha un desastre. ¿Lo quieres?
Bianca sintió un escalofrío nuevo de ganas puras. Se lamió los labios, saboreando todavía el semen de los dos.
—Lo quiero —susurró—. Organízalo. Quiero fechas. Quiero que me atéis las muñecas al techo de la caseta y que me uséis como puta de alquiler toda la tarde. Que me llenéis hasta que me chorree por las piernas cuando camine. Y después que me bajéis otra vez al agua y me folléis flotando, las cuatro pollas turnándose en mis agujeros. Voy a pedir más. Siempre más. Esta noche solo ha sido el principio.
Kofi se rio bajo, chupándole el lóbulo de la oreja.
—La semana que viene entonces. Yo consigo el aceite a granel y las esposas extra. Warrick habla con Dani. Yo con el del puerto. Te vamos a destrozar, Bianca. Te vamos a dejar coja y sonriendo.
Ella se arqueó entre ellos, ofreciendo el culo otra vez, el cuerpo temblando de anticipación.
—Hacedlo —dijo—. Atadme ahora un rato más. Folladme la boca. Abridme otra vez. Y mientras lo hacéis… contadme cómo va a ser. Quiero correrme escuchando el plan.
Warrick le cerró las esposas otra vez a la pata de la mesa baja del salón. Kofi le echó más aceite. La luna seguía alta. La casa flotante se mecía. Bianca abrió la boca y las piernas, ya scheming en su cabeza la próxima orgía, la próxima doble, la próxima cuádruple, el semen de cuatro hombres corriéndole por la cara al amanecer del sábado siguiente. Y sonrió como la puta más feliz del lago.
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